22 ene. 2012 | Por: Nacho

Palomitas

No hay mayor placer tras gastarse ocho eurazos en el cine que comprar unas palomitas para ver durante la proyección. Pero, ¿por qué palomitas y no, por ejemplo, zanahorias? La razón la encontramos en la Historia:

La primera proyección cinematográfica, de los hermanos Lumière (imagen), tuvo lugar en Lyon en 1895. Pronto, la técnica se extendió a Gran Bretaña y, desde allí, a EEUU, hasta que en 1927 nació el cine sonoro y, con él, el doblaje de la mano de Paramount Pictures. Por tanto, la época de esplendor del cine podría situarse en torno a esta década. ¿Y qué sucedía en EEUU por aquel entonces? Que el American way of life comenzaba a venirse abajo después de que los norteamericanos hubieran estado 'viviendo por encima de sus posibilidades', lo que trajo consigo una de las mayores crisis de toda la Historia: la Gran Depresión.

Tal y como estaban las cosas, el cine se convirtió en el único medio de entretenimiento y evasión asequible para los bolsillos de los miles de parados. Y, por avatares del destino, el chicagüense Charles Cretors había inventado a finales del siglo XIX la máquina comercial para fabricar palomitas de maíz, materia prima más que abundante en el continente, gracias a lo cual se pudo comercializar un producto baratísimo, sabroso y, en consecuencia, muy popular (si bien demasiado calórico, lo que ha motivado que el presidente de Sony Pictures propusiera una oferta de snacks sanos, como yogures o copas de frutas) . De esa forma, cuando llegó la hiperinflación, en vez de desaparecer la costumbre de consumir palomitas (que a su vez había sustituido al castizo y engorroso cucurucho de pipas), dado que su precio no había aumentado, sirvió de incentivo para que la gente siguiera yendo a los cines, aunque fuera sólo por llenarse un poco el estómago. Además, al ser un alimento salado, los vendedores tuvieron la gran idea de comenzar a vender también refrescos, obteniendo unos ingresos desmesurados.

Más tarde, en la década de los '50, Jim Vicary comenzó a experimentar con los famosos mensajes publicitarios subliminales en los cines de EEUU, con unos resultados espectaculares: un aumento del 18% del consumo de Coca-Cola y una demanda de palomitas en torno a un 57,5% superior. Aunque pronto esta clase de prácticas fueron tajantemente prohibidas –a pesar de que posteriormente el propio Vicary admitió el montaje–, la costumbre de tomar palomitas durante una película quedó tan arraigada que aún hoy en día es uno de los alimentos más consumidos incluso en proyecciones particulares (películas en casa, partidos de fútbol, etc.).


Por si os interesa, aparte de paloma y palomita (por su forma), este alimento también es conocido en español como momochtli (idioma náuhatl), popcorn (en inglés, maíz que salta)/porcor/poscon, pochoclo (pop + choclo), pururú/pororó (en guaraní, explotar), poporocho/poporopo, pipoca, flor (por su forma), rosa/roseta/rosita (por su forma), rosca/rosquita, cabrita, crispeta/crispete, cotufa (del inglés corn to fry = maíz para freír), canguil, cancha/canchita, cocaleca, ancua, millo, gallito, tostón y pajareta (por su forma).


FUENTES: WIKIPEDIA, MUY INTERESANTE DIGITAL

2 opiniones:

Miguel Ángel, "el Yayo" dijo...

Interesante como siempre. Solo un pequeño apunte, la publicidad subliminal se ha demostrado que no funciona. Es cierto que se hicieron los experimentos que tu comentas, pero los estudios que demostraban sus sorprendentes resultados estaban falseados por los propios publicistas.
Un saludo y nos seguimos leyendo.

Nacho dijo...

¿Cómo que un 'pequeño' apunte? ¡Si me has echado por tierra un párrafo entero! XD Veamos, ciertamente hay mucha controversia a este respecto y estoy de acuerdo con que, en un alto porcentaje de casos, la publicidad subliminal más bien son pareidolias con un poco de paranoia, pero en su día hice un trabajo sobre el tema y pude encontrar un grupo relativamente importante de entendidos que sí creían en su existencia. Supongo que, después de todo, al final depende más bien de a quién se pregunte...

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