11 sept. 2011 | Por: Nacho

Epónimos II

Como ya dije en la primera entrada, los epónimos son palabras cuya etimología deriva de un nombre propio, habitualmente de persona. Creí haber incluido suficientes ejemplos en aquella entrada, pero, al releer un libro didáctico de mi infancia (Dime quién es), quedé convencido de que me dejé muchísimos en el tintero, así que he aquí la segunda entrega de la saga Epónimos:

Bloody Mary: Enrique VIII, rey de Inglaterra e Irlanda, contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero, caprichoso él, tras 22 años casados, decidió tomar una esposa más joven, mas, al no recibir del Papa la anulación, se problamó líder de la llamada Iglesia anglicana, de modo que se autoautorizó a divorciarse para casarse con Ana Bolena, a la que hizo decapitar a los tres años, y así hasta un total de seis esposas. De este personaje y Catalina fue hija María (Tudor) I de Inglaterra (imagen), que, con intención de restaurar el catolicismo, reprimió duramente el protestantismo, lo que le valió el sobrenombre de María la Sangrienta (Bloody Mary), actual nombre de un famoso cóctel. Sin embargo, como dato adicional, debéis saber que dicha restauración fue revertida por su hermana Isabel I y la antes mencionada Ana Bolena.

Turrón: En la sitiada Barcelona de 1714, el hambre amenazaba con arrasar la población y las autoridades decidieron convocar un concurso para premiar a quien descubriera un alimento no perecedero que se conservase inalterable e ingerible con el paso del tiempo. El vencedor fue un confitero catalán llamado Turrons, que creó una masa de miel y almendras cubierta de obleas a la que se le acabó dando su nombre.

Cursi: Ésta va por el señor Miguel Ángel, "el Yayo". Según mi librito, en la sociedad gaditana de mediados del siglo XIX existían dos repipis señoritas ricas y huérfanas apellidadas Curt y Tessi que, por sus perifollos y extravagancias, se convirtieron en el blanco de las coplas y chuflas populares. La unión de sus apellidos quedaría, así, como sinónimo de cualquier persona o cosa pretendidamente fina y elegante que causa más ridículo que otra cosa. No obstante, no es descartable la versión que atribuye el origen de la palabra a una adinerada familia gaditana de apellido Sicur.

Cotilla: María de la Trinidad, llamada Tía Cotilla por su atuendo, fue la líder de una sanguinaria y fanática pandilla madrileña del siglo XIX que cometió crímenes atroces contra conocidos liberales. Condenada numerosas veces a las galeras, murió en el cadalso y dejó su sobrenombre como calificativo de aquéllas (y aquéllos) que se dedican a murmurar y meterse donde no los llaman, sembrando el recelo y la discordia.

Tiovivo: Mi cuasi tocayo Esteban Fernández (según algunos, Esteban Méndez) era un feriante madrileño conocido por su popular carrusel. Enfermo de cólera, sus amigos le dieron por muerto y, mientras le llevaban al cementerio, el Tío Esteban se levantó gritando "¡Estoy vivo!", pasando a ser el Tío Vivo, nombre que quedaría para designar a los caballitos. No obstante, esta teoría, aunque curiosa, no parece plausible, dado que la palabra tiovivo también era usada en Latinoamérica por aquel entonces.

Estraperlo: A comienzos del siglo pasado, unos empresarios holandeses de juegos de azar (según unas versiones, Strauss, Perel y Lowann; según otras, Strauss y Perlowitz) trataron de introducir en España una fraudulenta ruleta con afán de lucrarse. Tras la negativa de la Generalitat catalana, decidieron sobornar a algunos altos cargos de Madrid y consiguieron establecerse en San Sebastián y Formentor. La ruleta, conectada a un botón que hacía ganar a la banca cuando quisiera, fue prohibida por la policía y Strauss demandó al Gobierno, generando una gran controversia pública en la que importantes personalidades quedaron al descubierto. Hoy en día, el nombre de dicha ruleta designa a todo negocio sucio y, concretamente, al mercado negro.

Vespasiano: La gran anécdota del emperador Tito Flavio Vespasiano es de sobra conocida, pero, por si acaso, la reproduciré para vosotros: en su afán por reorganizar las finanzas, Vespasiano creó un impuesto para gravar el uso de urinarios públicos. Cuentan que su hijo Tito, indignado por el desagradable origen del dinero recaudado, fue a quejarse a su padre, quien le mostró una moneda y le dijo "Non olet" ("No huele"), ejemplificando el valor intrínseco del dinero sea cual sea su origen. Aunque en España es una palabra prácticamente desaparecida, los urinarios públicos de Francia, Italia y Rumanía aún reciben su nombre de este emperador.

Pírrico: Otro famoso rey fue Pirro II el Águila, soberano de Epiro y megalómano ejemplar. Deseando ser emperador, el rey acudió a la llamada de las ciudades griegas de Italia para protegerlas de los romanos y salió victorioso de la contienda, aunque con enormes pérdidas. En respuesta, Roma envió otro contingente que también fue vencido, aunque Pirro hubo de admitir "Otra victoria como ésta y estamos perdidos" dados los numerosos efectivos sacrificados por su parte. En consecuencia, hubo de retirarse, quedando su nombre como sinónimo de una victoria sangrienta y apenas provechosa para el vencedor.

Salomónico: Hijo del célebre rey David, Solomón fue monarca de Israel durante el siglo X a.C. Como muchos saben, su fama se debe especialmente a un episodio concreto de su vida, en el cual se le planteó una dura decisión: un día, dos mujeres que cohabitaban una casa y habían dado a luz con una diferencia de tres días, se presentaron ante el rey alegando ser madres de un mismo retoño. Al parecer, uno de los dos niños había muerto y su madre pretendía quedarse con el otro. Ante esta situación, Salomón ordenó cortar al niño en dos para repartirlo, pero la auténtica madre se puso en evidencia al preferir entregar a su hijo vivo y entero, con lo que el sabio monarca le concedió todos los derechos sobre él. Desde entonces, se tilda de salomónicas a las decisiones tomadas con gran sabiduría y tino.

Draconiano: En tiempos de la República ateniense, las leyes eran constantemente violadas, pues no existía un cuerpo jurídico escrito. Antes las continuas disputas, los jueces habían de decidir a su arbitrio, por lo que los gobernadores de Atenas encargaron al filósofo Dracón la redacción de unas leyes ecuánimes con severas penas que serían grabadas en los muros de la ciudad. Por ese motivo, hoy en día toda medida desmesurada es llamada draconiana.


FUENTE: MONLAÜ, S. y G. Dime quién es. Barcelona, 1971

FUENTES COMPLEMENTARIAS: WIKIPEDIA (ES, EN)

1 opiniones:

Miguel Ángel, "el Yayo" dijo...

interesante entrada, algunas las conocía y otra no, y alguna de ellas sorprendente, como la de tío vivo. Y la de cursi también es perfectamente plausible.
Un saludo y no seguimos leyendo.

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