30 ago 2011 | Por: Nacho

Desatinos de la RAE

Mucho se ha hablado últimamente de las incoherencias que ha admitido la RAE en su diccionario de uso. La aparición de vulgarismos como almóndiga, asín, toballa (toalla), moniato (boniato), abundoso (abundante), higuana, biscocho, dotor o madalena probablemente irrite a muchos (a mí el primero), pero lo que no todos saben es que estos aparentes asesinatos lingüísticos son, en algunos casos, más correctos de lo que parecen:

En primer lugar, os sorprenderá descubrir que las palabras correctas son murciégalo y crocodilo, no murciélago y cocodrilo, pues la primera viene de murciego (del latín murcaecus, es decir, ratón ciego) y la segunda, de crocodilus, raíz que aún se observa en otros idiomas, como en inglés o francés (en ambas, crocodile). Otras palabras que han sufrido con el tiempo este proceso histórico de metátesis (transposición de letras) son las actuales muladar, milagro y peligro, por ejemplo, antaño muradal (de muro), miraglo (de miraculus) y periglo (de periculus), raíz todavía hallable en el término formal inglés: peril.

No así ocurre con las palabras mencionadas al comienzo de la entrada –entre las que muchos colocarían mondarina y cocreta, a pesar de que la RAE las censure en su DPD–, ya que esas palabras han quedado cristalizadas por el uso y fueron formadas mediante otros procesos, normalmente por etimología popular, esto es, (con)fusión de dos términos fonéticamente similares y semánticamente interrelacionados: mondarina (mondar + mandarina), andalias (quizá también por la similitud fonética entre las sandalias y las andalias), vagamundo, sabihondo, desatornillador... No obstante, esta relación semántica no siempre está tan clara, como sucede con los vulgarismos hilación (hilar + ilación) e interperie (inter– + intemperie).

Por supuesto, no todo podían ser alegatos en defensa de la RAE; sin ir más lejos, una de las cosas que más molesta a un forofo de la lengua y anglófilo como yo son las absurdas castellanizaciones de extranjerismos, pues, si bien no estoy en contra de adopciones más o menos necesarias y coherentes como fútbol o chófer, ¿quién en su sano juicio escribiría jonrón (home run), cederrón (CD-ROM), bluyín (blue jeans), filin (feeling), rocanrol, güisqui, quivi, pirsin o estriptis? La respuesta es los Inmortales, cómo no, y os aseguro que estoy en ascuas por saber cuál será la siguiente de nuestros queridos amigos...


FUENTE COMPLEMENTARIA: CÁPSULAS DE LENGUA
15 jul 2011 | Por: Nacho

Onomatopeyas animales

Como todos sabemos, las onomatopeyas son palabras que tratan de reproducir sonidos diversos, incluidos los emitidos por los animales. Sin embargo, lo que no tantos saben es que estas palabras varían de un idioma a otro, por lo que he recogido algunas de estas voces para esta entrada (podéis encontrar más aquí), así como sus nombres específicos:

Abeja, avispa, mosca, mosquito (zumbar-zumbido): Bzzz (español, francés y húngaro), buzz (inglés), zzzzz (italiano), summ (alemán), boon (japonés), zoem (Sudáfrica).

Águila (chillar-chillido).

Asno, burro (ornear, rebuznar-rebuzno, roznar-roznido): Ih-oh (español e italiano), arrantza (euskera), hee-haw (inglés), hihan (francés), iaah (alemán), iá (húngaro y ruso).

Becerro (berrear-berrido).

Ballena (cantar-canto).

Buey (mugir-mugido): Ver VACA.

Búho, lechuza, mochuelo (ulular-ululato): Uh-uh (español), hoot-hoot (inglés), oehoe (holandés), hook-hook (tailandés).

Caballo, yegua (bufar-bufido, relinchar-relincho): Iiiih (español e italiano), irrintzi (euskera), wehee (inglés), hiiii (francés), wihiie (alemán), hiiin (japonés), nyihaha (húngaro), iii-go-go (ruso).

Cabra, carnero (balar-balido): Beee (español), naaa (inglés), bê (francés), mäh (alemán), meee (japonés), mek (húngaro).

Cabrito (chozpar).

Cerdo (chillar-chillido, gruñir-gruñido, guarrear-guarrido): Uiiic (español), oink (español, inglés y Brasil), ñoinc (murciano), groing (cántabro), tru (Puerto Rico), gmy (catalán), kurrin (euskera), soch (galés), groin (francés), grunz (alemán), hulu (chino), buu (japonés), nöff (sueco), röf (húngaro), khru (ruso), roh (finés).

Ciervo (balar-balido, berrear-berrido, bramar-bramido, roncar-ronquido).

Cigarra, saltamontes (chirriar-chirrido).

Cigüeña (crotorar).

Cisne, ganso, oca (graznar-graznido): Ver PATO.

Cocodrilo (llorar-lloro).

Conejo, liebre (chillar-chillido, zapatear-zapateo).

Cordero (balar-balido, chozpar).

Coyote, chacal (aullar-aullido): Auuu (español), owooo (inglés), ooouh (francés), huuuh (alemán).

Cuco: Cucú (español), cuckoo (inglés), coucou (francés), kuckuck (alemán), kakko (japonés), kakukk (húngaro).

Cuervo, grajo, urraca (croajar, crocitar, crascitar, graznar-graznido, grajear, urajear, voznar): Ah-ah (español), karr (ruso).

Delfín (chasquear-chasquido).

Elefante, rinoceronte (barritar-barrito).

Gallina (cacarear-cacareo, clocar, cloquear-cloqueo): Clococló/Cocorocó (español), cloc-cloc (catalán), cluck-cluck (inglés), bock ba-bock (EEUU), cotcotcodet (francés), coccodé (italiano), tock-tock (alemán), ku-ku (japonés), kot-kot (húngaro), kut-kudaj (ruso). En Hungría, existe la onomatopeya kotkodács para el ruido hecho por una gallina que acaba de poner un huevo.

Gallo (cantar-canto, cacarear-cacareo): Quiquiriquí (español y catalán), cocorococ/quequerequec (catalán), kukurruku (euskera), cock-a-doodle-do (inglés), go-go-go-go-go (galés), cocorico (francés y Brasil), cocorococo/cucurucu (portugués), cicchirichí (italiano), kikeriki (alemán y griego), kykyllky (danés), kukeleku (holandés), cucurigo (rumano), kuckeliku (sueco), kikerikii (estonio), gou-gou (chino), gok-gok-gok-gok (cantonés), kkokkiyo/kkokkodek (coreano), kokekokkoo (japonés), kukuriku/kúkuriguun (húngaro), kukareku (ruso), kukkoklekuu (finés), ake-e-ake-ake (tailandés), kuk-kurri-kuuu (turco), kukiooku (urdu), coo-koo-ri-co (hebreo), kukuaruku (hindi), kukručku (marati), koekelekoe (afrikáans), kokrokoo (akan), konkoliirikoo (dagaare), kokolikó (lingala).

Gamo (balar-balido, gamitar, roncar-ronquido).

Gato (bufar-bufido, marramizar, maullar-maullido, mayar-mayido, ronronear-ronroneo): (Marra)miau (español, euskera, italiano, alemán, ruso y Brasil), (marra)mèu (catalán), mew/miaow (inglés), meow (EEUU), miaou (francés), niaou (griego), miao (italiano y chino), iaaa/nya-ong (coreano), nyaa (japonés), ñav (ucraniano), mjá (islandés). Para el ronroneo, algunos españoles usan purrr, mientras que en Japón se dice goro-goro.

Gaviota (graznar-graznido).

Gorila (gruñir-gruñido).

Gorrión (gorjear-gorjeo).

Golondrina (trisar).

Grillo (cantar-canto, chirriar-chirrido, grillar): Cricrí (español e italiano), cric (catalán), chirp (inglés).

Grulla (gruir).

Halcón (gañir-gañido).

Hiena (aullar-aullido, reír-risa).

Jabalí (arruar, rebudiar, gruñir-gruñido, guarrear-guarrido).

Jirafa (único mamífero que no emite ningún sonido con las cuerdas vocales al carecer de éstas).

León, tigre (rugir-rugido): Groar/Grrr (español), rawr (inglés).

Leopardo, onza, pantera, puma (himpar, himplar).

Lobo (aullar-aullido, guarrear-guarrido, otilar, ulular-ululato): Ver COYOTE.

Loro (carretear, parlar).

Mono (chillar-chillido): Uh-uh-ah-ah.

Oso (gruñir-gruñido).

Oveja (balar-balido, balitar, balitear): Beee (español, euskera, italiano, húngaro y ruso), bé (catalán), baaa (inglés), bê (francés), bäh (alemán), meeh (japonés).

Pájaro (cantar-canto, gorgoritar-gorgorito, gorjear-gorjeo, piar-piada, piolar, pipiar, trinar-trino, trisar): Pío (español e italiano), piu (catalán), txio (euskera), cui/pit (francés), cip (italiano), piep (alemán), jek (coreano), pee/piyo (japonés), csip (húngaro), chik-chirik (ruso). En los países anglófonos, se diferencia entre el gorjeo de un pajarito (cheep/chirp), el trino de uno mayor (tweet) y el graznido de uno aún más grande (squawk).

Paloma, tórtola (arrullar-arrullo, cantalear, gorjear-gorjeo, zurear): Parrup (catalán).

Pato (graznar-graznido, parpar-parpeo, titar): Cuac/Cuá (español), oc (catalán), quack (inglés y alemán), coin/kwak (francés), qua (italiano), ga (japonés y ruso), háp/gá (húngaro), krya (ruso).

Pavo (gluglutear, titar): Gluglú (español, italiano y Brasil), glouglou (francés).

Perdiz (ajear-ajeo, cuchichiar, titear-titeo, serrar).

Perro (aullar-aullido, gañir-gañido, gruñir-gruñido, ladrar-ladrido, latir-latido): Guau (español), bub (catalán), arf/bow-wow/ruff/woof (inglés), ouah (francés), wouf (Québec), au (portugués), bau (italiano), wau (alemán), waf/warf (holandés), mong (coreano), kian/wan (japonés), vau (húngaro), gav (ruso), hav (turco), guk (indonesio), ham (albanés), jav (ucraniano). En euskera, aunque la onomatopeya más común para el perro es zaunk, también existen au y, para perros pequeños, txau.

Pollo (piar-piada, piolar, pipiar, piular): Pi (español). Ver PÁJARO.

Rana, sapo (cantar-canto, charlear, croar, groar): Croac (español y Brasil), berp (Argentina),  croak/ribbit (inglés), croa (francés), cra (italiano), quaak (alemán), waka (rumano), gae-gool (coreano), kero (japonés), brekeke (húngaro), kva (ruso).

Roedor (chillar-chillido): Hiiic (español), quit (italiano), chu (japonés).

Serpiente (silbar-silbido, sisear-siseo): Sssh.

Toro (aturnear, bramar-bramido, bufar-bufido, mugir-mugido).

Vaca (bramar-bramido, mugir-mugido, remudiar): Muuu (español, catalán, italiano, húngaro, ruso y Brasil), moo' (inglés), meuh (francés), muh (alemán), mao/moo (japonés).

Zorro (aullar-aullido, gritar-grito).



FUENTES COMPLEMENTARIAS: IBARRETXE ANTUÑANO, I. Onomatopeyas del euskara: Análisis y ejemplos. Euskadi, 2009; AIRES GALEGOS, CAMBALACHE 3,14
3 jul 2011 | Por: Nacho

Números

Hace tiempo, mi chico me comentó una curiosidad relacionada con los números arábigos y recientemente un e-mail me la recordó. ¿Conocéis la teoría de los números y los ángulos? Si no es así, prestad atención a esta entrada:

Como todos sabemos, a lo largo de la Historia han existido diversas formas de contabilización. En concreto, la numeración romana fue especialmente significativa y, de hecho, aún es utilizada, ya que la genialidad de los antiguos romanos les permitió idear un sistema relativamente simple para numerar usando sólo siete letras: I = 1; V = 5; X = 10; L = 50; C = 100; D = 500; M = 1000. De hecho, aunque no muchos lo saben, los romanos también desarrollaron un sistema para expresar fraccionales mediante la combinación de puntos y la letra S, equivalente a ½.

Sin embargo, la numeración arábiga terminó imponiéndose con el tiempo y es la que aún se conserva en todo el mundo civilizado. A este respecto, existe la mencionada teoría de que la grafía de los guarismos árabes está relacionada con la cantidad de ángulos de cada número; así, el cero sería un círculo al tener cero ángulos, mientras que el uno tendría su forma por presentar un ángulo, y así sucesivamente hasta el nueve. Como una imagen vale más que mil palabras, la siguiente muestra a la perfección lo que trato de explicar:


No obstante, tal como indica Manuel M. Almeida en su blog, esta teoría no es más que un bulo (u hoax, para los anglófilos), dado que es evidente que no todas las grafías de la imagen son realmente verosímiles (basta con observar los tres últimos números). Sin ir más lejos, basta con mirar la evolución de los números arábigos para percatarse de lo ridículo de esta teoría:


A estos irrefutables argumentos añado uno de mi propia cosecha que parece ser que muchos han pasado por alto: el cero actual es de origen indio – a imitación del cero helenístico del sistema ático o acrofónico de numeración griega, probablemente adaptado de la babilónica –, no arábigo, por lo que es bastante más antiguo que el resto de guarismos que usamos en la actualidad. En consecuencia, no tendría por qué respetar la norma de los ángulos, con lo que debemos desechar sin lugar a dudas la teoría, a pesar de que sigue resultando bastante curiosa. De igual modo, la hipótesis de que el cero primigenio procedía de la letra inicial de la palabra griega ουδεν (nada) es falsa, puesto que el primer cero redondo tenía encima una barra cuyos extremos tenían formas variables. Y es que hoy en día abundan mitos como éstos, pero tenemos la suerte de contar con entendidos que nos muestran la luz de vez en cuando... y de blogueros que difunden sus enseñanzas.

¡Gracias, Miguel!

FUENTES COMPLEMENTARIAS: MANGAS VERDES, WIKIPEDIA
23 jun 2011 | Por: Nacho

Juan

Hoy es la famosa Noche de San Juan en toda España, cuando se organizan fiestas en la playa para beber y saltar sobre hogueras en honor al solsticio de verano. Y, a pesar de que existen discrepancias en torno a la fecha exacta de esta festividad, no se duda que el festejado es siempre el mismo: toda persona llamada Juan, cuyo santo se celebra también en este día. Sin embargo, no nos hacemos a la idea de cuántos nombres proceden de éste tan simple, por lo que he aquí una lista que recoge algunos de ellos con sus posibles variaciones:

Para ellos, tenemos Juan, Juanito, Chuan, Giuan, Xuan, Xoan, Ioan(n), Huan, Hua, Juo, Juho, Juons, Joan, Jaan, Janno, Janne, Jani, Janis, Jonas, Juha, Juhan, Juhani, Jukk, Gioann, Yoan, Joane(s), Jean, Jehan, Jon, Yon, Ion, Gjon, John, Jhon, Jonathan, Johanan, Johan(n), Johano, Ioane, Johannes, Hovhannes, Johnny, Jack, Iván, Evan, Jovan, Jogvan, Ivano, Ivanko, Ifan, Ian, Iain, Jan, Xan, Hans, Hannu, Hannes, Janos, Janez, Jovan, Ioannes, Ioannis, Gianni(s), Gwanni, Giuanni, Giuvanni, Giovanni, Honza, Manez, Ganix, Eoghan, Eoin, Ieuan, Ewan, Shawn, Shaun, Shane, Sean, Seaghan, Sione, Sion, Gjin, Yuhanon, Yoohanon, Yanka, Yanek, Yas, Yann, Anze(j), Arul, Ivo, Ive, Jens, Yahya, Ionut, Ionel e Ionica, entre otros.

Para ellas, están Juana, Juanita, Jonn, Johanna, Joanna, Jana, Hanna, Jane, Janet, Jeanne, Jehane, Jeannette, Janice, Janina, Jennifer, Jenny, Jennie, Jennika, Ivana, Ivanka, Ivona, Ioan(n)a, Joana, Gianna, Giovanna, Yoan(n)a, Yoanka y Yanina, así como algunos de la lista anterior, como Jean o Joan.


FUENTE: WIKIPEDIA (EN)
9 jun 2011 | Por: Nacho

Tener más cuento que Calleja

Aunque esta expresión ya esté algo anticuada, aún puede oírse de boca de nuestros padres y abuelos. Yo tampoco sabía de dónde venía... hasta hoy. En vista del descubrimiento, os ofrezco la explicación una vez más:

Saturnino Calleja Fdez. fue un editor, escritor y pedagogo de comienzos del siglo XX que transformó la librería de su padre en la popular Editorial Calleja de libros de texto infantiles y cuentos inimaginablemente económicos (entre 5 y 10 céntimos). También fue inventor del famoso colofón "...y fueron felices y comieron perdices, y a mí no me dieron porque no quisieron", por lo que no es de extrañar que la expresión que da título a esta entrada quedara tan arraigada en el habla hispana para indicar que alguien inventa o exagera.

¡Gracias, Juanan!

FUENTE: WIKIPEDIA
16 may 2011 | Por: Nacho

Criptozoología

Todos sabemos que los animales se clasifican en función de sus características en distintas especies, géneros, familias y otras categorías (vertebrados, anfibios, coleópteros, vivíparos...). No obstante, existe una especialidad de la zoología dedicada en exclusiva a la investigación de criaturas sobrenaturales, folclóricas o presuntamente extintas: la criptozoología.

Esta disciplina, habitualmente considerada pseudocientífica, es muy minoritaria, por lo que la comunidad científica apenas la toma en consideración, a pesar de que en contadísimas ocasiones hagan hallazgos realmente relevantes. Después de todo, ¿quién podría imaginar un mamífero ovíparo semiacuático venenoso con pico de pato, cola de castor y patas de nutria? Y, sin embargo, ahí tenemos a nuestro querido ornitorrinco. Otros ejemplos serían la recientemente descubierta Turritopsis nutricula (una variedad de medusa, retratada en la imagen, que contraviene las leyes de la Biología por su inmortalidad), el okapi, el tapir andino, el hiloquero o la onza.

Además, los críptidos estudiados por la criptozoología han de cumplir ciertas características, de tal forma que muchos seres mitológicos (incluidos los religiosos) o, en general, forteanos (relativos a otras disciplinas científicas) quedan para su estudio por otros especialistas, como los parapsicólogos o los ufólogos. Quizás sea precisamente culpa de estos supuestos expertos y de los numerosos fraudes el desdén generalizado hacia esta disciplina.

Generalmente, los críptidos son seres aparentemente imposibles o con cualidades sobrenaturales (invisibles, atmosféricos, espirituales, feéricos, gigantes, antropoides, reptiloides, leviatanes, dragones, saurios...). También es habitual que estos seres estén asociados a fenómenos paranormales o extraños (por ejemplo, los globsters o cadáveres no identificados) o a campos insuficientemente investigados, como el mundo submarino. El bestiario criptozoológico incluye árboles carnívoros, fósiles vivientes y seres como el calamar gigante, el chupacabras, Nessie (monstruo del lago Ness), Big Foot (sasquatch), el Yeti o el Kraken, aunque, según algunos, también podrían añadirse seres mitológicos, como Cerbero, Pegaso, Fénix, Roc, Jabberwocky (imagen), Uróboros, la Parca, la hidra, el basilisco, la salamandra, el cuélebre, el catoblepas, el centauro, el minotauro, el unicornio, el kelpie, el hipocampo, el grifo y el hipogrifo, el sleipnir, la esfinge, la quimera, la lamia, el gamusino, las harpías, las gorgonas, las Furias, las sirenas y tritones, los cíclopes, los licántropos, los vampiros, los liches y zombies, las gárgolas, las hadas y banshees, los pixies y trasgos, los boggarts, las gnomos, los duendes y leprechauns, las ninfas y veelas, las sílfides, los sátiros, los elfos y drows, los kitsunes, los gigantes y titanes, las gólems, los tótems, los ogros y troles, los orcos, los goblins,  los gremlins, los hobbits, los enanos, los doppelgänger, los homúnculos...

La lista podría ser inimaginablemente larga y heterogénea, como podéis ver, pero se observa que muchos de estos seres poseen características comunes de las ya citadas; por ejemplo, en muchos casos de trata de divinidades, pudiéndose añadir por tanto otros seres celestiales, como las valquirias o los ángeles (e incluso los mismos dioses, en algunos casos), y demoníacos. También aparecen varios seres folclóricos, pero sin embargo nadie investigaría sobre el Coco o Boogeyman (Hombre del Saco), el Conejo de Pascua, el Ratoncito Pérez (o el Hada de los Dientes) o Santa Claus (imagen) y sus renos. En consecuencia, se observa lo difícil que es delimitar el objeto de estudio, también debido a la influencia de las artes, pues monstruos como King Kong, Godzilla o el mal llamado Frankenstein no son más que creaciones artísticas del cine y la literatura.

Para finalizar, me gustaría señalar algo que quizá habréis notado, y es que muchos de los seres mencionados son híbridos de otros seres o animales: centauro = hombre + caballo, sirena = mujer + pez, etc. Este fenómeno, tan habitual en el folclore, es muy llamativo, dado que antiguamente no era de extrañar el uso de expresiones similares para describir a animales nunca antes vistos. Sin ir más lejos, la jirafa fue inicialmente llamada camellopardo por su parecido a un cruce entre camello y leopardo; de hecho, el mismo leopardo posee ese nombre porque se creía que era mitad león y mitad pantera (en latín, pardus). No obstante, no hace falta remontarse a épocas muy remotas, pues hasta el siglo pasado la existencia de un animal semejante a un cruce entre cebra y jirafa (el antes mencionado okapi, visible en la imagen) se creía una leyenda popular.


FUENTE: WIKIPEDIA
15 may 2011 | Por: Nacho

Inmortales

Quizá me hayáis leído usando esta palabra y os preguntéis a qué me refiero con ella. Lejos de ser alguna clase de broma personal – que las tengo –, este sobrenombre se aplica a una determinada élite (o elite). ¿Adivináis a cuál?

Para los que no, sabed que el apodo de Inmortales se refiere a los académicos de número o miembros de mi querida RAE, cada uno de los cuales ocupa un sillón y tiene asignada una letra, mayúscula o minúscula, del alfabeto. La razón de este apelativo se debe, en parte, a la influencia gala, pues en Francia se usa el mismo nombre para designar a los académicos de la Lengua; sin embargo, el verdadero motivo de que la expresión francesa se haya adoptado en España es que cada académico que toma posesión de su cargo es esculpido en un busto, que se añade a la colección visible en los jardines de la institución. De ese modo, quedan inmortalizados para la posterioridad.


FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA
13 may 2011 | Por: Nacho

Epónimos

Terminados los exámenes, puedo volver a este blog con la inspiración que me dio mi última lectura grijelmiana: Defensa apasionada del idioma español. Y hoy os traigo un curioso término lingüístico que seguramente muchos habréis estudiado:

Los epónimos son sustantivos propios, generalmente de personas, que se usan para designar un lugar, época, descubrimiento, invento, enfermerdad, etc. En el campo médico – y en las ciencias en general –, son especialmente comunes (daltonismo, complejo de Edipo, síndrome de Down, trompas de Falopio...), pero han influido en muchos otros campos: botánica (begonia, magnolia...), unidades de medición (amperio, vatio, voltio...), elementos químicos (einstenio, mendelevio, nobelio...), etc. También es común la creación de epónimos para denominar movimientos o actitudes propios de determinados personajes históricos, legendarios o incluso ficticios: barrabasada (Barrabás, personaje bíblico), cantinflada (Cantinflas), casanova (J. J. Casanova de Seingalt), celestina (Celestina, personaje de F. de Rojas), charlotada (Charlot, personaje de C. Chaplin), chovinismo (N. Chauvin), cristianismo (Jesucristo), donjuán (D. Juan Tenorio, personaje de J. Zorrilla), fígaro (Fígaro, personaje de P. A. de Beaumarchais), fordismo (H. Ford), lazarillo (Lazarillo de Tormes, personaje de la obra homónima), lázaro (Lázaro, personaje bíblico), ludismo (N. Ludd) maquiavélico (N. Maquiavelo), marxismo (K. Marx), masoquismo (L. von Sacher-Masoch), mecenas (C. C. Mecenas), onanismo (Onán, personaje bíblico), perillán (Per Illán), platónico (Platón), polichinela (P. Cinelli), quijotesco (D. Quijote, personaje de M. de Cervantes), sadismo (marqués de Sade), supermán (Superman, personaje de J. Siegel), trotaconventos (Trotaconventos, personaje de J. Ruiz)...

De igual modo, son varias las localizaciones geográficas cuyos nombres proceden de personajes relevantes, como Alejandría, América, Arabia Saudí, Atenas, Bermudas, Bolivia, Colombia, Europa, Everest, Filipinas, Gibraltar, Israel, Liechtenstein, Patagonia, R. Dominicana, Rodesia, Roma, Washington... De hecho, ampliando el concepto de epónimo, algunas personas incluyen también muchos términos que han adoptado su nombre de gentilicios por metonimia: americana, bayoneta, canario, chilena, cubana, daiquiri, francés, griego, habano, hamburguesa, macedonia, mahonesa, milanesa, napolitana, nórdico, noruego, pequinés, pergamino, persiana, polaca, sevillana, suizo, tejanos, turquesa...

Por mencionar algunos, otros epónimos famosos son los que siguen: algoritmo/guarismo (al-Jwarizmi, matemático), bártulo (Bártolo, reputado jurisconsulto italiano) besamel (duque L. de Béchameil, a cuyo cocinero se atribuye equívocamente la invención de la salsa), braille (L. Braille), daguerrotipia (L. J. M. Daguerre), diésel (R. Diesel), esperanto (L. L. Zamenhorf, Doktoro Esperanto), galvanizar (L. Galvani, cuyos trabajos sirvieron para descubrir la técnica), leotardo (J. Léotard, acróbata que lo popularizó), luis (Luis XIV, durante cuyo reinado se comenzó a acuñar esta moneda), mansarda (F. Mansart, arquitecto que puso de moda las buhardillas), moisés (Moisés, profeta judío que fue lanzado al río de pequeño en una de estas cunas para salvarse), morse (S. F. B. Morse), nachos (I. Anaya), nicotina (J. Nicot, embajador que introdujo el tabaco en la Corte francesa), pasteurización (L. Pasteur), pantalón (no, no es que vaya de la panza al talón, sino que viene de Pantaleón, personaje teatral veneciano), quevedos (F. de Quevedo, escritor que los popularizó), rastafari (rey H. Selassie I, ras Tafari), ros (A. Ros de Olano), sándwich (J. Montagu, conde de Sandwich, jugador empedernido que creó estos bocados para no tener que abandonar las partidas), saxofón (A. J. Sax), silueta (E. de Silhouette, ministro de Hacienda aficionado a los recortes de papel que impuso duros impuestos a los ricos, por lo que su nombre quedó como sinónimo de lo barato y de la barata práctica prefotográfica de recortar siluetas), simón (S. González, primer alquilador de coches de Madrid), uzi (Uziel Gal), zepelín (conde F. von Zeppelin, fundador de la empresa Zeppelin)... En todos estos casos, salvo aquéllos en los que se indica lo contrario, el epónimo se debe al presunto inventor, pero no debemos olvidar otros casos; por ejemplo, los días y meses, así como algunas marcas comerciales (vulgarizadas o no) también son epónimos.

Para finalizar, me gustaría comentar cuatro epónimos especialmente destacables:

Boicot: El capitán Charles C. Boycott fue un administrador irlandés de finales del siglo XIX que se dedicó a guardar las tierras de un terrateniente absentista y se negó a la rebaja de los arrendamientos propuesta por la Irish Land League para redistribuir las fincas y mejorar la situación de los granjeros en alquiler. La alternativa no violenta para obligarle a ceder fue, precisamente, lo que hoy se conoce como boicot, una forma de ostracismo consistente en suspender todo tipo de trato con el individuo en cuestión (como dirían algunos, hacer el vacío). De ese modo, los jornaleros dejaron de trabajar en su casa, los comercios le negaron la venta de comidas y hasta el cartero dejó de entregarle el correo, por lo que hubo de importar trabajadores, comida y varios escoltas (por si acaso), lo que resultó en un encarecimiento brutal del coste de la cosecha.

Linchar: Charles Lynch, plantador cuáquero de Virginia (EEUU), fue un revolucionario coronel que constituyó durante la Guerra de la Independencia Estadounidense un irregular tribunal popular que ejecutó sin proceso a unos aliados de los británicos sospechosos de haber encabezado una sublevación. Cuando la Justicia ordinaria los absolvió, Lynch ordenó su ejecución y los detenidos fueron llevados por una multitud a un árbol para colgarles sumariamente, procedimiento que se repitió con todos los soldados británicos y posibles aliados de los ingleses que pudo encontrar el juez. Sorprendentemente, ello sucedió mientras se elaboraba la famosa Declaración de Derechos de Virginia, y, a pesar de las quejas por la total falta de garantías procesales de la Ley de Lynch, la Corte Suprema norteamericana avaló este procedimiento.

Molotov: Aunque ya existían antes de la famosa Guerra de Invierno, los cócteles molotov tomaron su nombre del soviético Viacheslav Mólotov, comisario del pueblo para los asuntos exteriores, quien tuvo la osadía de transmitir por radio a la población finesa durante el conflicto que el ejército ruso no estaba lanzando bombas, sino alimentos. Por ese motivo, los finlandeses comenzaron a denominar a estas bombas "canastas de comida Molotov" de modo sarcástico y su ejército declaró que «si Molotov ponía la comida, ellos pondrían los cócteles».

Guillotina: Al contrario de lo que pudiera parecer, la invención de la guillotina respondió a causas mayoritariamente humanitarias, dado que los métodos de ejecución legales solían ser un espectáculo público muy aceptado en el que la tortura sistemática y agónica del reo cumplían la función de atraer la atención de los espectadores. Las técnicas más usadas incluían la rueda, la flagelación, el desmembramiento, el ahorcamiento (incluida la combinación inglesa "hanged, drawn and quartered" o "colgado, arrastrado y descuartizado") y, para miembros de la nobleza, la decapitación con espada o hacha. El médico y diputado francés Joseph Ignace Guillotin (primera imagen) usó su cargo público para proponer este instrumento en aras de la igualdad, aunque en realidad su intención era evitar el sufrimiento innecesario (de hecho, incluso votó a favor de la privacidad del ajusticiamiento). El ingenio, rediseñado por el Dr. Antoine Louis (segunda imagen), fue bautizado por el político Jean-Paul Marat como louison o louisette, pero finalmente adoptó el nombre de su promotor, cuyos familiares se hubieron de cambiar el apellido para evitar la asociación. La recurrente leyenda urbana sobre el guillotinamiento del diputado es, no obstante, falsa, pero podría encontrar su explicación en la ejecución de otro Dr. Guillotin, de Lyon, que sí fue ajusticiado de este modo, o en el hecho de que Guillotin fuera atrapado y casi guillotinado durante el Terror francés por convocar la reunión del Juego de la Pelota.


19 mar 2011 | Por: Nacho

Motor/Motriz

El otro día leí en cierto periódico (no recuerdo cuál) una interesante recomendación desde el Vademécum de la Fundéu BBVA, mucho más recomendable y fiel que el DRAE. ¿Alguien sabe usar correctamente la palabra motriz como sufijo? Yo ahora sí y vosotros también pronto:

A pesar de que se oigan y lean expresiones del tipo desarrollo psicomotriz, es incorrecto el uso de motriz para adjetivos masculinos. Las formas femeninas de motor se realizan de dos modos típicos en castellano, a saber: añadiendo una –a final (motora) o sustituyendo –tor por –triz (motriz). Por ende, lo correcto sería decir desarrollo psicomotor, pero fuerza motora o actividad motriz.


FUENTE: VADEMÉCUM
19 feb 2011 | Por: Nacho

Días y meses

El tiempo puede medirse en conglomerados más o menos grandes. Generalmente, salvando unidades mínimas como los nanosegundos, las personas usan segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años y algunas unidades superiores (bienio, trienio, lustro, década o decenio, siglo o centuria, milenio, cron...), así como otras intermedias, como trimestre. Especial interés tienen los días y los meses, dados sus nombres; de eso os vengo a hablar hoy:

Como casi todo el mundo sabe, los días de la semana toman su nombre de distintas deidades latinas: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Dominicus (Señor), respectivamente. Los dos últimos destacan notablemente, dado que son los días religiosos por excelencia de las religiones judía y católica: sábado, día de celebración de la sabbath (reposo) judía y domingo, el día en que el Señor creó la luz, metáfora de la entonces futura resurección de Cristo. Hasta nuestros días, los nombres originales han evolucionado etimológicamente; en el caso del sábado, como es obvio, sustituyó al Dies Saturni (día de Saturno), y lo mismo sucedió con el domingo, desapareciendo el Dies Solis (día del Sol).


Con respecto a los meses, tradicionalmente existían diez; por ese motivo, septiembre, octubre, noviembre y diciembre comienzan con las raíces equivalentes a siete, ocho, nueve y diez, respectivamente. El año romano abría con marzo, cuyo nombre proviene del dios bélico Marte; a éste lo seguía abril, cuyo origen etimológico es más complicado: si bien se cree que podría proceder del verbo aperire (abrir), al ser la época en que se abren las flores, también se le ha relacionado con Afrodita. Mayo recibe su nombre de la Bona Dea Maia, cuyo festival se realizaba en este mes, mientras que junio también parece tener múltiples orígenes, siendo lo más probable que proceda de la diosa Juno. Los dos meses restantes serían Quintilis y Sextilis: el primero acabó recibiendo el nombre de julio en honor a Julio César (imagen 1), que cumplía años en ese mismo mes, y el segundo fue renombrado agosto por Octavio Augusto (imagen 2), que, celoso de Julio César, no sólo se limitó a cambiar el nombre del mes, sino que reestructuró el resto de meses para que su mes también tuviera 31 días (antes tenía solo 29), circunstancia que se ha conservado hasta nuestros días para gran sorpresa nuestra. Posteriormente, se añadirían los dos meses iniciales actuales: Ianuarius, el mes de Jano, dios de dos caras que guardaba las puertas, y Februarius, dedicado al festival purificador llamado Februa. De este modo, el resto de meses cambió de posición y los nombres de los cuatro últimos dejaron de tener sentido, como aún sucede en la actualidad.

¡Gracias, Mª Carmen!

FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA