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28 abr 2012 | Por: Nacho

Los más ricos

Como bien sabréis, cada cierto tiempo la prestigiosa revista norteamericana Forbes publica un ránking con las personas más ricas del mundo. Pero el otro día, en un arranque de originalidad –y, seguramente, de aburrimiento extremo–, decidió publicar la lista de las quince personalidades más ricas... en el mundo de la ficción (de autor). Normalmente, me habría contentado con tweetear el enlace a la noticia, pero su cobertura ha sido tan deficiente que he escogido darle un mayor protagonismo (lo cierto es que me gustó mucho) y publicarlo aquí:

Al parecer, la misma lista lleva siendo publicada años, ya que el portal web de Forbes indica que el agregado neto de todas las rentas del ránking sumaría 209,5 mil millones de dólares, suponiendo un incremento del 59% con respecto al año anterior. Para hacernos una idea de esta colosal cifra, se explica que es dinero suficiente como para dar 30 dólares a cada persona del mundo real. Sobrecogedor.

Encabeza la lista de este año el anciano dragón Smaug, el Magnífico, cuyo patrimonio creció con respecto al año pasado (desde la séptima posición) un 16% hasta los 62 mil millones de dólares (estimados) tras un nuevo análisis de sus riquezas después de robar la fortuna de los enanos (es bien sabido por los aficionados al género fantástico que los dragones tienen la costumbre de acumular toda suerte de antigüedades, joyas y demás objetos valiosos en sus cavernas para dormir sobre ellos). De hecho, la historia de El hobbit narra precisamente la expedición de Bilbo Bolsón, Gandalf y los enanos para recuperar su tesoro.

El segundo miembro de la lista es quien me ha hecho escribir esta entrada. Conocido en España como Isidoro Dorado, Flintheart Glomgolg es el archienemigo del famoso Gilito McPato o Tío Gilito. Sin embargo, medios importantes de España (por citar algunos, Antena 3 y 20 Minutos), seguramente retroalimentándose los unos a los otros y replicando la misma noticia sin contrastarla siquiera, han considerado que Flinheart era el propio Tío Gilito (otros medios, como El Mundo, Público, Libertad Digital o la versión online de 20 Minutos, no han caído en la trampa), cuando el artículo de Forbes explica la controversia en torno a esta cuestión: Isidoro y Gilito, emulando la archiconocida historia de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días, apostaron sus respectivas fortunas en una carrera alrededor del mundo y parece ser que el primero contrató a los Golfos Apandadores (el equivalente en Patoaventuras de los Hermanos Dalton de Lucky Luke) para secuestrar al campeón de Gilito, su sobrino Donald Fauntleroy Duck, más conocido como el Pato Donald. De ese modo, en la actualidad Gilito McPato está en la ruina (y ha sido, pues, expulsado de la lista, que lideraba el año pasado con 44,1 mil millones de dólares) e Isidoro acumula una ingente fortuna de 51,9 mil millones de dólares que le ha hecho ingresar en el ránking.

Como he podido leer en alguno de los artículos anteriormente citados, una ventaja de la inmortalidad es poder acumular fortunas a lo largo de los siglos. Carlisle Cullen, patriarca de los Cullen en la saga Crepúsculo, ha sido desbancado por Isidoro Dorado y se sitúa este año en el tercer puesto con 36,3 mil millones de dólares después de 370 años de vida.

A Carlisle le sigue Jed Clampett, un nuevo rico (tal es el nombre de la serie emitida por la CBS en los años sesenta en que aparece: Los nuevos ricos) que hizo fortuna gracias a los petrodólares. Posee en su haber 9,8 mil millones de dólares.
Gracias a la empresa que heredó de su padre, Tony Stark, el alter ego de Iron Man, acumula una fortuna de 9,3 mil millones de dólares. Le siguen Richie Rich, el repelente niño rico de la película de igual nombre, cuyos padres ¿declararon a Hacienda? un patrimonio valorado en 8,9 mil millones, y el magnate Charles Foster Kane (Ciudadano Kane), con 8,3 mil millones, nuevo en el ránking. Sorprendentemente, Richie Rich ha descendido dos posiciones con respecto al pasado año, de modo que tanto Clampett como Stark han subido un puesto.

Otros superhéroe que se mantiene en el ránking, y encima en la misma posición, es Bruce Wayne (Batman), cuyos padres le dejaron 6,9 mil millones de dólares que ha sabido invertir muy bien, aunque si de inversiones se trata estaremos de acuerdo en que mayor tino tuvo el entrañable Forrest Gump, quien hizo una fortuna de 5,7 mil millones apostando por la venta de gambas y reinvirtiendo lo ganado en una modesta empresilla llamada Apple. También Gump se estrena en el ránking de la conocida revista.
Cierra el top ten otro clásico que no podía faltar: especulando como nadie en el mercado de la construcción alrededor del mundo, se calcula que Mr. Monopoly disfruta en sus arcas de 2,5 mil millones de dólares, aunque en 2011 se situaba en el noveno puesto. Completando la lista, que realmente recoge a los quince más ricos, la protagonista de la reciente y exitosa saga Millennium, la hacker Lisbeth Salander, realizó, gracias a sus conocimientos de informática, una estafa online que le reportó 2,4 mil millones de dólares. La suceden otro millonario de reciente descubrimiento, Tywin Lannister, patriarca de la regente casa Lannister en la saga Canción de Fuego y Hielo, con 2,1 mil millones heredados de su padre; el emblemático Charles Montgomery Burns o simplemente señor Burns (Los Simpson), cuyo mayor acierto fue fundar la central nuclear de Springfield y que acumula 1,3 mil millones (curiosamente, coincidiendo con su posición en el ránking, el decimotercero, un puesto por debajo del año anterior); Lord Robert Crawley de Grantham, dueño de Downtown Abbey en la serie homónima, que obtuvo 1,1 mil millones gracias a un acertado matrimonio; y, finalmente, Jo Bennett, directora ejecutiva de Sabre Corporation, empresa que adquiere Dunder Mifflin en la sexta temporada de The Office, con unos mil millones de dólares. Bennett ha descendido cuatro puestos este año.

Con respecto al año pasado, además de Gilito McPato [vide supra], han quedado fuera de la lista ilustres personajes como el ladrón adolescente de guante blanco Artemis Fowl II (en el tercer puesto con 13,5 mil millones de dólares); el peculiar Arthur Bach (en el décimo puesto con 1,8 mil millones); el actualmente arruinado Chuck Bass, de Gossip Girl, y el ejecutivo de elite Gordon Gekko, de Wall Street (a la espera de un juicio por su implicación en el escándalo de Galleon Group), ambos con 1,1 mil millones (decimotercera y decimocuarta posición, respectivamente); y, cerrando el anterior ránking, Jeffrey Lebowski (mil millones de dólares), coprotagonista de El gran Lebowski, cuyo argumento tendréis que descubrir viendo la película.


FUENTES E IMÁGENES: FORBES, vide supra
22 ene 2012 | Por: Nacho

Jet set

Como todos sabemos, la jet set (o sólo jet) es la elite sociocultural y económica de la sociedad. Sin embargo, ¿por qué esta denominación?

Entre 1920 y 1930, la alta sociedad pasó a ser conocida como café society, término ideado por el periodista Lucius Beebe, del NY Herald Tribune, quien había observado la costumbre de esta clase social de reunirse en los cafés y restaurantes más fashion de las capitales mundiales. Esta expresión fue muy popular hasta mediados de siglo, cuando otro periodista, Igor Cassini, del NY Journal American, acuñó el neologismo jet set, que hacía referencia, por una parte, a la capacidad financiera de este sector de la sociedad, capaz de viajar a menudo – a veces incluso a bordo de jets privados o alquilados –, y, por otra parte, al carácter casi estamental de su posición (en inglés, set significa fijo).

Otras formas de nombrar a la clase alta son beautiful people (gente guapa, inventado por la conocida revista de moda Vogue en alusión al círculo de JFK), bright young people (gente joven brillante, lo que hoy en día serían los jóvenes emprendedores) y, por supuesto, gente bien (voz surgida de la supresión del participio que acompañaba a bien, por ejemplo bien vestida, bien hablada, etc.).


FUENTE: WIKIPEDIA
17 dic 2010 | Por: Nacho

Hacer agua/s

Con la nueva edición del DRAE (y la deprimente Ortografía nueva) han llegado diversos cambios a nuestros diccionarios. Uno de ellos es esta interesante corrección, que ya no aparece reflejada, tal y como podréis comprobar:

Es muy común leer en una noticia que alguien ha hecho aguas con tal o cual acción. En otras palabras, la ha pifiado. Sin embargo, a pesar de que nuestra interpretación coincida con lo que se quería expresar, siendo del todo correctos deberíamos pensar que ese alguien se estaba orinando, porque tal es el significado de hacer aguas: ir al baño (de ahí el famoso grito medieval de "¡Agua va!" y la distinción entre aguas menores y mayores). Otra cosa es la locución hacer agua, que efectivamente, quizá aludiendo al famoso juego de los barquitos, significa meter la pata. Rizando el rizo, podría argumentarse que ambas expresiones se relacionan a través de mear fuera del tiesto, pero no cabe duda de que este periodistismo, que diría Grijelmo, es sólo un ejemplo más de cómo los profesionales de los medios de hoy en día hacen agua constantemente.


¡Gracias, Clara!
28 nov 2010 | Por: Nacho

OK

Probablemente, las siglas (si es que lo son) más usadas en cualquier idioma del mundo civilizado. Y su etimología da para mucho hablar (en este caso, escribir), ya que es tan incierta que las teorías son múltiples (ya se sabe: "La victoria tiene muchos padres"). Os pondré cuantas he encontrado a continuación en orden más o menos cronológico:

En primer lugar, existen entendidos que sitúan el origen del vocablo en la expresión okeh () del idioma choctaw (indígena norteameriano) o en la afirmación latina hoc illem, previo paso quizá por el equivalente occitano oc, que probablemente llegó a EEUU desde el continente africano con los esclavos negros, aunque existen evidencias de que el rey británico Ricardo I, Corazón de León usaba esta afirmación (siendo provenzal, sólo hablaba occitano y francés), lo cual era motivo de mofa por parte del pueblo, especialmente debido a lo indeciso que era el monarca (lo que le valió el sobrenombre de Le Roi Oc-et-Non, es decir, el Rey Sí-y-No). Igualmente, los irlandeses poseen en su lengua la exclamación och aye (probable corrupción del oh yeah), que pudo ser transmitida a los norteamericanos como consecuencia de la ingente inmigración irlandesa del país, especialmente en Massachusetts y Boston (dato este último interesante, ya que de Boston procede la primera referencia al término).

Otros opinan que podría proceder de las iniciales de ola kalá (todo está bien), lo cual era escrito en la antigua Nueva York, donde residía gran cantidad de población griega, en las mercancías llegadas desde su tierra natal. De forma similar, las balas de algodón de las plantaciones sureñas francófonas de EEUU se marcaban con las siglas de au quai (al muelle, pronunciado o-k) cuando estaban listas para su embarque, lo cual también ocurre con otra versión, que sostiene que la expresión procedería de una deformación gráfica de all correct, producto del analfabetismo de los encargados de marcar el equipaje de los trenes. No obstante, muchas otras teorías alternativas postulan también que esta deformación se pudo haber producido en otras circunstancias (por ejemplo, también se le atribuye el primer uso al presidente estadounidense Andrew Jackson, retratado en la pintura de la derecha).

También podría tratarse de una cuestión fonética, ya que, en catalogación de madera, la más fina era la de roble (en inglés, oak), que era llamada oak-A (pronunciado oukei, transcripción de la pronunciación de las letras «o» y «k», respectivamente, en inglés), o incluso podría suponer la negación del KO (knock out) del boxeo.

Ya en los años '30 del siglo XIX, existió un telegrafista especialmente eficiente llamado Oscar Kevin que solía firmar sus mensajes con sus propias iniciales. Lo mismo hacía el jefe de control de calidad de la empresa automovilística Ford (o Mercedes-Benz, según otras versiones), Otto Kaiser, que marcaba con sus iniciales a los vehículos que pasaban la inspección. En la misma línea, Martin Van Buren (imagen) utilizaba el sobrenombre Old Kinderhook en referencia a su lugar de nacimiento, una villa de Nueva York, y llegó a formarse el Democratic OK Club, que vendía al candidato a presidente estadounidense como una persona correcta, fiable y veraz.

En torno a la misma época, los inmigrantes italianos de las acerías norteamericanas avisaban al grito de "¡Occhiali!" cuando vertían el acero hirviendo para que el resto se pusiese las gafas protectoras, aunque el ruido de la industria debía ser tal que sólo se escuchaba algo así como ok. A pesar de todo ello, la primera evidencia que se tiene del término apareció en 1939 en un artículo atribuido a Charles Gordon Greene, editor del periódico Boston Morning Post, que gustaba de poner iniciales y, entre paréntesis, su significado, provocando en ocasiones la incoherencia al atribuir deliberadamente iniciales incorrectas a ciertas expresiones. En este caso, por ejemplo, se escribió OK como siglas de all correct. Evidentemente, toda teoría sobre el término fundamentada en hechos posteriores a este año deja de ser creíble, aunque es mi deber mencionarlas para interés del lector.

De hecho, la explicación más conocida se remonta a la Guerra de Secesión, acontecida en EEUU entre los años 1861 y 1865, durante la cual se anotaban en una pizarra las bajas en el campo de batalla. Cuando no ocurría ninguna muerte, se anotaba 0 killed (cero muertos), que, por similitud entre el cero y la «o», se quedaría en el actual OK con el significado de algo positivo.

La última teoría se sitúa alrededor de 1867, cuando el ingeniero alemán John Augustus Roebling diseñaba el Puente Colgante de East River y firmaba los escritos aprobados con las iniciales AK (alles klar, expresión alemana para todo correcto). Sin embargo, la pronunciación por parte de sus compañeros de la palabra all (todo, pronunciado oll) le causó tal confusión que acabó mezclando ambos idiomas y escribiendo OK, es decir, oll klar, que se asemeja a la expresión oll klor del bajo alemán con el mismo significado.

Como colofón, cabe señalar lo curioso que es el gesto utilizado en sustitución de OK, consistente en formar una circunferencia juntando las yemas de los dedos pulgar e índice y levantando el resto, ya que supone la transcripción gestual de las dos letras: la «o» (circunferencia) y la «k» (formada por los tres dedos extendidos). Algunos dicen que esta clave (en inglés, key) se usaba durante la Guerra de Secesión para indicar que todo iba bien, recibiendo el nombre de O Key, esto es, la clave de la «o» (circunferencia).


16 nov 2010 | Por: Nacho

Potencialmente peligroso

Una vez más, me aprovecho del bueno de Grijelmo y de su maravillosa obra para una nueva entrada. En esta ocasión, atendiendo a la corrección de una expresión bastante extendida entre los periodistas y políticos de hoy en día:

El propio DRAE define peligroso como algo «con riesgo o que puede ocasionar daño». Ese puede de la definición ya es indicante de la potencialidad de esta cualidad, pues es obvio que algo que puede ocasionar daño es potencialmente dañino (que no potencialmente peligroso). La potencialidad es parte del peligro y puede activarse o no. En caso de hacerlo, ya no se habla de peligro o peligroso, sino de daño o dañino. Por tanto, puede concluirse que esta expresión es un pleonasmo, una redundancia igual de censurable que subir arriba/bajar abajo, entrar dentro/salir afuera, etc. En definitiva, supone un vocablo potencialmente dañino para la corrección del idioma español.


FUENTE: GRIJELMO, A. La punta de la lengua, Ed. Aguilar. Madrid, 2004

Keniata

Un gentilicio tan curioso como original. Contraviene las reglas generales del resto que conocemos, pero ciertamente en esta materia hay poco o nada escrito, así que remontémonos atrás en el tiempo para indagar en la palabra:

Tradicionalmente, la palabra utilizada para referirse a un natural de Kenia era keniano, que ya suena más español que keniata. La confusión surgió durante los años setenta, cuando Jomo Kenyatta alcanzó la presidencia keniana. La continua referencia por parte de los medios al presidente Kenyatta daba la impresión de significar el presidente keniano, razón por la cual ambos términos quedaron equiparados de algún modo como sinónimos, a pesar de que hoy en día raramente se escucha el original en España o el "falso" en Latinoamérica.


FUENTE: GRIJELMO, A. La punta de la lengua, Ed. Aguilar. Madrid, 2004
1 nov 2010 | Por: Nacho

Paparazzi

Con tanta prensa rosa pululando por las calles, este término, recogido por el DRAE hace tiempo, es de sobra conocido por todo el mundo, pero, ¿de dónde procede?

Para encontrar su origen, basta con remontarse exactamente 50 años atrás, cuando la película La dolce vita de Federico Fellini fue estrenada (excepto en España, donde la censura retrasó 20 años su llegada). En el filme, el protagonista, Marcello, es un reportero de crónicas sociales ayudado por su compinche fotógrafo, Paparazzo, cuyo apellido dio lugar a esta interesante palabra.

Cabe destacar que el término está pluralizado, por lo que es incorrecto hablar de los paparazzis; debe decirse los paparazzi, igual que sucede con otras palabras de origen italiano, como tifosi (de tifoso: aficionado), azzurri (de azzurro: jugador de la selección italiana) y spaghetti (de spaghetto) aunque existe la castellanización espagueti, que sí es pluralizable, e incluso de otros idiomas (talibán [de tálib], fedayin [de fedái], muyahidin [de muyahid], länder [de land]...).


FUENTE: MAGAZINE (suplemento dominical del diario El Mundo) nº. 579. Madrid, 31-10-10

FUENTE COMPLEMENTARIA: GRIJELMO, A. La punta de la lengua, Ed. Aguilar. Madrid, 2004