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19 feb 2012 | Por: Nacho

Gilipollas

Éste es un chascarrillo habitual que, sin embargo, no demasiada gente conoce, razón por la cual hoy lo publico aquí. ¿Qué diablos significa el insulto gilipollas y por qué habría de resultarnos ofensivo? Os propongo descubrirlo ahora mismo:

Para variar, la chulesca palabra nos remonta al Madrid del siglo XVII, cuando el duque de Osuna celebraba sus famosos bailes de alta sociedad para ofertar a las jovencitas de buena cuna. Aunque no lo creáis, estas señoritas eran conocidas como pollas –al igual que un inglés habla de chicks (polluelas) o un francés llama cariñosamente a su amada cocotte (gallina)–, acepción todavía encontrable en el DRAE para los más escépticos. Se dice que el por aquel entonces alcalde madrileño, D. Gil Imón (que tiene su calle propia en Madrid, ojo), era un personaje bastante conocido, entre otras cosas, por presentarse siempre en las citadas fiestas con sus hijas, que al parecer eran más bien feas, desaboridas y poco inteligentes. Un par de joyitas, vaya.

Mientras el señor alcalde se encargaba de atender a los compromisos derivados de su cargo, sus pollitas se sentaban en cualquier rincón a la espera de algún pollo que se interesase por ellas, lo cual nunca sucedía. Tantas veces se repitió esta escena que al final los madrileños acabarían asociándola a la tontería y la mentecatez y, de ese modo, todos los estúpidos, ingenuos y cortos de miras empezaron a ser denominados Gil-y-pollas, lo cual daría el insulto que conocemos hoy en día.

No obstante, el DRAE nos advierte de que gilí proviene del caló para inocente, y de ahí gilipollas, gilipuertas, gilimemo y demás, por lo que no sé yo si dar mucho crédito a la historia de D. Gil y sus pollas.
11 dic 2011 | Por: Nacho

Chuletas

¡Tranquilos, no he muerto! Sólo estoy de exámenes. Y, entre examen y examen, me resulta inevitable pensar en lo bien que me vendrían nuestras pequeñas amigas, las chuletas, también conocidas como acordeones (México et al.; por eso de que se pliegan), machetes (Argentina), pollas (Ecuador), chanchullos (Bolivia), copialinas (Colombia), copiatines (Paraguay), torpedos (Chile)... Todas estas son formas de nombrar a cualquier método de copia en un examen, los cuales son cada día más avanzados con el aguzamiento del ingenio y el desarrollo de la tecnología, pero, para variar, yo me voy a fijar en la etimología, concretamente en la peninsular:

Con el tan detestado por algunos (incluida mi madre) DRAE en la mano, la palabra chuleta provendría del valenciano xulleta, diminutivo de xulla (costilla), que a su vez se remonta al latín axungia, palabra que designaba a la grasa para untar (ungere) los ejes (axis) y, oh casualidad, daría lugar también a la actual enjundia (gordura). No obstante, esto sólo explica por qué la chuleta comestible se llama así, aunque hay quien relaciona a ésta con la de los estudiantes por la posible similitud entre una chuleta de carne y una mano humana, donde originariamente se apuntaban las chuletas para el examen. También hay quienes creen que podría tratarse de una relación de forma, ya que ambas chuletas suelen ser alargadas y estrechas; además, desenrollar una chuleta del lápiz podría recordar vagamente a desprender la carne del hueso. E incluso existe gente que lo atribuye a una broma ácida y de mal gusto que haría alusión a las épocas de hambruna, en que las chuletas de carne eran tan pequeñas y delgadas como las de los exámenes.

Por otro lado, en el libro Un invierno en Mallorca de G. Sand, se cita el término mallorquín xuete (del que procede significativamente la palabra chueta), usado para referirse despectivamente a los judíos. Al parecer, esta expresión encuentra su origen histórico en los tiempos del antisemitismo, cuando algunos judíos procuraban ocultar sus orígenes comiendo en público chuletas de cerdo, carne prohibida por su religión. Con el mismo sentido se usó en Francia el término chuette y, aún hoy en día, un catalán entendería que una persona xueta es alguien taimado y pícaro, acepción que podría de algún modo relacionarse con el chulo madrileño, siempre presto a aparentar conocer más de lo que realmente sabe. Y, curiosamente, resulta que la chuleta es también una pieza o cuña pequeña usada para disimular grietas o hendiduras, por lo que en cualquiera de estos casos se haría referencia a la ocultación y la falsedad que también entraña el uso de una chuleta durante una prueba académica. No por nada se la llama también, recordemos, chanchullo, copialina y copiatín.
11 sept 2011 | Por: Nacho

Epónimos II

Como ya dije en la primera entrada, los epónimos son palabras cuya etimología deriva de un nombre propio, habitualmente de persona. Creí haber incluido suficientes ejemplos en aquella entrada, pero, al releer un libro didáctico de mi infancia (Dime quién es), quedé convencido de que me dejé muchísimos en el tintero, así que he aquí la segunda entrega de la saga Epónimos:

Bloody Mary: Enrique VIII, rey de Inglaterra e Irlanda, contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero, caprichoso él, tras 22 años casados, decidió tomar una esposa más joven, mas, al no recibir del Papa la anulación, se problamó líder de la llamada Iglesia anglicana, de modo que se autoautorizó a divorciarse para casarse con Ana Bolena, a la que hizo decapitar a los tres años, y así hasta un total de seis esposas. De este personaje y Catalina fue hija María (Tudor) I de Inglaterra (imagen), que, con intención de restaurar el catolicismo, reprimió duramente el protestantismo, lo que le valió el sobrenombre de María la Sangrienta (Bloody Mary), actual nombre de un famoso cóctel. Sin embargo, como dato adicional, debéis saber que dicha restauración fue revertida por su hermana Isabel I y la antes mencionada Ana Bolena.

Turrón: En la sitiada Barcelona de 1714, el hambre amenazaba con arrasar la población y las autoridades decidieron convocar un concurso para premiar a quien descubriera un alimento no perecedero que se conservase inalterable e ingerible con el paso del tiempo. El vencedor fue un confitero catalán llamado Turrons, que creó una masa de miel y almendras cubierta de obleas a la que se le acabó dando su nombre.

Cursi: Ésta va por el señor Miguel Ángel, "el Yayo". Según mi librito, en la sociedad gaditana de mediados del siglo XIX existían dos repipis señoritas ricas y huérfanas apellidadas Curt y Tessi que, por sus perifollos y extravagancias, se convirtieron en el blanco de las coplas y chuflas populares. La unión de sus apellidos quedaría, así, como sinónimo de cualquier persona o cosa pretendidamente fina y elegante que causa más ridículo que otra cosa. No obstante, no es descartable la versión que atribuye el origen de la palabra a una adinerada familia gaditana de apellido Sicur.

Cotilla: María de la Trinidad, llamada Tía Cotilla por su atuendo, fue la líder de una sanguinaria y fanática pandilla madrileña del siglo XIX que cometió crímenes atroces contra conocidos liberales. Condenada numerosas veces a las galeras, murió en el cadalso y dejó su sobrenombre como calificativo de aquéllas (y aquéllos) que se dedican a murmurar y meterse donde no los llaman, sembrando el recelo y la discordia.

Tiovivo: Mi cuasi tocayo Esteban Fernández (según algunos, Esteban Méndez) era un feriante madrileño conocido por su popular carrusel. Enfermo de cólera, sus amigos le dieron por muerto y, mientras le llevaban al cementerio, el Tío Esteban se levantó gritando "¡Estoy vivo!", pasando a ser el Tío Vivo, nombre que quedaría para designar a los caballitos. No obstante, esta teoría, aunque curiosa, no parece plausible, dado que la palabra tiovivo también era usada en Latinoamérica por aquel entonces.

Estraperlo: A comienzos del siglo pasado, unos empresarios holandeses de juegos de azar (según unas versiones, Strauss, Perel y Lowann; según otras, Strauss y Perlowitz) trataron de introducir en España una fraudulenta ruleta con afán de lucrarse. Tras la negativa de la Generalitat catalana, decidieron sobornar a algunos altos cargos de Madrid y consiguieron establecerse en San Sebastián y Formentor. La ruleta, conectada a un botón que hacía ganar a la banca cuando quisiera, fue prohibida por la policía y Strauss demandó al Gobierno, generando una gran controversia pública en la que importantes personalidades quedaron al descubierto. Hoy en día, el nombre de dicha ruleta designa a todo negocio sucio y, concretamente, al mercado negro.

Vespasiano: La gran anécdota del emperador Tito Flavio Vespasiano es de sobra conocida, pero, por si acaso, la reproduciré para vosotros: en su afán por reorganizar las finanzas, Vespasiano creó un impuesto para gravar el uso de urinarios públicos. Cuentan que su hijo Tito, indignado por el desagradable origen del dinero recaudado, fue a quejarse a su padre, quien le mostró una moneda y le dijo "Non olet" ("No huele"), ejemplificando el valor intrínseco del dinero sea cual sea su origen. Aunque en España es una palabra prácticamente desaparecida, los urinarios públicos de Francia, Italia y Rumanía aún reciben su nombre de este emperador.

Pírrico: Otro famoso rey fue Pirro II el Águila, soberano de Epiro y megalómano ejemplar. Deseando ser emperador, el rey acudió a la llamada de las ciudades griegas de Italia para protegerlas de los romanos y salió victorioso de la contienda, aunque con enormes pérdidas. En respuesta, Roma envió otro contingente que también fue vencido, aunque Pirro hubo de admitir "Otra victoria como ésta y estamos perdidos" dados los numerosos efectivos sacrificados por su parte. En consecuencia, hubo de retirarse, quedando su nombre como sinónimo de una victoria sangrienta y apenas provechosa para el vencedor.

Salomónico: Hijo del célebre rey David, Solomón fue monarca de Israel durante el siglo X a.C. Como muchos saben, su fama se debe especialmente a un episodio concreto de su vida, en el cual se le planteó una dura decisión: un día, dos mujeres que cohabitaban una casa y habían dado a luz con una diferencia de tres días, se presentaron ante el rey alegando ser madres de un mismo retoño. Al parecer, uno de los dos niños había muerto y su madre pretendía quedarse con el otro. Ante esta situación, Salomón ordenó cortar al niño en dos para repartirlo, pero la auténtica madre se puso en evidencia al preferir entregar a su hijo vivo y entero, con lo que el sabio monarca le concedió todos los derechos sobre él. Desde entonces, se tilda de salomónicas a las decisiones tomadas con gran sabiduría y tino.

Draconiano: En tiempos de la República ateniense, las leyes eran constantemente violadas, pues no existía un cuerpo jurídico escrito. Antes las continuas disputas, los jueces habían de decidir a su arbitrio, por lo que los gobernadores de Atenas encargaron al filósofo Dracón la redacción de unas leyes ecuánimes con severas penas que serían grabadas en los muros de la ciudad. Por ese motivo, hoy en día toda medida desmesurada es llamada draconiana.


FUENTE: MONLAÜ, S. y G. Dime quién es. Barcelona, 1971

FUENTES COMPLEMENTARIAS: WIKIPEDIA (ES, EN)
26 ene 2011 | Por: Nacho

Imbécil

No, no lo digo por vosotros. Ya habréis notado que he convertido el blog de curiosidades en algo más bien centrado en aspectos lingüísticos, pero la cabra tira para el monte y esta entrada no será una excepción:

En esta ocasión, el siempre recurrente DRAE no se remonta lo suficiente en las raíces etimológicas de la palabra, que parece proceder de la Antigua Grecia, en la que la sabiduría de la edad era una cualidad muy respetada, pues se consideraba que la noocracia (gobierno de los más sabios) era la forma de gobierno más adecuada. Sin embargo, el tiempo no perdona al cuerpo y los ancianos griegos (que a lo mejor tendrían 40 o 50 años, no os creáis) solían llevar báculos o bastones para apoyarse al caminar, como el Diógenes de este cuadro. De este modo, obviando otras teorías etimológicas  como las explicadas en Memoria residual , las personas poco sabias eran llamadas imbáculos, pues se consideraba que sólo los sabios (ancianos) llevaban báculo. Con el tiempo, esta palabra evolucionó fonéticamente a imbecillis y llegó a los totiplagiadores latinos (y de ellos a nosotros).

Con similar sentido sería usada la palabra idiota (en griego, privado), referida a quienes egoístamente no participaban de la vida política, un aspecto fundamental en la democracia griega. Como en el caso anterior, el término influyó en el latín, que le comenzaría a dar el significado de ignorante que en la actualidad conocemos. ¡Recordadlo cuando uséis estos insultos!

¡Gracias, Gon!