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27 ago 2012 | Por: Nacho

...ni qué niño muerto!

Meses atrás, un amigo se preguntaba por Twitter de dónde procedería la expresión que da nombre a esta entrada e hice una breve investigación que nunca llegué a publicar por pereza. Esta entrada, pues, es el resultado de una nueva indagación en busca de la respuesta:

De hecho, no ha sido hasta que he rebuscado por Internet cuando me he dado cuenta de que en el español poseemos muchas locuciones sinónimas construidas con la estructura "¡Qué _________ ni qué _________!". No son pocas las veces que he oído expresiones como "ni qué hostias" (esa hostia omnipresente en el lexicón castellano de los insultos), "ni qué narices", "ni qué carajo" o simplemente "ni qué nada", pero ¿por qué algo tan macabro como un niño muerto?

Una explicación popular lo atribuye a los convecinos de un madrileño que siempre decía ver en el Palacio de Linares a un niño muerto pidiendo agua, lo que supuestamente les hacía exclamar "¡Qué agua ni qué niño muerto!". Aún más folclórica es la teoría que defiende que cierta actriz famosa se embarulló sobre el escenario en plena improvisación hablando sobre sus amantes y sus hijos nacidos muertos, lo que llevó a su compañero a salvarla de semejante diatriba con un "¡Qué amante ni qué niño muerto! ¡Tu hijo se llama Faustino y aparece en la próxima escena!". Finalmente, una tercera explicación más verosímil y acorde al DRAE que no sólo contempla al niño muerto, sino también al niño envuelto (ya sea por asociación semántica o fonética)– remite a antiguas disputas a propósito de incluir o no en los censos a los niños fallecidos antes de ser bautizados (recordemos que los antecedentes del registro civil español fueron censos de naturaleza religiosa).

Además de las anteriores, en Latinoamérica se usan en el mismo sentido las expresiones "ni qué chingada", "ni qué la mano del muerto", "ni qué las arañas" y otra también conocida por los españoles e incluso, en cierta medida, por los franceses (aunque, al parecer, no por el DRAE): "ni qué ocho cuartos". Como ocurría con el ocho chulesco, una de las explicaciones se fundamenta en la matemática del número: igual que es imposible coger ocho cuartos de un entero, lo que la otra persona dice ha de ser una falacia o una ridiculez; asimismo, ocho cuartos no es más que otra forma de expresar dos enteros, lo cual podría interpretarse, en línea con lo anterior, como una parodia que busca invalidar algo excesivamente complejo o increíble afirmado por otra persona. También se ha especulado que podría provenir de la unidad de medida conocida como cuarto o cuartillo, dado que obtener ocho cuartos a cambio de un entero (ya fuera un real o un celemín) era prácticamente imposible, pues nadie era tan tonto como para que le sacasen los cuartos de semejante modo.


De igual modo, alguien podía tener sólo dos/cuatro cuartos (esto es, poco dinero) o directamente ni un cuarto (ni un duro/chavo, que se dice aún), pero afirmar tener ocho cuartos sólo podía ser signo de estupidez y fanfarronería. Arturo Ortega añade que en España el presuntamente llamado realillo de a ocho cuartos equivalía precisamente a ocho cuartos de peseta (según tengo entendido, al igual que en el caso del tarín, en realidad serían ocho cuartos y medio, pero también he visto escrita la expresión "ni qué ocho cuartos y medio", así que otorgaré el beneficio de la duda) y era el precio de numerosos artículos de primera necesidad, por lo que la subida de éstos pudo ocasionar que cualquiera exclamara indignado "¡Qué pan ni qué ocho cuartos!". Por una mera cuestión temporal, menos probable es, como defiende la escritora chilena Isabel Lipthay, que la expresión date de la dictadura de Augusto Pinochet, quien supuestamente trató de acallar los rumores de torturas mediante el soborno con esposas nobles y lujosas mansiones de ocho habitaciones, a lo que un valiente respondió "¡Qué dama blanca ni qué ocho cuartos!", lo cual plantea la ventaja de encajar con la menos oída pero existente variedad "ni en (qué) ocho cuartos".

Una última expresión que ha llamado mi atención son las famosas pollas en vinagre, que también se escucha habitualmente dentro de la estructura repetida en toda esta entrada. Atendiendo a la connotación sexual de la expresión, según unos podría hacer referencia a una práctica habitual entre los puteros (con perdón) barceloneses ante las exigencias de higiene de las prostitutas; según otros, recordaría a un acto de conservación llevado a cabo por Lorena Bobbitt, conocida por rebanar el pene de su marido maltratador mientras dormía tras cuatro años de matrimonio. Por otro lado, en el mundo gastronómico tal nombre reciben tanto las gallinetas en escabeche como las sardinas con guindilla; además, en la Antigua Roma se llamaba pullas a los brotes frescos (sobre todo, de espárragos), que también se conservaban en vino acre (de aquí la palabra vinagre). Todo ello sin mencionar la delicatessen de la imagen, disfrutable sólo en el bar madrileño La D'Chamberí.


FUENTES: WORDREFERENCE (FORO), LA INFORMACION.COM

FUENTES COMPLEMENTARIAS: CÁPSULAS DE LENGUA, TOMÍSIMO, YAHOO! ANSWERS (MX)
6 jul 2012 | Por: Nacho

Vagina

Como ya hiciera en su día con la palabra pene, hoy quisiera adentrarme en la que ha sido considerada la palabra con más sinónimos (y más originales, aunque menos conocidos) en castellano. Pero antes, una pequeña introducción sobre el origen etimológico de dicha palabra:

Tal y como indica el mismo DRAE, la palabra vagina encuentra su nombre en el latín. Concretamente, pertenece a las palabras conocidas como dobletes, que son aquellos vocablos latinos que dan como resultado una palabra patrimonial (fonéticamente evolucionada) y un cultismo (apenas evolucionada) o semicultismo, normalmente con alguna relación entre ellos. Así, la palabra vaginam dio en su día el cultismo vagina, pero también la patrimonial vaina (resulta evidente la relación de forma, es decir, el parecido físico entre ambas cosas). ¿Sabría esto Fuego cuando cantaba sobre «una vaina loca que me lleva a la gloria»? Otros dobletes con una relación bastante clara serían causa-cosa, materia-madera, cálido-caldo, frígido-frío, delicado-delgado, limpio-lindo (de hecho, pulcro solía significar hermoso en la Antigüedad), regla-reja (ésta es recta como aquélla), amplio-ancho, plano-llano, directo-derecho, estricto-estrecho, torcido-tuerto, atónito-tonto, clave-llave (ambas key en inglés), dígito-dedo (pues de ambos hay diez), comparar-comprar, fábula-habla, parábola-palabra, ópera-obra o, como expliqué hace unos meses, cátedra-cadera.

Ahora sí, podemos pasar a las múltiples formas eufemísticas usadas para referirse a la vagina:

Adelante, agujero, albóndiga, alcancia, alfombra, almeja, amiga, anillo, araña, argolla, aspiradora, asunto.

Bacalao, banelco, barbona, batcueva, bicho/a, bigote, bistec peludo, bistezuda, bizcocho, boca de mono, bollo/bollicao, boquerón, borrega, bototo, breva, buchaca, buche, buraco, burra.

Cacerola, cacharpa, cachi/cachí, cachimba, cachirola, cachucha, cachufla/cachufleta, cajeta, canana, carlota, castaña, ceja, chacón, champa, chango, chape, charquito, chauchera, chepa, cherry, chichi, chicholina, chilindrina, chimba, chimuela, china, chiquita, chiquitiada, chirla, chirri, chita, chocha, chochis, chocho/chochete/chochito/chochín, cholga/cholgüeta, chonene, chonfla, chopaipa, choricuaco, chorifly, choro(pe)/chorito, chorombomba, chorongo, chucha/chuchi, chuchina/chuchuna, chula, chumino, churuca, ciega, cobacha, cocho, cochofleta, cococha, cola, coladera, comadreja, cona, concha/conchita, concho(n), conejo/a, coño/coñete/coñito, cosa/cosita/coso, coto, cotorra, cresta, creta, crica, cuca/cuquita, cucaracha, cucaraña, cuchara, cuchumena/cuchumina, cucurucho, cueva, cu(n)chi, cuscusilla.

Dona.

Ejotito, ella, empanada, espumosa, estuche.

Felpudo, fifona, filipino, (fi)filiqui, fleco, flor, fonda, fresa/fresita/frutilla, frijol.

Galleta, gata, gigina, gota, grieta, gruta.

Hachazo, higo, hocico, hoyito, hueco, húmeda.

Jamona, jaula, joyo/joyete, josefa.

Kayak, kiwi.

Labios, lapa, lola, loncha.

Mamadera, mamita, maría, marisco, marraqueta, mazapán, mejillón, metedero, micha, mico, milanesa, miona, molleja, monedero, mono, monte, moño, moñoñongo, morrocoya, mota.

Nena, nerona,  nido.

Ojo, oso, ostia/ostra.

Pacharrina, pachocha, paella, palancúa, paloma, pan/panecillo, pandorca, panocha/o, papa, papalota, papaya, papo/papito/papona, parrocha, partes, pastel, patata/patatona, payasa, pelenga, pelona, peluche, peluda, pelusa, pepa/pepe/pepita/pepitilla, perrecha, pescado/pescadería, peseta/pesetilla, pichulera, piocha, pinga, pipa/o, pipi, pirinocha, piure, pocha/pochi/pucha, pochola, poderosa, pompina, ponchita, popola, portal del amor, posa, potorro, potota, pozo, prima, primordio, pucha/puchi/puchula, pudin, (pu)pusa, pussy.

Quelite, queque, queso/quesadilla, quiebre.

Raja, rana, ratón(a), regina.

Sacapuntas, santa, sapo/sapolio, sardina, sartén, selva, semilla, señora, seta, sonrisa vertical, sucutela.

Taca, tajo, tamal(ito)/tamarindo, tarántula, taquito, tenchu, tete/titi, tona, tontón, torta, tota/toto/totete, totona, totorocha, tragasables, tragona, triángulo, trompuda, tuche, tuna, túnel, turrón.

Vagina, vaina, venusta, verija, virtud, vulva.

Yarma, yaya, yoni.

Zambo, zanja, zapato, zapi, zapón, zarigüeya, zorra(pe).

Lo que más llama la atención de la lista es la gran cantidad de diminutivos que hay, posiblemente asociado a la delicadeza femenina (mientras que un gran pene, como muestra de virilidad, llama a los aumentativos). Y de repente nos encontramos con la peculiaridad de la palabra coñazo, que en España se usa para referirse a cualquier tarea ardua, tediosa y aburrida, mientras que algo genial es la polla o cojonudo. ¿Otra muestra más del machismo en el lenguaje? Es posible, pero también podemos encontrar otra explicación si nos remontamos a la Barcelona de 1920. Por aquel entonces, la capital catalana era el centro de la industria cinematográfica española, de modo que fue allí donde el cineasta Armando Flores creó un género tan sorprendente como desconocido: el porno fantástico. Lejos de lo que pudiera parecer, el director de cine consiguió hacerse un hueco en el mundillo del cine hasta que estrenó su obra más arriesgada. El coñazo, una surrealista y aburrida película sobre dos exploradores que encontraban y se adentraban en una gigantesca vagina del espacio exterior (imagen), recibió tantas críticas negativas que Flores abandonó el cine para siempre. No obstante, de algún modo pervive en nuestra memoria cada vez que nos referimos con fastidio a algún coñazo por el que nos toca pasar, así que podría decirse que su gran fracaso lo fue sólo en parte, ¿no?

¡Gracias, Lex!

29 abr 2012 | Por: Nacho

Piercings

Desde hace algún tiempo, parece que cada día nos acercamos más a la realidad futurista de Los Juegos del Hambre: peinados extravagantes de colores inusuales, mucho maquillaje, vestimentas de toda clase, tatuajes diversos... y piercings a mansalva. Lo más sorprendente es el control que tiene la gente de todas estas tendencias, hasta el punto de manejar con soltura toda una jerga incomprensible para los ajenos al mundillo. Por ese motivo, hoy os traigo una intensa entrada sobre los variados nombres de los piercings más (y menos) conocidos:

Empezando desde arriba, el piercing que a más altura puede encontrarse generalmente es el de la ceja (eyebrow). Si bien lo habitual es que se sitúe en vertical, también existe la posibilidad de encontrarlo horizontal, siempre en el extremo más alejado de la nariz, pues es la zona menos peligrosa. De igual modo, en la sien se coloca el llamado teardrop (lágrima) o anticeja (imagen), cuya posición es variable (vertical, horizontal, diagonal...).

A más o menos la misma altura, atravesando perpendicularmente la parte superior del tabique de la nariz, puede hallarse el puente (bridge) en la zona de igual nombre; también se le conoce con los nombres de Niebuhr y Erl (y, por fonética, Earl), este último en honor a Erl van Aken, pionero de las perforaciones al que se le considera el inventor de dicho piercing. Aunque no es habitual, existe una variedad en vertical de este piercing.

Aparte del piercing convencional de la nariz (nostril, que en inglés designa al orificio nasal), en ella pueden localizarse los llamados septum o aro de toro (en el septo nasal) y Austin bar, que atraviesa de forma horizontal la punta de la nariz y lleva el nombre de la primera persona en llevarlo, quien fue perforada por el fundador de la London Piercing Clinic, Patrick Bartholomew. Derivados de los anteriores, estarían el nasal tip o rhino, un nostril en la punta de la nariz; el septril, un septum normalmente en forma de T (de modo que sólo sobresale una bola) cuyo nombre inventó el local tejano Obscurities, si bien el creador del septril, el español Toro, lo denominó jungle (jungla); y el nasallang (imagen), ideado por Cliff Cadaver, que combina dos nostrils y, a veces, un septum.

La oreja es sin duda la zona más versátil para colocar piercings, pues no sólo es aprovechable el lóbulo (lobe) en horizontal y vertical, sino que existen muchas otras perforaciones con nombre propio: ear head, pinna o hélix (cartílago superior, aunque algunos identifican el hélix con el antihélix), auricle y antihélix (debajo del anterior, en el cartílago exterior o interior, respectivamente), ear-clit, flaps o tragus (en la zona homónima, situada sobre la entrada al canal auditivo), daith (en el pliegue más interno de la oreja), babcock o snug y construction, scaffold, niler –por Eric Niles, del estudio Gauntlet– o rook (en el pliegue superior al anterior, aunque hay quienes diferencian entre ambos y sitúan el rook entre el snug y el antitragus), antitragus (siguiendo el pliegue anterior, más abajo, sobre el lóbulo), conch o concha (atravesando de lado a lado la concha auditiva), industrial (barra que atraviesa la oreja simultáneamente en los puntos del antihélix y el auricle; también puede encontrarse en el ombligo y, con varios industriales, se logra un ear/navel cage)... La combinación de varios de éstos es conocida como ear project (imagen).

Algo más abajo, en la mejilla (cheek o dimple), podría asimismo situarse un piercing facial de gran éxito durante el movimiento punk de los años setenta. Más habituales son los piercings labiales, también muy variados: chupatornillos, beauty mark, Crawford, Crayfish, Madonna, Marilyn o Monroe (encima del labio superior, donde Marilyn Monroe tenía su famoso lunar), philtrum, cleft, upbret, KA o Medusa (justo encima del labio superior, en la denominada gota), spider bite (dos Monroes, uno a cada lado), glicker, rooster, scrump(t)er, scrumpy o smiley (atravesando el frenillo superior del labio; debe su nombre a que sólo se suele ver si la persona que lo lleva sonríe), frowny (atravesando el frenillo inferior), labret (bajo el labio inferior, en el centro; si atraviesa el labio verticalmente, se conoce como angel kiss), snake bite o mordida de serpiente (dos labrets, uno a cada lado)... Otros piercings orales exitosos son los linguales, ya sea atravesando la lengua (rim, nombre también usado localmente para designar al hélix) o su frenillo (web). También es conocido el venom (imagen), nombre a juego con el de spider/snake bite que designa al anillado simétrico de la lengua o los labios.

En el resto del cuerpo, son habituales los piercings epidermales o superficiales (surface), como los situados en la nuca (nape), el pecho (cleavage o majestic), los brazos o debajo de la nuez, conocido este último con el nombre de Madison (imagen) por la actriz porno Madison Stone, que lo popularizó (si bien la primera persona conocida en llevarlo fue Rasmus Nielson). Asimismo, los piercings en los pezones (nipples) y el ombligo gozan de gran popularidad entre ambos sexos, particularmente entre las mujeres en lo que respecta a los últimos (el navel, que atraviesa la mitad superior de la circunferencia del ombligo, es el más extendido). La combinación de varios piercings en los pezones es conocida bajo el nombre de nipple pocketing.

En último lugar, estarían los piercings localizados en los genitales. Para ellas, las alternativas consisten en situarlos en los labios mayores (majora u outer) o menores (minora o linner) o en el clítoris, atravesándolo vertical u horizontalmente de forma completa (clit) o parcial (hood). Otras opciones femeninas son el venus, Rageina, Catherine o Christina (con el nombre de quien lo llevó por primera vez, se sitúa en el pubis; si es horizontal, se conoce como Layne, por la artista lady Layne D'Angelo), el triángulo (bajo el clítoris), el fourchette (en la unión inferior de los labios mayores) y el princesa Albertina (atravesando la uretra). Para ellos, la aristocracia también se encuentra presente en la figura del príncipe Alberto (en 'honor' a Alberto de Sajonia, de quien se decía que poseía un piercing así, es el equivalente masculino del último mencionado, que también se coloca a veces en el ano con el nombre de príncipe Carlos), amén de otros piercings, como el púbico, el foreskin (atravesando el prepucio), el dydoe (atravesando el borde superior del glande), el ampallang (atravesando horizontalmente el glande; combinado con el siguiente, forma la cruz mágica o magic cross), el apadravya (atravesando verticalmente el glande, como una especie de combinación entre el príncipe Alberto y su variante inversa; dado que hace el sexo más placentero para ambos, también se le conoce como happydravya), el speed bumps o frenum (en el frenillo), el low frenum o lorum (al final del pene, encima del escroto), el hafada (en el escroto) y el guiche o guigue (bajo el escroto, en el espacio entre éste y el ano; también lo llevan algunas mujeres).


Además de todos éstos, existen otros piercings menos habituales, como el de la barbilla (chin), el de la clavícula (collarbone), el handweb (atravesando la unión entre el pulgar y el índice), el finger ring (que simula ser un anillo en torno al dedo, como se aprecia en la imagen superior), el transfinger (atraviesa de lado a lado el dedo), entre los nudillos (knuckle), el mordisco de vampiro o vampire bite (a un lado del cuello), el corsé (varios piercings alineados a ambos lados de la espalda y unidos por lazos, como si fuera un corsé), el flesh coil o espiral, los encadenados (chained), los escalonados o ladder (es decir, varios piercings alineados como una escalera), los orbitales (dos piercings unidos por un anillo, como en la imagen inferior), los microdermales, los musculares o las dilataciones, que sí comienzan a verse más a menudo en la actualidad.

Entre los realmente peculiares, pueden mencionarse el eyelid (atravesando el párpado), el Ragnar (snug transversal llevado por vez primera por Thure Ragnar Stedt), el UFO (unión orbital de un rook y un hélix; su nombre, traducción inglesa de OVNI, hace referencia a su carácter orbital), el Ashley (labret vertical tipo angel kiss que, en lugar de atravesar el labio inferior hacia afuera, lo hace hacia adentro), el low labret o lowbret (labret situado lo más bajo posible), el Nick (lowbret inverso con el nombre de quien lo hizo y también de quien lo llevó por primera vez, tocayos ambos), el de la úvula, el Sprung (que atraviesa la mandíbula desde debajo de la lengua hasta debajo de la barbilla y lleva el nombre de su primer usuario conocido), el prayer (surface en el dorso de la mano especialmente visible cuando se unen las palmas de las manos, como cuando se reza), el del himen, el Isabella (barra que atraviesa desde el pubis femenino hasta la uretra), el Nefertiti (combinación del hood y el Christina así llamada por su belleza, equiparable a la de la faraona egipcia), el scrunty (atravesando la uretra femenina), el apadydoe (combinación orbital de un apadravya y un dydoe), el halfadravya (medio apadravya), el dolphin (un príncipe Alberto unido a otro aún más profundo, lo que le da aspecto de delfín; hay una variante dilatada cuyo creador denominó killer whale), el witch (atravesando el pie de arriba abajo por las uniones de los dedos; su nombre proviene de la antigua creencia de que quienes nacían con los dedos unidos eran brujos), el Aquiles (atravesando el talón de Aquiles) y otros llamados piercings extremos.



FUENTES COMPLEMENTARIAS: FACEBOOK, URBANSTYLE, CUERPO Y ARTE, ELCUERPO.ES
21 ene 2012 | Por: Nacho

Testigo

Ya basta de hablar de gastronomía y volvamos a lo mío: el Derecho. Y hoy con una palabra bien interesante cuyo origen no recordé hasta hoy. ¿Sabéis de dónde viene la palabra testigo? ¡Ahora lo descubriréis!

Como siempre, el primer paso para encontrar la etimología de una palabra es acudir al omnipresente DRAE, que nos relaciona testigo con testiguar, del latín testificare (testis facere = hacer testigo). Esta raíz, testis, a su vez procedería, según unos, de testa (cabeza), de tal modo que el testigo sería quien da la cara, quizá a riesgo de perder su cabeza; además, testa también designa a un tipo de vaso para beber vino, lo cual enlaza magníficamente la labor del testigo sincero con el famoso proverbio latino "In vino veritas" ("En el vino está la verdad") de Plinio 'el Viejo'. Según otros, provendría de tristis (tri sti = estar tercero), traducible del indoeuropeo como "tercero que se mantiene al margen", hipótesis bastante atrevida que algunos han llevado incluso más lejos al relacionarla con la palabra triste – por la congoja que puede causar o transmitir la situación al testigo – o la inglesa tree (árbol), ya que ese tercero se quedaría al margen del conflicto como si se tratara de un árbol (absurdo).

Por otro lado, es muy popular la teoría que defiende una supuesta evolución fonética de testigo desde el latín testiculus (testículo), ya que en la Antigua Roma existía la costumbre de que, al realizar un juramento ante iguales o superiores (nunca ante inferiores, al igual que con los saludos), en vez de usar una Biblia o Constitución, en aquel entonces inexistentes (e irrelevantes), los hombres se apretaran sus partes, como diciendo "Juro por éstos que digo la verdad" (y, quizá, si se descubría un falso testimonio, éstos desaparecieran...), lo cual, sea dicho, recuerda a aquello ya comentado en este blog de 'por huevos'. También es curioso cómo hay quienes opinan que, realmente, ya que testiculus sería el diminituvo de testis (lo mismo ocurre con palabras como caniculus [perrito] > canijo, homunculus [hombrecillo] > homúnculo o Calígula [botitas]), podría venir a significar algo así como testiguitos (pequeños testigos), cabecitas o vasitos (recordad los múltiples significados de testis).

De igual modo, la relación testigo-testículo remite a la costumbre eclesiástica, jamás confirmada por la Iglesia, de comprobar la virilidad de los futuros papas o papables palpándoles sus intimidades (de hecho, el eminente Corominas opinaba que testiculus significaría testigo de la virilidad, y, efectivamente, aún hay mucho machito que se reafirma apretándose la entrepierna). Supuestamente, el cardenal candidato a papa (Pedro Apóstol Pontífice Augusto) había de sentarse en una silla agujereada, de modo que el cardenal más joven del cónclave –según otras versiones, todos los cardenales– pudiese realizar la comprobación y confirmar que todo estaba en orden con la escatológica fórmula "Duos habet et bene pendebant" ("Tiene dos y cuelgan bien"), evitando así que la leyenda de la papisa –que no Mama, como dicen algunos– Juana (imagen) se hiciera realidad. Y, llegados aquí, soy incapaz de ahorrarme una anécdota: se dice que la susodicha tuvo un hijo frente a la Iglesia de San Clemente, lo cual le valió una horrible muerte por parte de las autoridades romanas. La impostora no fue incluida en el listado de sumos pontífices (o, mejor dicho, fue sustituida por su 'tocayo' Juan VIII) y, tras su muerte, se declaró un ayuno de cuatro días (ayuno de la papisa) y se escribió junto a su tumba la siguiente aliteración (que suena a trabalenguas): "Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum" ("Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa"). Por ese motivo, según cuentan, las procesiones siempre han rehuido dicho lugar (evasión que sí está constatada), ya que los papas lo detestan* (dei testi, es decir, poner a los dioses de testigos de un exabrupto, acepción aún recogida en el DRAE).

*Lo admito: me ha costado meterlo.


FUENTES COMPLEMENTARIAS: ELCASTELLANO.ORG, PATYP SCRIPTORIUM
19 nov 2010 | Por: Nacho

Estar en bolas

Todos conocemos el significado de la expresión, alusiva al desnudo y, metafóricamente, cuando uno queda en evidencia, con una mano delante y otra detrás (se entiende que para taparse las partes pudorosas, obviamente). Y ciertamente los testículos se asemejan a un par de bolas, pero al parecer no es éste el origen del eufemismo:

Una vez más, se nos plantean dos teorías al respecto:

Por un lado, existen autores que creen que el modismo procedería de la germanía estar en bola, donde bola equivale al mercado público o la feria. Por tanto, nuevamente aparece una referencia a la evidencia o exhibición pública.

Por otro lado, la expresión podría derivar por la similitud semántica entre bola y pelota, aumentativo este último de la palabra pelo. En consecuencia, sólo se hace referencia al vello corporal, quizá incluso al púbico, pero en ningún momento a los propios testículos. Sin embargo, ya se sabe que el pueblo suele modificar el idioma a su antojo... dejándolo en pelotas.


FUENTE: AGUAS NEGRAS
9 nov 2010 | Por: Nacho

Pene

«Tiene nombres mil el miembro viril», dice la canción, y cierto es. Aquí una recopilación de algunos de ellos:

Abregrutas, abreostras, anguila, animal, antena, aparato, árgano, armamento, armatoste, arrollado de venas, asta, asunto, atributo

Badajo, balano/bálano, banana, barra/barreta (de carne), bastón, bejuco, berenjena, bergamota, bergantín, bergo, bestia, biáncamo, bicha/bicho(la), bimbín/bimbolo/bimbolita, biringa, birote, boa, bobola, bollo, bolsa, bondiola, brocha, bruta, bulto, burguer, butifarra

Caballero, cabeza/cabezón, cabilla, cable, cachiporra, cacho (de carne), cadorcha/cadorna, callampa/callampón, callaputas, calvo, camarón, campana/campanita/campanilla, camote, canario, cangrejo, caña, cañón, caoba, carajo/carajillo, carne en barra, casco alemán, chacotero, chafalote/chafarote, chagarza, chagual, chaira, chalampi/chalompa, chambeador, chaparro, charasca, charinga, chava, checo, chibichanga, chicha/o, chicito/chizito, chilaba/chilate/chile/chilo, chimbo, chipota, chirulo, chistorra, chi(qui)to, choclo, chola, chorizo, chorra, chóstomo, cho(s)ta/o, chotera, chulapi, chunchula, chupachup/chupetín, chupete, chupilco, churra/o, chuto, cíclope, cigala, cimbrel, cincel, c(h)ipote, ciruelo, ciruto, clavo, cohete, coisa, cola/colilla/colita, colloma, congrio, conina, copi, corcho, corneta, cosa/cosita, (pala)cuca, cuecueche, cuero

Dedo, delantero, destornillador, destripador, diuca, dominico, donga

Encajoso/a, equipo, escopeta, espada, estaca, estadoñu, estrolin

Falo, fenómeno, fierro, flaco, flauta, forcha, freno de mano

Gans(it)o, ganzo, garcha, garcilote, garlopa, garomp(et)a, garrote, goma, guacharaca, guadaña, guagua, guañaño/huañaño/wañaño, guarifaifa, guarnición, guasamandrapa/guazamandrapa, guasca/huasca, guazamayeta, güeva/o, guindola

Habano, herramienta, hierro, huérfana

Instrumento

Jan, jinete, juguetón/a

Kika

Lápiz, leña/o, lezna, limón, llanero solitario, llorrona, loly, lomio, longaniza, luqui

Macabia, macana, maceta/maseta, machete, machuca, majá, majapapas, mamerro, mandado, mandanga, mandarria, manija, manga/o, manguaco, mangual, manguera, manubrio, masacuata/mazacuata, mástil, mastique, matapuchas, material, matraca, mayelu, mazo, mazorca, mendó, méntula, mercado, mereces, metralleta, metro, micrófono, miembro (viril), ming(olin)a, mochococho/mochocota, mocoso, mojote, mona, monda/mondá, mongol, monstruo, morcilla, morronga, muchachote, muñeco

Nabo, nácaro, nardo, negro/a, nepe, niño, nunflo, nutria

Ñema, ñonga

Paja, pájaro/pajarito, palanca, palmera, palo(te), paloma, pancho, parra, paquete, pedazo, pelado/pelón(a), peleona, penca, pene (en latín, cola), pepe/pepito, pepino, percha, perrito (caliente), pescue(zona), pica/o/picahielo/picaseso, picha/o/pichi/pichula, pij(ot)a/pijo(te), pilila/pilita/pilín, pincel, pinchila, pincho, pin(don)ga/o, pingüino/pingüiñoño, piola, pipe, pipí(lín)/pipi(o)lita, pipisito, pique, pirinola, piripi(n)cho, pirrín, pirula/o/pirulí(n)/piruleta/pirulita, pisapollos, pispiote, pistacho, pistola/pistolita/pistolón, pito/pitilín/pitulín, pitón, pitufo, pizarrín, plátano, polla, poronga/o, porra, poste, potranca, príapo, prieta, proveedor,  punta, puro

Rábano, rabo, rajatela/rajón, reata/riata, regalón, rifle, rila, ripio, rolo, rompeconchas

Sable, sacacorchos, sacho, salchicha/salchichón, saoco, sardina, seta, sin hueso, sobaz, sogán, solitario, suancito, sultán, sunsún/zunzún

Tallo, taraja, tararira, tarasca, tarugo/taruguito, tercera pierna, tiliche/tilín, tita, títere, todo lo gordo, tolete, tolonga, tornillo, torniquete, toronja, tótem, trabuco, tragasapos, tranca/tranquera, travieso/a, tripa, trípode, triquis, trola, tromp(et)a, troncha/o, tronco/tronquito (venoso), trozo (de carne), tubo, tuco, tufona, tula/tuleño

Vaginómetro, vara, veladora, verdura, verdolaga, verenice, verga(nsito/a)/verge/versh, verija, vértebra, vianda, víbora, vichola, virote

Yuca

Zambomba, zanahoria, zurriago


Y un apunte final: ¿no os parece curioso que tanto en español como en inglés usemos la palabra polla (cock) para referirnos a la vez al miembro viril y a la hembra del pollo? Podría especular sobre esto, pero me gustaría saber cuál es su verdadero motivo, así que... animaos.
1 nov 2010 | Por: Nacho

Por uebos

No, no he cometido una falta ortográfica. Es cierto que actualmente es muy común decir cosas como Lo vas a hacer por mis huevos (o, para los más osados, por mis [santos] cojones), pero el origen real de esta expresión nada tiene que ver con los testículos:

En realidad, la expresión por uebos es un arcaísmo, generalmente jurídico, que viene a significar por necesidad. Así, se podía decir ante el Juez que el acusado había actuado por uebos o que le era uebos decir algo. Sin embargo, al entrar en contacto con las clases populares, la gente cambió la palabra uebos (del latín opus) por su homófona huevos (del latín ovum), pensando que la expresión hacía referencia a los testículos, y así es como se ha quedado hasta el día de hoy... por uebos.

¡Gracias, Clara!