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19 feb 2012 | Por: Nacho

Gilipollas

Éste es un chascarrillo habitual que, sin embargo, no demasiada gente conoce, razón por la cual hoy lo publico aquí. ¿Qué diablos significa el insulto gilipollas y por qué habría de resultarnos ofensivo? Os propongo descubrirlo ahora mismo:

Para variar, la chulesca palabra nos remonta al Madrid del siglo XVII, cuando el duque de Osuna celebraba sus famosos bailes de alta sociedad para ofertar a las jovencitas de buena cuna. Aunque no lo creáis, estas señoritas eran conocidas como pollas –al igual que un inglés habla de chicks (polluelas) o un francés llama cariñosamente a su amada cocotte (gallina)–, acepción todavía encontrable en el DRAE para los más escépticos. Se dice que el por aquel entonces alcalde madrileño, D. Gil Imón (que tiene su calle propia en Madrid, ojo), era un personaje bastante conocido, entre otras cosas, por presentarse siempre en las citadas fiestas con sus hijas, que al parecer eran más bien feas, desaboridas y poco inteligentes. Un par de joyitas, vaya.

Mientras el señor alcalde se encargaba de atender a los compromisos derivados de su cargo, sus pollitas se sentaban en cualquier rincón a la espera de algún pollo que se interesase por ellas, lo cual nunca sucedía. Tantas veces se repitió esta escena que al final los madrileños acabarían asociándola a la tontería y la mentecatez y, de ese modo, todos los estúpidos, ingenuos y cortos de miras empezaron a ser denominados Gil-y-pollas, lo cual daría el insulto que conocemos hoy en día.

No obstante, el DRAE nos advierte de que gilí proviene del caló para inocente, y de ahí gilipollas, gilipuertas, gilimemo y demás, por lo que no sé yo si dar mucho crédito a la historia de D. Gil y sus pollas.
13 ene 2012 | Por: Nacho

Ensaladilla rusa

Ni es una ensalada ni es rusa. Al menos, así es de primeras. Y entonces, ¿por qué ese nombre? Ahora mismo os lo explicaré:

De hecho, fue un cocinero italiano o, más probablemente, francés (las fuentes no son muy claras al respecto) el inventor de la receta. Lucien Olivier, chef del prestigioso restaurante Hermitage en Moscú (de ahí lo ruso del plato), solía cocinar para el zar a mediados del siglo XIX e ideó un suculento plato cuya receta original jamás llegaría a revelar, pero sin duda compuesta por costosos manjares (como caviar, trufas y venado) tan variados que ensalada rusa todavía puede hacer referencia a una mezcla de colores poco armónicos. La ensalada Olivier (pues tal nombre recibía y aún recibe en algunas zonas) tuvo tanto éxito que pronto los aristócratas de toda Europa comenzaron a exigirla en sus propios países, si bien cada uno introdujo sus innovaciones en función de los productos típicos del país. Así fue como la receta llegó a España, donde hoy en día es prácticamente parte de nuestro patrimonio gastronómico nacional; irónicamente, la variedad española es la más popular incluso en la propia Rusia, donde se la conoce con el nombre de ¡ensalada americana!

Pero no son éstos los únicos nombres que ha recibido el plato. Sin ir más lejos, durante la época franquista, resultaba inadmisible que una comida tan popular recibiera el calificativo de rusa, por lo que, dependiendo del lugar, los menús incluían ensaladilla (a secas), ensaladilla imperial (aprovechando la indeterminación de si se refería al Imperio ruso o al español) o incluso ensaladilla nacional.


FUENTE: APOLOYBACO

FUENTE COMPLEMENTARIA: CAFÉBABEL
11 sept 2011 | Por: Nacho

Epónimos II

Como ya dije en la primera entrada, los epónimos son palabras cuya etimología deriva de un nombre propio, habitualmente de persona. Creí haber incluido suficientes ejemplos en aquella entrada, pero, al releer un libro didáctico de mi infancia (Dime quién es), quedé convencido de que me dejé muchísimos en el tintero, así que he aquí la segunda entrega de la saga Epónimos:

Bloody Mary: Enrique VIII, rey de Inglaterra e Irlanda, contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero, caprichoso él, tras 22 años casados, decidió tomar una esposa más joven, mas, al no recibir del Papa la anulación, se problamó líder de la llamada Iglesia anglicana, de modo que se autoautorizó a divorciarse para casarse con Ana Bolena, a la que hizo decapitar a los tres años, y así hasta un total de seis esposas. De este personaje y Catalina fue hija María (Tudor) I de Inglaterra (imagen), que, con intención de restaurar el catolicismo, reprimió duramente el protestantismo, lo que le valió el sobrenombre de María la Sangrienta (Bloody Mary), actual nombre de un famoso cóctel. Sin embargo, como dato adicional, debéis saber que dicha restauración fue revertida por su hermana Isabel I y la antes mencionada Ana Bolena.

Turrón: En la sitiada Barcelona de 1714, el hambre amenazaba con arrasar la población y las autoridades decidieron convocar un concurso para premiar a quien descubriera un alimento no perecedero que se conservase inalterable e ingerible con el paso del tiempo. El vencedor fue un confitero catalán llamado Turrons, que creó una masa de miel y almendras cubierta de obleas a la que se le acabó dando su nombre.

Cursi: Ésta va por el señor Miguel Ángel, "el Yayo". Según mi librito, en la sociedad gaditana de mediados del siglo XIX existían dos repipis señoritas ricas y huérfanas apellidadas Curt y Tessi que, por sus perifollos y extravagancias, se convirtieron en el blanco de las coplas y chuflas populares. La unión de sus apellidos quedaría, así, como sinónimo de cualquier persona o cosa pretendidamente fina y elegante que causa más ridículo que otra cosa. No obstante, no es descartable la versión que atribuye el origen de la palabra a una adinerada familia gaditana de apellido Sicur.

Cotilla: María de la Trinidad, llamada Tía Cotilla por su atuendo, fue la líder de una sanguinaria y fanática pandilla madrileña del siglo XIX que cometió crímenes atroces contra conocidos liberales. Condenada numerosas veces a las galeras, murió en el cadalso y dejó su sobrenombre como calificativo de aquéllas (y aquéllos) que se dedican a murmurar y meterse donde no los llaman, sembrando el recelo y la discordia.

Tiovivo: Mi cuasi tocayo Esteban Fernández (según algunos, Esteban Méndez) era un feriante madrileño conocido por su popular carrusel. Enfermo de cólera, sus amigos le dieron por muerto y, mientras le llevaban al cementerio, el Tío Esteban se levantó gritando "¡Estoy vivo!", pasando a ser el Tío Vivo, nombre que quedaría para designar a los caballitos. No obstante, esta teoría, aunque curiosa, no parece plausible, dado que la palabra tiovivo también era usada en Latinoamérica por aquel entonces.

Estraperlo: A comienzos del siglo pasado, unos empresarios holandeses de juegos de azar (según unas versiones, Strauss, Perel y Lowann; según otras, Strauss y Perlowitz) trataron de introducir en España una fraudulenta ruleta con afán de lucrarse. Tras la negativa de la Generalitat catalana, decidieron sobornar a algunos altos cargos de Madrid y consiguieron establecerse en San Sebastián y Formentor. La ruleta, conectada a un botón que hacía ganar a la banca cuando quisiera, fue prohibida por la policía y Strauss demandó al Gobierno, generando una gran controversia pública en la que importantes personalidades quedaron al descubierto. Hoy en día, el nombre de dicha ruleta designa a todo negocio sucio y, concretamente, al mercado negro.

Vespasiano: La gran anécdota del emperador Tito Flavio Vespasiano es de sobra conocida, pero, por si acaso, la reproduciré para vosotros: en su afán por reorganizar las finanzas, Vespasiano creó un impuesto para gravar el uso de urinarios públicos. Cuentan que su hijo Tito, indignado por el desagradable origen del dinero recaudado, fue a quejarse a su padre, quien le mostró una moneda y le dijo "Non olet" ("No huele"), ejemplificando el valor intrínseco del dinero sea cual sea su origen. Aunque en España es una palabra prácticamente desaparecida, los urinarios públicos de Francia, Italia y Rumanía aún reciben su nombre de este emperador.

Pírrico: Otro famoso rey fue Pirro II el Águila, soberano de Epiro y megalómano ejemplar. Deseando ser emperador, el rey acudió a la llamada de las ciudades griegas de Italia para protegerlas de los romanos y salió victorioso de la contienda, aunque con enormes pérdidas. En respuesta, Roma envió otro contingente que también fue vencido, aunque Pirro hubo de admitir "Otra victoria como ésta y estamos perdidos" dados los numerosos efectivos sacrificados por su parte. En consecuencia, hubo de retirarse, quedando su nombre como sinónimo de una victoria sangrienta y apenas provechosa para el vencedor.

Salomónico: Hijo del célebre rey David, Solomón fue monarca de Israel durante el siglo X a.C. Como muchos saben, su fama se debe especialmente a un episodio concreto de su vida, en el cual se le planteó una dura decisión: un día, dos mujeres que cohabitaban una casa y habían dado a luz con una diferencia de tres días, se presentaron ante el rey alegando ser madres de un mismo retoño. Al parecer, uno de los dos niños había muerto y su madre pretendía quedarse con el otro. Ante esta situación, Salomón ordenó cortar al niño en dos para repartirlo, pero la auténtica madre se puso en evidencia al preferir entregar a su hijo vivo y entero, con lo que el sabio monarca le concedió todos los derechos sobre él. Desde entonces, se tilda de salomónicas a las decisiones tomadas con gran sabiduría y tino.

Draconiano: En tiempos de la República ateniense, las leyes eran constantemente violadas, pues no existía un cuerpo jurídico escrito. Antes las continuas disputas, los jueces habían de decidir a su arbitrio, por lo que los gobernadores de Atenas encargaron al filósofo Dracón la redacción de unas leyes ecuánimes con severas penas que serían grabadas en los muros de la ciudad. Por ese motivo, hoy en día toda medida desmesurada es llamada draconiana.


FUENTE: MONLAÜ, S. y G. Dime quién es. Barcelona, 1971

FUENTES COMPLEMENTARIAS: WIKIPEDIA (ES, EN)
13 may 2011 | Por: Nacho

Epónimos

Terminados los exámenes, puedo volver a este blog con la inspiración que me dio mi última lectura grijelmiana: Defensa apasionada del idioma español. Y hoy os traigo un curioso término lingüístico que seguramente muchos habréis estudiado:

Los epónimos son sustantivos propios, generalmente de personas, que se usan para designar un lugar, época, descubrimiento, invento, enfermerdad, etc. En el campo médico – y en las ciencias en general –, son especialmente comunes (daltonismo, complejo de Edipo, síndrome de Down, trompas de Falopio...), pero han influido en muchos otros campos: botánica (begonia, magnolia...), unidades de medición (amperio, vatio, voltio...), elementos químicos (einstenio, mendelevio, nobelio...), etc. También es común la creación de epónimos para denominar movimientos o actitudes propios de determinados personajes históricos, legendarios o incluso ficticios: barrabasada (Barrabás, personaje bíblico), cantinflada (Cantinflas), casanova (J. J. Casanova de Seingalt), celestina (Celestina, personaje de F. de Rojas), charlotada (Charlot, personaje de C. Chaplin), chovinismo (N. Chauvin), cristianismo (Jesucristo), donjuán (D. Juan Tenorio, personaje de J. Zorrilla), fígaro (Fígaro, personaje de P. A. de Beaumarchais), fordismo (H. Ford), lazarillo (Lazarillo de Tormes, personaje de la obra homónima), lázaro (Lázaro, personaje bíblico), ludismo (N. Ludd) maquiavélico (N. Maquiavelo), marxismo (K. Marx), masoquismo (L. von Sacher-Masoch), mecenas (C. C. Mecenas), onanismo (Onán, personaje bíblico), perillán (Per Illán), platónico (Platón), polichinela (P. Cinelli), quijotesco (D. Quijote, personaje de M. de Cervantes), sadismo (marqués de Sade), supermán (Superman, personaje de J. Siegel), trotaconventos (Trotaconventos, personaje de J. Ruiz)...

De igual modo, son varias las localizaciones geográficas cuyos nombres proceden de personajes relevantes, como Alejandría, América, Arabia Saudí, Atenas, Bermudas, Bolivia, Colombia, Europa, Everest, Filipinas, Gibraltar, Israel, Liechtenstein, Patagonia, R. Dominicana, Rodesia, Roma, Washington... De hecho, ampliando el concepto de epónimo, algunas personas incluyen también muchos términos que han adoptado su nombre de gentilicios por metonimia: americana, bayoneta, canario, chilena, cubana, daiquiri, francés, griego, habano, hamburguesa, macedonia, mahonesa, milanesa, napolitana, nórdico, noruego, pequinés, pergamino, persiana, polaca, sevillana, suizo, tejanos, turquesa...

Por mencionar algunos, otros epónimos famosos son los que siguen: algoritmo/guarismo (al-Jwarizmi, matemático), bártulo (Bártolo, reputado jurisconsulto italiano) besamel (duque L. de Béchameil, a cuyo cocinero se atribuye equívocamente la invención de la salsa), braille (L. Braille), daguerrotipia (L. J. M. Daguerre), diésel (R. Diesel), esperanto (L. L. Zamenhorf, Doktoro Esperanto), galvanizar (L. Galvani, cuyos trabajos sirvieron para descubrir la técnica), leotardo (J. Léotard, acróbata que lo popularizó), luis (Luis XIV, durante cuyo reinado se comenzó a acuñar esta moneda), mansarda (F. Mansart, arquitecto que puso de moda las buhardillas), moisés (Moisés, profeta judío que fue lanzado al río de pequeño en una de estas cunas para salvarse), morse (S. F. B. Morse), nachos (I. Anaya), nicotina (J. Nicot, embajador que introdujo el tabaco en la Corte francesa), pasteurización (L. Pasteur), pantalón (no, no es que vaya de la panza al talón, sino que viene de Pantaleón, personaje teatral veneciano), quevedos (F. de Quevedo, escritor que los popularizó), rastafari (rey H. Selassie I, ras Tafari), ros (A. Ros de Olano), sándwich (J. Montagu, conde de Sandwich, jugador empedernido que creó estos bocados para no tener que abandonar las partidas), saxofón (A. J. Sax), silueta (E. de Silhouette, ministro de Hacienda aficionado a los recortes de papel que impuso duros impuestos a los ricos, por lo que su nombre quedó como sinónimo de lo barato y de la barata práctica prefotográfica de recortar siluetas), simón (S. González, primer alquilador de coches de Madrid), uzi (Uziel Gal), zepelín (conde F. von Zeppelin, fundador de la empresa Zeppelin)... En todos estos casos, salvo aquéllos en los que se indica lo contrario, el epónimo se debe al presunto inventor, pero no debemos olvidar otros casos; por ejemplo, los días y meses, así como algunas marcas comerciales (vulgarizadas o no) también son epónimos.

Para finalizar, me gustaría comentar cuatro epónimos especialmente destacables:

Boicot: El capitán Charles C. Boycott fue un administrador irlandés de finales del siglo XIX que se dedicó a guardar las tierras de un terrateniente absentista y se negó a la rebaja de los arrendamientos propuesta por la Irish Land League para redistribuir las fincas y mejorar la situación de los granjeros en alquiler. La alternativa no violenta para obligarle a ceder fue, precisamente, lo que hoy se conoce como boicot, una forma de ostracismo consistente en suspender todo tipo de trato con el individuo en cuestión (como dirían algunos, hacer el vacío). De ese modo, los jornaleros dejaron de trabajar en su casa, los comercios le negaron la venta de comidas y hasta el cartero dejó de entregarle el correo, por lo que hubo de importar trabajadores, comida y varios escoltas (por si acaso), lo que resultó en un encarecimiento brutal del coste de la cosecha.

Linchar: Charles Lynch, plantador cuáquero de Virginia (EEUU), fue un revolucionario coronel que constituyó durante la Guerra de la Independencia Estadounidense un irregular tribunal popular que ejecutó sin proceso a unos aliados de los británicos sospechosos de haber encabezado una sublevación. Cuando la Justicia ordinaria los absolvió, Lynch ordenó su ejecución y los detenidos fueron llevados por una multitud a un árbol para colgarles sumariamente, procedimiento que se repitió con todos los soldados británicos y posibles aliados de los ingleses que pudo encontrar el juez. Sorprendentemente, ello sucedió mientras se elaboraba la famosa Declaración de Derechos de Virginia, y, a pesar de las quejas por la total falta de garantías procesales de la Ley de Lynch, la Corte Suprema norteamericana avaló este procedimiento.

Molotov: Aunque ya existían antes de la famosa Guerra de Invierno, los cócteles molotov tomaron su nombre del soviético Viacheslav Mólotov, comisario del pueblo para los asuntos exteriores, quien tuvo la osadía de transmitir por radio a la población finesa durante el conflicto que el ejército ruso no estaba lanzando bombas, sino alimentos. Por ese motivo, los finlandeses comenzaron a denominar a estas bombas "canastas de comida Molotov" de modo sarcástico y su ejército declaró que «si Molotov ponía la comida, ellos pondrían los cócteles».

Guillotina: Al contrario de lo que pudiera parecer, la invención de la guillotina respondió a causas mayoritariamente humanitarias, dado que los métodos de ejecución legales solían ser un espectáculo público muy aceptado en el que la tortura sistemática y agónica del reo cumplían la función de atraer la atención de los espectadores. Las técnicas más usadas incluían la rueda, la flagelación, el desmembramiento, el ahorcamiento (incluida la combinación inglesa "hanged, drawn and quartered" o "colgado, arrastrado y descuartizado") y, para miembros de la nobleza, la decapitación con espada o hacha. El médico y diputado francés Joseph Ignace Guillotin (primera imagen) usó su cargo público para proponer este instrumento en aras de la igualdad, aunque en realidad su intención era evitar el sufrimiento innecesario (de hecho, incluso votó a favor de la privacidad del ajusticiamiento). El ingenio, rediseñado por el Dr. Antoine Louis (segunda imagen), fue bautizado por el político Jean-Paul Marat como louison o louisette, pero finalmente adoptó el nombre de su promotor, cuyos familiares se hubieron de cambiar el apellido para evitar la asociación. La recurrente leyenda urbana sobre el guillotinamiento del diputado es, no obstante, falsa, pero podría encontrar su explicación en la ejecución de otro Dr. Guillotin, de Lyon, que sí fue ajusticiado de este modo, o en el hecho de que Guillotin fuera atrapado y casi guillotinado durante el Terror francés por convocar la reunión del Juego de la Pelota.


19 feb 2011 | Por: Nacho

Días y meses

El tiempo puede medirse en conglomerados más o menos grandes. Generalmente, salvando unidades mínimas como los nanosegundos, las personas usan segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años y algunas unidades superiores (bienio, trienio, lustro, década o decenio, siglo o centuria, milenio, cron...), así como otras intermedias, como trimestre. Especial interés tienen los días y los meses, dados sus nombres; de eso os vengo a hablar hoy:

Como casi todo el mundo sabe, los días de la semana toman su nombre de distintas deidades latinas: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Dominicus (Señor), respectivamente. Los dos últimos destacan notablemente, dado que son los días religiosos por excelencia de las religiones judía y católica: sábado, día de celebración de la sabbath (reposo) judía y domingo, el día en que el Señor creó la luz, metáfora de la entonces futura resurección de Cristo. Hasta nuestros días, los nombres originales han evolucionado etimológicamente; en el caso del sábado, como es obvio, sustituyó al Dies Saturni (día de Saturno), y lo mismo sucedió con el domingo, desapareciendo el Dies Solis (día del Sol).


Con respecto a los meses, tradicionalmente existían diez; por ese motivo, septiembre, octubre, noviembre y diciembre comienzan con las raíces equivalentes a siete, ocho, nueve y diez, respectivamente. El año romano abría con marzo, cuyo nombre proviene del dios bélico Marte; a éste lo seguía abril, cuyo origen etimológico es más complicado: si bien se cree que podría proceder del verbo aperire (abrir), al ser la época en que se abren las flores, también se le ha relacionado con Afrodita. Mayo recibe su nombre de la Bona Dea Maia, cuyo festival se realizaba en este mes, mientras que junio también parece tener múltiples orígenes, siendo lo más probable que proceda de la diosa Juno. Los dos meses restantes serían Quintilis y Sextilis: el primero acabó recibiendo el nombre de julio en honor a Julio César (imagen 1), que cumplía años en ese mismo mes, y el segundo fue renombrado agosto por Octavio Augusto (imagen 2), que, celoso de Julio César, no sólo se limitó a cambiar el nombre del mes, sino que reestructuró el resto de meses para que su mes también tuviera 31 días (antes tenía solo 29), circunstancia que se ha conservado hasta nuestros días para gran sorpresa nuestra. Posteriormente, se añadirían los dos meses iniciales actuales: Ianuarius, el mes de Jano, dios de dos caras que guardaba las puertas, y Februarius, dedicado al festival purificador llamado Februa. De este modo, el resto de meses cambió de posición y los nombres de los cuatro últimos dejaron de tener sentido, como aún sucede en la actualidad.

¡Gracias, Mª Carmen!

FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA
26 ene 2011 | Por: Nacho

Midas

Para no saturar la anterior entrada ante mi repentina iluminación, he aquí los hechos mitológicos referidos al famoso rey Midas:

El rey Midas gobernaba la zona griega de Frigia, siendo el primer rey extranjero en mandar una ofrenda al Oráculo de Delfos, erigido sobre el antiguo templo apolíneo. En una ocasión, el monarca, en busca de sabiduría, mandó capturar al dios Sileno, un viejo sátiro que podría ser hijo de Pan (semidiós que gustaba de aterrorizar a los viajeros —de ahí el término pánico—) o Hermes (el mensajero de los dioses) y padre de Baco, conocido por su gran don profético en estado de embriaguez. Otro relato cuenta de cómo una vez partió el gobernante hacia, probablemente, la India con su séquito habitual de ménades y sátiros, entre los cuales se contaba Sileno, el cual, entre la vejez y el vino, acabó perdido y capturado por unos campesinos que le llevaron ante Midas. Tras festejar el regreso del anciano dios menor, fue devuelto a Baco (o Dionisio), que, agradecido, decidió conceder un deseo al que tan bien había cuidado de su padre adoptivo. El avaricioso monarca pidió el famoso toque dorado para transformar cuanto tocase en oro, pero, al ver que no podía comer ni beber (según otras versiones, al tocar por error a su querida hija Zoe), pidió al dios olímpico que le retirase el don.

El otro gran relato mitológico referido al buen rey es aquél en el que, ante su virtuosismo con la lira, no se le ocurrió nada mejor que proclamar que era mejor que el mismísimo Apolo, dios de la música. El orgulloso dios, indignado, retó al osado rey y, una vez más, Paris fue involucrado en la disputa (como en la discusión que tuvieron las diosas Hera, Afrodita y Atenea por culpa de la manzana de la discordia lanzada por Eris, que supuestamente generaría la por todos conocida Guerra de Troya), de la que salió vencedor, como es obvio, Apolo. Otras versiones del relato sugieren que la disputa surgió cuando el monarca prefirió la flauta de Pan (de ahí el nombre de este instrumento, cuya invención se atribuye a Sileno y Marsias) a la lira de Apolo. Sea como fuere, el rey fue castigado con unas humillantes orejas de burro que comenzó a tapar con un gorro frigio como el de la imagen (famosos por su papel en la Revolución francesa y por inspirar las barretinas catalanas... y los gorros de los pitufos). El ridiculizante secreto de Midas sólo era conocido, al parecer, por su barbero, el cual, incapaz de guardar semejante bomba, acudió a un bosque, excavó un hoyo y gritó allí el tremendo secreto, con tal mala suerte que allí crecieron unos juntos (o un árbol) que, con cada brisa del viento, repetían la letanía, lo que le valió la decapitación al pobre barbero.


FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA

Imbécil

No, no lo digo por vosotros. Ya habréis notado que he convertido el blog de curiosidades en algo más bien centrado en aspectos lingüísticos, pero la cabra tira para el monte y esta entrada no será una excepción:

En esta ocasión, el siempre recurrente DRAE no se remonta lo suficiente en las raíces etimológicas de la palabra, que parece proceder de la Antigua Grecia, en la que la sabiduría de la edad era una cualidad muy respetada, pues se consideraba que la noocracia (gobierno de los más sabios) era la forma de gobierno más adecuada. Sin embargo, el tiempo no perdona al cuerpo y los ancianos griegos (que a lo mejor tendrían 40 o 50 años, no os creáis) solían llevar báculos o bastones para apoyarse al caminar, como el Diógenes de este cuadro. De este modo, obviando otras teorías etimológicas  como las explicadas en Memoria residual , las personas poco sabias eran llamadas imbáculos, pues se consideraba que sólo los sabios (ancianos) llevaban báculo. Con el tiempo, esta palabra evolucionó fonéticamente a imbecillis y llegó a los totiplagiadores latinos (y de ellos a nosotros).

Con similar sentido sería usada la palabra idiota (en griego, privado), referida a quienes egoístamente no participaban de la vida política, un aspecto fundamental en la democracia griega. Como en el caso anterior, el término influyó en el latín, que le comenzaría a dar el significado de ignorante que en la actualidad conocemos. ¡Recordadlo cuando uséis estos insultos!

¡Gracias, Gon!
28 nov 2010 | Por: Nacho

OK

Probablemente, las siglas (si es que lo son) más usadas en cualquier idioma del mundo civilizado. Y su etimología da para mucho hablar (en este caso, escribir), ya que es tan incierta que las teorías son múltiples (ya se sabe: "La victoria tiene muchos padres"). Os pondré cuantas he encontrado a continuación en orden más o menos cronológico:

En primer lugar, existen entendidos que sitúan el origen del vocablo en la expresión okeh () del idioma choctaw (indígena norteameriano) o en la afirmación latina hoc illem, previo paso quizá por el equivalente occitano oc, que probablemente llegó a EEUU desde el continente africano con los esclavos negros, aunque existen evidencias de que el rey británico Ricardo I, Corazón de León usaba esta afirmación (siendo provenzal, sólo hablaba occitano y francés), lo cual era motivo de mofa por parte del pueblo, especialmente debido a lo indeciso que era el monarca (lo que le valió el sobrenombre de Le Roi Oc-et-Non, es decir, el Rey Sí-y-No). Igualmente, los irlandeses poseen en su lengua la exclamación och aye (probable corrupción del oh yeah), que pudo ser transmitida a los norteamericanos como consecuencia de la ingente inmigración irlandesa del país, especialmente en Massachusetts y Boston (dato este último interesante, ya que de Boston procede la primera referencia al término).

Otros opinan que podría proceder de las iniciales de ola kalá (todo está bien), lo cual era escrito en la antigua Nueva York, donde residía gran cantidad de población griega, en las mercancías llegadas desde su tierra natal. De forma similar, las balas de algodón de las plantaciones sureñas francófonas de EEUU se marcaban con las siglas de au quai (al muelle, pronunciado o-k) cuando estaban listas para su embarque, lo cual también ocurre con otra versión, que sostiene que la expresión procedería de una deformación gráfica de all correct, producto del analfabetismo de los encargados de marcar el equipaje de los trenes. No obstante, muchas otras teorías alternativas postulan también que esta deformación se pudo haber producido en otras circunstancias (por ejemplo, también se le atribuye el primer uso al presidente estadounidense Andrew Jackson, retratado en la pintura de la derecha).

También podría tratarse de una cuestión fonética, ya que, en catalogación de madera, la más fina era la de roble (en inglés, oak), que era llamada oak-A (pronunciado oukei, transcripción de la pronunciación de las letras «o» y «k», respectivamente, en inglés), o incluso podría suponer la negación del KO (knock out) del boxeo.

Ya en los años '30 del siglo XIX, existió un telegrafista especialmente eficiente llamado Oscar Kevin que solía firmar sus mensajes con sus propias iniciales. Lo mismo hacía el jefe de control de calidad de la empresa automovilística Ford (o Mercedes-Benz, según otras versiones), Otto Kaiser, que marcaba con sus iniciales a los vehículos que pasaban la inspección. En la misma línea, Martin Van Buren (imagen) utilizaba el sobrenombre Old Kinderhook en referencia a su lugar de nacimiento, una villa de Nueva York, y llegó a formarse el Democratic OK Club, que vendía al candidato a presidente estadounidense como una persona correcta, fiable y veraz.

En torno a la misma época, los inmigrantes italianos de las acerías norteamericanas avisaban al grito de "¡Occhiali!" cuando vertían el acero hirviendo para que el resto se pusiese las gafas protectoras, aunque el ruido de la industria debía ser tal que sólo se escuchaba algo así como ok. A pesar de todo ello, la primera evidencia que se tiene del término apareció en 1939 en un artículo atribuido a Charles Gordon Greene, editor del periódico Boston Morning Post, que gustaba de poner iniciales y, entre paréntesis, su significado, provocando en ocasiones la incoherencia al atribuir deliberadamente iniciales incorrectas a ciertas expresiones. En este caso, por ejemplo, se escribió OK como siglas de all correct. Evidentemente, toda teoría sobre el término fundamentada en hechos posteriores a este año deja de ser creíble, aunque es mi deber mencionarlas para interés del lector.

De hecho, la explicación más conocida se remonta a la Guerra de Secesión, acontecida en EEUU entre los años 1861 y 1865, durante la cual se anotaban en una pizarra las bajas en el campo de batalla. Cuando no ocurría ninguna muerte, se anotaba 0 killed (cero muertos), que, por similitud entre el cero y la «o», se quedaría en el actual OK con el significado de algo positivo.

La última teoría se sitúa alrededor de 1867, cuando el ingeniero alemán John Augustus Roebling diseñaba el Puente Colgante de East River y firmaba los escritos aprobados con las iniciales AK (alles klar, expresión alemana para todo correcto). Sin embargo, la pronunciación por parte de sus compañeros de la palabra all (todo, pronunciado oll) le causó tal confusión que acabó mezclando ambos idiomas y escribiendo OK, es decir, oll klar, que se asemeja a la expresión oll klor del bajo alemán con el mismo significado.

Como colofón, cabe señalar lo curioso que es el gesto utilizado en sustitución de OK, consistente en formar una circunferencia juntando las yemas de los dedos pulgar e índice y levantando el resto, ya que supone la transcripción gestual de las dos letras: la «o» (circunferencia) y la «k» (formada por los tres dedos extendidos). Algunos dicen que esta clave (en inglés, key) se usaba durante la Guerra de Secesión para indicar que todo iba bien, recibiendo el nombre de O Key, esto es, la clave de la «o» (circunferencia).


16 nov 2010 | Por: Nacho

Potencialmente peligroso

Una vez más, me aprovecho del bueno de Grijelmo y de su maravillosa obra para una nueva entrada. En esta ocasión, atendiendo a la corrección de una expresión bastante extendida entre los periodistas y políticos de hoy en día:

El propio DRAE define peligroso como algo «con riesgo o que puede ocasionar daño». Ese puede de la definición ya es indicante de la potencialidad de esta cualidad, pues es obvio que algo que puede ocasionar daño es potencialmente dañino (que no potencialmente peligroso). La potencialidad es parte del peligro y puede activarse o no. En caso de hacerlo, ya no se habla de peligro o peligroso, sino de daño o dañino. Por tanto, puede concluirse que esta expresión es un pleonasmo, una redundancia igual de censurable que subir arriba/bajar abajo, entrar dentro/salir afuera, etc. En definitiva, supone un vocablo potencialmente dañino para la corrección del idioma español.


FUENTE: GRIJELMO, A. La punta de la lengua, Ed. Aguilar. Madrid, 2004

Keniata

Un gentilicio tan curioso como original. Contraviene las reglas generales del resto que conocemos, pero ciertamente en esta materia hay poco o nada escrito, así que remontémonos atrás en el tiempo para indagar en la palabra:

Tradicionalmente, la palabra utilizada para referirse a un natural de Kenia era keniano, que ya suena más español que keniata. La confusión surgió durante los años setenta, cuando Jomo Kenyatta alcanzó la presidencia keniana. La continua referencia por parte de los medios al presidente Kenyatta daba la impresión de significar el presidente keniano, razón por la cual ambos términos quedaron equiparados de algún modo como sinónimos, a pesar de que hoy en día raramente se escucha el original en España o el "falso" en Latinoamérica.


FUENTE: GRIJELMO, A. La punta de la lengua, Ed. Aguilar. Madrid, 2004
15 nov 2010 | Por: Nacho

Chachi

Gran palabra. Quizá suene infantil, pero su simpleza es tan maravillosa que encaja a la perfección en cualquier contexto informal. Y, sin embargo, es de esas palabras que usamos cuyo origen no conocemos. Pero para eso está este blog, para explicarlo:

Tras la II Guerra Mundial, la pobreza reinaba por doquier. Sólo los estadounidenses habían salido ganando del conflicto, aunque se vieron involucrados de lleno en la guerra fría contra la URSS. Mientras tanto, el resto de países, especialmente los europeos, trataban de sobrevivir. La situación en España era catastrófica y pronto se desarrolló un importante comercio negro desde Inglaterra que se introducía por el territorio anglopeninsular de Gibraltar. Así, los andaluces eran los que más fácilmente accedían a estos necesitados bienes, lo cual les valió a los ingleses el aprecio de todos ellos.

En concreto, los gaditanos, que no olvidaban el apoyo prestado en 1812 durante la invasión francesa, comenzaron a identificar las cosas buenas con lo inglés. Siendo Winston Churchill el Primer Ministro británico por aquel entonces, no es de extrañar pues que en Cádiz se comenzara a decir que algo bueno era algo churchill (pronunciado charchil), lo cual daría origen a la palabra chanchi, madre de la que hoy en día aún utilizamos.

Otra teoría, respaldada por mi colega bloguero Miguel Ángel, sostiene el origen calé de la palabra desde el vocablo chachipén (verdad). Así, la expresión "chachi que sí" quedó como un sustituto coloquial de afirmaciones vehementes (igual que hoy día se usa "claro que sí", por ejemplo) y, con el tiempo, fue adquiriendo la denotación que tiene actualmente. Chachi, ¿eh?

¡Gracias, Miguel Ángel!

FUENTE COMPLEMENTARIA: MEMORIA RESIDUAL
28 oct 2010 | Por: Nacho

Saludos

¿Qué mejor forma de empezar un blog sobre curiosidades que explicando el origen de los distintos saludos? Y es que, a lo largo de la Historia, son numerosos los diferentes saludos realizados con las manos que han usado las civilizaciones, clases sociales, militantes políticos, etc. Aquí se ha tratado de recoger los más significativos:

El saludo ibérico (salutatio iberica), el más antiguo descubierto en Occidente, tenía una importante carga simbólico-religiosa. Según los expertos, este gesto, que consistía en alzar la mano diestra extendida, se utilizaba durante las oraciones, existiendo variantes del mismo, desde la apertura de la palma de la mano en señal de la sumisión de los orantes hasta las posturas de los propios oficiantes y sacerdotes, que solían extender uno o los dos brazos y abrir las palmas. De hecho, una de estas variantes consistía en doblar el codo y alzar la palma abierta, que, curiosamente, coincide con el saludo de los indios del Oeste (muy parecido al actual), el cual solía acompañarse de la palabra jao, que no es otra cosa que la deformación del utilizadísimo introductor how anglosajón (puede presumirse que los indios pensaron que, si el hombre blanco usaba tanto esta palabra, era porque le resultaba agradable).

Con el tiempo, este saludo, lejos de perder su sentido religioso, desarrolló una segunda finalidad más práctica, ya que mostrar desnuda la mano con la que se empuñaba el arma (generalmente, la diestra) bien podía considerarse como un símbolo de paz. Por ejemplo, cuando las tropas de Publio Escipión asediaron el territorio de Auringis (actual Jaén), los indígenas de la zona emplearon este gesto de paz, a pesar de lo cual fueron masacrados. Es probable que entonces, con el contacto entre íberos y romanos, estos últimos adoptaran (y adaptaran) el gesto.


En la Antigua Roma, el brazo estirado con la mano abierta en continuidad con el brazo se identificaba con una reverencia, señal de respeto a una divinidad o persona importante. Ejemplo de ello es el famoso “¡Ave César!”, que siempre había de acompañarsede este gesto a la altura del pecho, ya que ello simbolizaba la lealtad hacia el emperador, pues, como se ha dicho, los saludos habitualmente encerraban una significación simbólica, solemne (de hecho, a la hora de prestar juramento ante la bandera o un texto sagrado, por ejemplo en actos judiciales, el testigo debe levantar la mano, generalmente sobre dichos objetos, como muestra de sumo respeto), como la que le da el Papa católico (o cualquier sacerdote cristiano) a la hora de dar una bendición.


Posteriormente, tanto ese saludo como chocarse las manos (si os fijáis, siempre con la mano derecha) fueron usados en la Edad Media entre caballeros, una vez más para mostrar la ausencia de armas. También, en señal de respeto, los antiguos caballeros medievales solían retirarse el yelmo para saludar a los monarcas o cuando reconocían a un caballero más diestro o de mayor rango, costumbre que prevaleció en el tiempo hasta los actuales militares, que lo realizan de forma más simple y aproximando más el codo al cuerpo.

En la Francia del siglo XIX, el proletariado se alzó contra la política capitalista de Napoléon III levantando el puño hostilmente como muestra de su fuerza, gesto que siempre se ha asociado a las revueltas, ya que cerrar la mano es un reflejo, a veces inconsciente, de ira.

Años después, el político estadounidense Francis Bellamy eligió el saludo militar romano para que los escolares mostraran su adhesión a la bandera y a la nación a la que pertenecían. Sin embargo, el saludo Bellamy, al iniciarse las hostilidades de la II Guerra Mundial, fue retirado para evitar la similitud con el saludo de los nazis alemanes, que erigían el brazo derecho con la mano extendida y la palma hacia abajo para mostrar su afección al Führer, siendo sustituido por el de colocar la mano sobre el corazón cuando suena el himno de EEUU.

Efectivamente, el saludo romano era practicado por los movimientos juveniles alemanes de principios de siglo, que, para resaltar su rechazo al saludo burgués del apretón de manos, procedente del que utilizaban los caballeros medievales, alzaban el brazo derecho al grito de “¡Heil!”. Según el propio Hitler, este saludo pacífico alemán fue utilizado para recibir a Lutero en la Dieta de Worms y, más tarde, fue adoptado por el fascismo italiano de Mussolini, que probablemente lo tomó de su mentor político D’Annunzio, el cual lo impuso en su tropa. El saludo consistía en mantener el brazo derecho en alto, pero en diagonal, no en total verticalidad, y la mano extendida con todos los dedos juntos. Hitler consideraba este gesto un vestigio de la antigua forma de saludo de los nobles medievales y sabía de su procedencia romana (de hecho, el objetivo de Hitler al proclamar el Tercer Reich era instaurar un tercer Imperio Romano, razón por la cual su política expansionista estuvo tan influida por la antigua cultura romana, aunque no existen evidencias de que el saludo nazi provenga de aquí), por lo que decidió utilizarlo, aunque se ha observado que el saludo fascista alemán difiere del italiano al desviarse ligeramente hacia la derecha, lo cual se ha interpretado como una muestra de desprecio y superioridad.


A modo de imitación “solidaria” de los anteriores, el fascismo español promulgó la obligatoriedad del saludo brazo en alto, que se distinguía del italiano en que la muñeca del brazo levantado no prolongaba la línea del mismo, sino que se levantaba de una forma muy parecida al gesto que hoy en día se usa para indicar que alguien frene. Esta obligatoriedad fue derogada al término del conflicto nazi por un decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros, publicado en el BOE nº. 257 del 14 de septiembre de 1945. A continuación, el contenido de dicho decreto, que no tiene desperdicio:

Al iniciarse en 18 de Julio de 1936 el Movimiento Nacional, como exaltación espiritual de nuestra Patria ante el materialismo comunista que amenazaba destruirla, entre las fórmulas de expresión de vibrante entusiasmo de aquellos días surgió, frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia que el comunismo levantaba, el saludo brazo en alto y con la palma de la mano abierta, de rancio abolengo ibérico, espontáneamente adoptado en pueblos y lugares; saludo que ya en los albores de nuestra Historia constituyó símbolo de paz y de amistad entre sus hombres.

Mas, circunstancias derivadas de la gran contienda han hecho que lo que lo que es signo de amistad y cordialidad venga siendo interpretado torcidamente, equiparándole un carácter y un valor completamente distintos de la que representa. Esto aconseja el que, en servicio de nuestra Nación, deban abandonarse en nuestra vida de relación aquellas formas de saludo que, mal interpretadas, han llegado a privar a las mismas en muchos casos de su auténtica expresión de amabilidad y cortesía.”

No obstante, todo sea dicho, el rigor del saludo en España –muy similar al también impuesto por el dictador chileno Augusto Pinochet– no fue tan firme como en otros países, llegando incluso a realizarse con el brazo levantado, lo cual, por cierto, no contradecía el decreto de 1937 sobre la obligatoriedad del saludo y, dentro del eje Berlín-Roma-Tokio, nos acercaba a Japón, donde se levantaban (y levantan) ambos brazos. Además, el brazo izquierdo está más cerca del corazón, lo que entronca con la tradición sioux (nativos americanos).

Por el contrario, los comunistas, enemigos políticos naturales de los fascismos (especialmente, del nazismo) y del capitalismo, utilizaron el gesto contrario a modo de saludo, esto es, levantar el puño (no la mano abierta) izquierdo (no derecho) con la mano flexionada paralelamente a la cabeza (no recta). Se puede observar la clara identificación dicotómica de la mano derecha con las políticas derechistas (fascismo) y la izquierda con las políticas izquierdistas (comunismo).

Este gesto fue utilizado por el marxismo (anterior al régimen fascista) y el Rotfront (Frente Rojo, Partido Comunista Alemán) y se extendió como símbolo de unión pacífica con la Internacional (ya que mantener los cinco dedos juntos da la impresión de unión entre los obreros de los cinco continentes), que se disgregó en tres sentidos: socialismo (brazo izquierdo), comunismo (brazo derecho) y anarquismo (puños entrecruzados en aspa sobre la cabeza). Cabe mencionar que Mussolini fue obrero socialista antes de “convertirse” al fascismo, por lo cual a él debe atribuirse lo opuesto de ambos saludos.

Por ello, el saludo con el puño cerrado fue usado, entre otros, por los defensores de los derechos civiles, por los antifascistas de la Guerra Civil española, por personalidades públicas como Nelson Mandela al salir de la prisión o el presidente Hugo Chávez (en general, por todos los republicanos, debiendo el Ejército Popular realizar el actual saludo llevándose el puño a la altura visera, como en la imagen inferior y también como los oficiales chinos actuales) y por los militantes del Black Power Movement, como los corredores olímpicos Tommie Smith y John Carlos (JJOO de 1968). A día de hoy, es un símbolo universal de libertad e incluso de victoria (por ejemplo, los futbolistas emplean este gesto al marcar un gol, al igual que muchos otros deportistas) – a diferencia del nazi, que está prohibido en Alemania y Austria y penado en otros países –, aunque en la actualidad sólo es utilizado con su significado político en Bélgica, Portugal y España.


Como reminiscencia del dominio nazi, también se conserva el saludo feminista, que consiste en formar un triángulo con las manos sobre la cabeza juntando los dedos de cada mano con su análogo, ya que el triángulo era el símbolo con el que se marcaba en los campos de concentración a las prostitutas y mujeres indeseables, y, más tarde, a los homosexuales.

En la actualidad, prevalecen numerosos tipos de saludos con la mano (algunos de los cuales serán tratados posteriormente en otra entrada), siendo el más habitual estrecharse (como hacían los masones) o chocar las manos (generalmente, en signo de camaradería). También es común el movimiento alternativo de derecha a izquierda del brazo, extendido o flexionado, con la palma abierta o incluso del brazo extendido y estático con la palma abierta, que es también la forma más usual de llamar a los taxis o de levantar la mano en clase.

¡Gracias, mamá, Alex y Elsa!

FUENTES COMPLEMENTARIAS: Historia y vida, nº. 74. Consultorio de David Ferrer, Prisma Publicaciones. Barcelona, 1974;
BELTRÁN LLORIS, M. Los iberos en Aragón, Ed. CAI. Zaragoza, 1996;
SALA ROSE, R. Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, Ed. El Acantilado. Barcelona, 2005;