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27 ago 2012 | Por: Nacho

...ni qué niño muerto!

Meses atrás, un amigo se preguntaba por Twitter de dónde procedería la expresión que da nombre a esta entrada e hice una breve investigación que nunca llegué a publicar por pereza. Esta entrada, pues, es el resultado de una nueva indagación en busca de la respuesta:

De hecho, no ha sido hasta que he rebuscado por Internet cuando me he dado cuenta de que en el español poseemos muchas locuciones sinónimas construidas con la estructura "¡Qué _________ ni qué _________!". No son pocas las veces que he oído expresiones como "ni qué hostias" (esa hostia omnipresente en el lexicón castellano de los insultos), "ni qué narices", "ni qué carajo" o simplemente "ni qué nada", pero ¿por qué algo tan macabro como un niño muerto?

Una explicación popular lo atribuye a los convecinos de un madrileño que siempre decía ver en el Palacio de Linares a un niño muerto pidiendo agua, lo que supuestamente les hacía exclamar "¡Qué agua ni qué niño muerto!". Aún más folclórica es la teoría que defiende que cierta actriz famosa se embarulló sobre el escenario en plena improvisación hablando sobre sus amantes y sus hijos nacidos muertos, lo que llevó a su compañero a salvarla de semejante diatriba con un "¡Qué amante ni qué niño muerto! ¡Tu hijo se llama Faustino y aparece en la próxima escena!". Finalmente, una tercera explicación más verosímil y acorde al DRAE que no sólo contempla al niño muerto, sino también al niño envuelto (ya sea por asociación semántica o fonética)– remite a antiguas disputas a propósito de incluir o no en los censos a los niños fallecidos antes de ser bautizados (recordemos que los antecedentes del registro civil español fueron censos de naturaleza religiosa).

Además de las anteriores, en Latinoamérica se usan en el mismo sentido las expresiones "ni qué chingada", "ni qué la mano del muerto", "ni qué las arañas" y otra también conocida por los españoles e incluso, en cierta medida, por los franceses (aunque, al parecer, no por el DRAE): "ni qué ocho cuartos". Como ocurría con el ocho chulesco, una de las explicaciones se fundamenta en la matemática del número: igual que es imposible coger ocho cuartos de un entero, lo que la otra persona dice ha de ser una falacia o una ridiculez; asimismo, ocho cuartos no es más que otra forma de expresar dos enteros, lo cual podría interpretarse, en línea con lo anterior, como una parodia que busca invalidar algo excesivamente complejo o increíble afirmado por otra persona. También se ha especulado que podría provenir de la unidad de medida conocida como cuarto o cuartillo, dado que obtener ocho cuartos a cambio de un entero (ya fuera un real o un celemín) era prácticamente imposible, pues nadie era tan tonto como para que le sacasen los cuartos de semejante modo.


De igual modo, alguien podía tener sólo dos/cuatro cuartos (esto es, poco dinero) o directamente ni un cuarto (ni un duro/chavo, que se dice aún), pero afirmar tener ocho cuartos sólo podía ser signo de estupidez y fanfarronería. Arturo Ortega añade que en España el presuntamente llamado realillo de a ocho cuartos equivalía precisamente a ocho cuartos de peseta (según tengo entendido, al igual que en el caso del tarín, en realidad serían ocho cuartos y medio, pero también he visto escrita la expresión "ni qué ocho cuartos y medio", así que otorgaré el beneficio de la duda) y era el precio de numerosos artículos de primera necesidad, por lo que la subida de éstos pudo ocasionar que cualquiera exclamara indignado "¡Qué pan ni qué ocho cuartos!". Por una mera cuestión temporal, menos probable es, como defiende la escritora chilena Isabel Lipthay, que la expresión date de la dictadura de Augusto Pinochet, quien supuestamente trató de acallar los rumores de torturas mediante el soborno con esposas nobles y lujosas mansiones de ocho habitaciones, a lo que un valiente respondió "¡Qué dama blanca ni qué ocho cuartos!", lo cual plantea la ventaja de encajar con la menos oída pero existente variedad "ni en (qué) ocho cuartos".

Una última expresión que ha llamado mi atención son las famosas pollas en vinagre, que también se escucha habitualmente dentro de la estructura repetida en toda esta entrada. Atendiendo a la connotación sexual de la expresión, según unos podría hacer referencia a una práctica habitual entre los puteros (con perdón) barceloneses ante las exigencias de higiene de las prostitutas; según otros, recordaría a un acto de conservación llevado a cabo por Lorena Bobbitt, conocida por rebanar el pene de su marido maltratador mientras dormía tras cuatro años de matrimonio. Por otro lado, en el mundo gastronómico tal nombre reciben tanto las gallinetas en escabeche como las sardinas con guindilla; además, en la Antigua Roma se llamaba pullas a los brotes frescos (sobre todo, de espárragos), que también se conservaban en vino acre (de aquí la palabra vinagre). Todo ello sin mencionar la delicatessen de la imagen, disfrutable sólo en el bar madrileño La D'Chamberí.


FUENTES: WORDREFERENCE (FORO), LA INFORMACION.COM

FUENTES COMPLEMENTARIAS: CÁPSULAS DE LENGUA, TOMÍSIMO, YAHOO! ANSWERS (MX)
2 ago 2012 | Por: Nacho

Brindis

Como todos sabéis, la acción de brindar supone que los participantes de una celebración entrechoquen sus copas y beban de ellas a la salud de alguien o para manifestar buenos deseos en general. El término procede del alemán Bring dir'sYo te lo ofrezco»), frase que pronunciaron los lansquenetes –mercenarios alemanes al servicio de los Austrias– en honor al emperador tras una victoria en Italia. Sin embargo, es probable que la tradición date de mucho antes:

De hecho, en la Antigua Roma se adquirió esta costumbre para garantizar que el anfitrión no envenenara a sus invitados: si las copas se chocaban con suficiente fuerza, el líquido de ambas se derramaba en la otra, asegurando un chinchín más seguro para los comensales. Evidentemente, esta actividad guarda un remanente de las libaciones rituales, en las que se intercambiaba el líquido derramado (ofrecido) por un deseo. También se dice que este hábito suponía la inclusión de todos los sentidos en la libación, puesto que la bebida era vista, olida, degustada y paladeada, pero no oída.

Normalmente, el anfitrión –en su día, el maestro de ceremonias– o alguno de los invitados pronuncian un discurso para a continuación brindar con algún tipo de bebida alcohólica, si bien es cierto que existen ocasiones solemnes en las que este discurso no llega a realizarse (como en el Memory Inmortal, realizado el Día de Trafalgar en la cena de la Marina Real Británica, a bordo del HMS Victory, en memoria del almirante Nelson). En algunos países, como Hungría, está mal visto brindar con cerveza, puesto que eso hicieron los austriacos tras aplastar una revuelta húngara en el siglo XIX (de hecho, esta práctica fue prohibida por Ley durante un siglo y medio, hasta 1998). En otros países, como España, se considera de mal fario brindar con agua. Finalmente, en algunos países anglosajones se brinda introduciendo una tostada en la copa, razón por la cual el brindis es conocido en inglés como toast.


FUENTE: WIKIPEDIA

FUENTE COMPLEMENTARIA: EL SUBMARINO BAJO EL GRIFO
29 abr 2012 | Por: Nacho

Piercings

Desde hace algún tiempo, parece que cada día nos acercamos más a la realidad futurista de Los Juegos del Hambre: peinados extravagantes de colores inusuales, mucho maquillaje, vestimentas de toda clase, tatuajes diversos... y piercings a mansalva. Lo más sorprendente es el control que tiene la gente de todas estas tendencias, hasta el punto de manejar con soltura toda una jerga incomprensible para los ajenos al mundillo. Por ese motivo, hoy os traigo una intensa entrada sobre los variados nombres de los piercings más (y menos) conocidos:

Empezando desde arriba, el piercing que a más altura puede encontrarse generalmente es el de la ceja (eyebrow). Si bien lo habitual es que se sitúe en vertical, también existe la posibilidad de encontrarlo horizontal, siempre en el extremo más alejado de la nariz, pues es la zona menos peligrosa. De igual modo, en la sien se coloca el llamado teardrop (lágrima) o anticeja (imagen), cuya posición es variable (vertical, horizontal, diagonal...).

A más o menos la misma altura, atravesando perpendicularmente la parte superior del tabique de la nariz, puede hallarse el puente (bridge) en la zona de igual nombre; también se le conoce con los nombres de Niebuhr y Erl (y, por fonética, Earl), este último en honor a Erl van Aken, pionero de las perforaciones al que se le considera el inventor de dicho piercing. Aunque no es habitual, existe una variedad en vertical de este piercing.

Aparte del piercing convencional de la nariz (nostril, que en inglés designa al orificio nasal), en ella pueden localizarse los llamados septum o aro de toro (en el septo nasal) y Austin bar, que atraviesa de forma horizontal la punta de la nariz y lleva el nombre de la primera persona en llevarlo, quien fue perforada por el fundador de la London Piercing Clinic, Patrick Bartholomew. Derivados de los anteriores, estarían el nasal tip o rhino, un nostril en la punta de la nariz; el septril, un septum normalmente en forma de T (de modo que sólo sobresale una bola) cuyo nombre inventó el local tejano Obscurities, si bien el creador del septril, el español Toro, lo denominó jungle (jungla); y el nasallang (imagen), ideado por Cliff Cadaver, que combina dos nostrils y, a veces, un septum.

La oreja es sin duda la zona más versátil para colocar piercings, pues no sólo es aprovechable el lóbulo (lobe) en horizontal y vertical, sino que existen muchas otras perforaciones con nombre propio: ear head, pinna o hélix (cartílago superior, aunque algunos identifican el hélix con el antihélix), auricle y antihélix (debajo del anterior, en el cartílago exterior o interior, respectivamente), ear-clit, flaps o tragus (en la zona homónima, situada sobre la entrada al canal auditivo), daith (en el pliegue más interno de la oreja), babcock o snug y construction, scaffold, niler –por Eric Niles, del estudio Gauntlet– o rook (en el pliegue superior al anterior, aunque hay quienes diferencian entre ambos y sitúan el rook entre el snug y el antitragus), antitragus (siguiendo el pliegue anterior, más abajo, sobre el lóbulo), conch o concha (atravesando de lado a lado la concha auditiva), industrial (barra que atraviesa la oreja simultáneamente en los puntos del antihélix y el auricle; también puede encontrarse en el ombligo y, con varios industriales, se logra un ear/navel cage)... La combinación de varios de éstos es conocida como ear project (imagen).

Algo más abajo, en la mejilla (cheek o dimple), podría asimismo situarse un piercing facial de gran éxito durante el movimiento punk de los años setenta. Más habituales son los piercings labiales, también muy variados: chupatornillos, beauty mark, Crawford, Crayfish, Madonna, Marilyn o Monroe (encima del labio superior, donde Marilyn Monroe tenía su famoso lunar), philtrum, cleft, upbret, KA o Medusa (justo encima del labio superior, en la denominada gota), spider bite (dos Monroes, uno a cada lado), glicker, rooster, scrump(t)er, scrumpy o smiley (atravesando el frenillo superior del labio; debe su nombre a que sólo se suele ver si la persona que lo lleva sonríe), frowny (atravesando el frenillo inferior), labret (bajo el labio inferior, en el centro; si atraviesa el labio verticalmente, se conoce como angel kiss), snake bite o mordida de serpiente (dos labrets, uno a cada lado)... Otros piercings orales exitosos son los linguales, ya sea atravesando la lengua (rim, nombre también usado localmente para designar al hélix) o su frenillo (web). También es conocido el venom (imagen), nombre a juego con el de spider/snake bite que designa al anillado simétrico de la lengua o los labios.

En el resto del cuerpo, son habituales los piercings epidermales o superficiales (surface), como los situados en la nuca (nape), el pecho (cleavage o majestic), los brazos o debajo de la nuez, conocido este último con el nombre de Madison (imagen) por la actriz porno Madison Stone, que lo popularizó (si bien la primera persona conocida en llevarlo fue Rasmus Nielson). Asimismo, los piercings en los pezones (nipples) y el ombligo gozan de gran popularidad entre ambos sexos, particularmente entre las mujeres en lo que respecta a los últimos (el navel, que atraviesa la mitad superior de la circunferencia del ombligo, es el más extendido). La combinación de varios piercings en los pezones es conocida bajo el nombre de nipple pocketing.

En último lugar, estarían los piercings localizados en los genitales. Para ellas, las alternativas consisten en situarlos en los labios mayores (majora u outer) o menores (minora o linner) o en el clítoris, atravesándolo vertical u horizontalmente de forma completa (clit) o parcial (hood). Otras opciones femeninas son el venus, Rageina, Catherine o Christina (con el nombre de quien lo llevó por primera vez, se sitúa en el pubis; si es horizontal, se conoce como Layne, por la artista lady Layne D'Angelo), el triángulo (bajo el clítoris), el fourchette (en la unión inferior de los labios mayores) y el princesa Albertina (atravesando la uretra). Para ellos, la aristocracia también se encuentra presente en la figura del príncipe Alberto (en 'honor' a Alberto de Sajonia, de quien se decía que poseía un piercing así, es el equivalente masculino del último mencionado, que también se coloca a veces en el ano con el nombre de príncipe Carlos), amén de otros piercings, como el púbico, el foreskin (atravesando el prepucio), el dydoe (atravesando el borde superior del glande), el ampallang (atravesando horizontalmente el glande; combinado con el siguiente, forma la cruz mágica o magic cross), el apadravya (atravesando verticalmente el glande, como una especie de combinación entre el príncipe Alberto y su variante inversa; dado que hace el sexo más placentero para ambos, también se le conoce como happydravya), el speed bumps o frenum (en el frenillo), el low frenum o lorum (al final del pene, encima del escroto), el hafada (en el escroto) y el guiche o guigue (bajo el escroto, en el espacio entre éste y el ano; también lo llevan algunas mujeres).


Además de todos éstos, existen otros piercings menos habituales, como el de la barbilla (chin), el de la clavícula (collarbone), el handweb (atravesando la unión entre el pulgar y el índice), el finger ring (que simula ser un anillo en torno al dedo, como se aprecia en la imagen superior), el transfinger (atraviesa de lado a lado el dedo), entre los nudillos (knuckle), el mordisco de vampiro o vampire bite (a un lado del cuello), el corsé (varios piercings alineados a ambos lados de la espalda y unidos por lazos, como si fuera un corsé), el flesh coil o espiral, los encadenados (chained), los escalonados o ladder (es decir, varios piercings alineados como una escalera), los orbitales (dos piercings unidos por un anillo, como en la imagen inferior), los microdermales, los musculares o las dilataciones, que sí comienzan a verse más a menudo en la actualidad.

Entre los realmente peculiares, pueden mencionarse el eyelid (atravesando el párpado), el Ragnar (snug transversal llevado por vez primera por Thure Ragnar Stedt), el UFO (unión orbital de un rook y un hélix; su nombre, traducción inglesa de OVNI, hace referencia a su carácter orbital), el Ashley (labret vertical tipo angel kiss que, en lugar de atravesar el labio inferior hacia afuera, lo hace hacia adentro), el low labret o lowbret (labret situado lo más bajo posible), el Nick (lowbret inverso con el nombre de quien lo hizo y también de quien lo llevó por primera vez, tocayos ambos), el de la úvula, el Sprung (que atraviesa la mandíbula desde debajo de la lengua hasta debajo de la barbilla y lleva el nombre de su primer usuario conocido), el prayer (surface en el dorso de la mano especialmente visible cuando se unen las palmas de las manos, como cuando se reza), el del himen, el Isabella (barra que atraviesa desde el pubis femenino hasta la uretra), el Nefertiti (combinación del hood y el Christina así llamada por su belleza, equiparable a la de la faraona egipcia), el scrunty (atravesando la uretra femenina), el apadydoe (combinación orbital de un apadravya y un dydoe), el halfadravya (medio apadravya), el dolphin (un príncipe Alberto unido a otro aún más profundo, lo que le da aspecto de delfín; hay una variante dilatada cuyo creador denominó killer whale), el witch (atravesando el pie de arriba abajo por las uniones de los dedos; su nombre proviene de la antigua creencia de que quienes nacían con los dedos unidos eran brujos), el Aquiles (atravesando el talón de Aquiles) y otros llamados piercings extremos.



FUENTES COMPLEMENTARIAS: FACEBOOK, URBANSTYLE, CUERPO Y ARTE, ELCUERPO.ES
22 ene 2012 | Por: Nacho

Jet set

Como todos sabemos, la jet set (o sólo jet) es la elite sociocultural y económica de la sociedad. Sin embargo, ¿por qué esta denominación?

Entre 1920 y 1930, la alta sociedad pasó a ser conocida como café society, término ideado por el periodista Lucius Beebe, del NY Herald Tribune, quien había observado la costumbre de esta clase social de reunirse en los cafés y restaurantes más fashion de las capitales mundiales. Esta expresión fue muy popular hasta mediados de siglo, cuando otro periodista, Igor Cassini, del NY Journal American, acuñó el neologismo jet set, que hacía referencia, por una parte, a la capacidad financiera de este sector de la sociedad, capaz de viajar a menudo – a veces incluso a bordo de jets privados o alquilados –, y, por otra parte, al carácter casi estamental de su posición (en inglés, set significa fijo).

Otras formas de nombrar a la clase alta son beautiful people (gente guapa, inventado por la conocida revista de moda Vogue en alusión al círculo de JFK), bright young people (gente joven brillante, lo que hoy en día serían los jóvenes emprendedores) y, por supuesto, gente bien (voz surgida de la supresión del participio que acompañaba a bien, por ejemplo bien vestida, bien hablada, etc.).


FUENTE: WIKIPEDIA

Palomitas

No hay mayor placer tras gastarse ocho eurazos en el cine que comprar unas palomitas para ver durante la proyección. Pero, ¿por qué palomitas y no, por ejemplo, zanahorias? La razón la encontramos en la Historia:

La primera proyección cinematográfica, de los hermanos Lumière (imagen), tuvo lugar en Lyon en 1895. Pronto, la técnica se extendió a Gran Bretaña y, desde allí, a EEUU, hasta que en 1927 nació el cine sonoro y, con él, el doblaje de la mano de Paramount Pictures. Por tanto, la época de esplendor del cine podría situarse en torno a esta década. ¿Y qué sucedía en EEUU por aquel entonces? Que el American way of life comenzaba a venirse abajo después de que los norteamericanos hubieran estado 'viviendo por encima de sus posibilidades', lo que trajo consigo una de las mayores crisis de toda la Historia: la Gran Depresión.

Tal y como estaban las cosas, el cine se convirtió en el único medio de entretenimiento y evasión asequible para los bolsillos de los miles de parados. Y, por avatares del destino, el chicagüense Charles Cretors había inventado a finales del siglo XIX la máquina comercial para fabricar palomitas de maíz, materia prima más que abundante en el continente, gracias a lo cual se pudo comercializar un producto baratísimo, sabroso y, en consecuencia, muy popular (si bien demasiado calórico, lo que ha motivado que el presidente de Sony Pictures propusiera una oferta de snacks sanos, como yogures o copas de frutas) . De esa forma, cuando llegó la hiperinflación, en vez de desaparecer la costumbre de consumir palomitas (que a su vez había sustituido al castizo y engorroso cucurucho de pipas), dado que su precio no había aumentado, sirvió de incentivo para que la gente siguiera yendo a los cines, aunque fuera sólo por llenarse un poco el estómago. Además, al ser un alimento salado, los vendedores tuvieron la gran idea de comenzar a vender también refrescos, obteniendo unos ingresos desmesurados.

Más tarde, en la década de los '50, Jim Vicary comenzó a experimentar con los famosos mensajes publicitarios subliminales en los cines de EEUU, con unos resultados espectaculares: un aumento del 18% del consumo de Coca-Cola y una demanda de palomitas en torno a un 57,5% superior. Aunque pronto esta clase de prácticas fueron tajantemente prohibidas –a pesar de que posteriormente el propio Vicary admitió el montaje–, la costumbre de tomar palomitas durante una película quedó tan arraigada que aún hoy en día es uno de los alimentos más consumidos incluso en proyecciones particulares (películas en casa, partidos de fútbol, etc.).


Por si os interesa, aparte de paloma y palomita (por su forma), este alimento también es conocido en español como momochtli (idioma náuhatl), popcorn (en inglés, maíz que salta)/porcor/poscon, pochoclo (pop + choclo), pururú/pororó (en guaraní, explotar), poporocho/poporopo, pipoca, flor (por su forma), rosa/roseta/rosita (por su forma), rosca/rosquita, cabrita, crispeta/crispete, cotufa (del inglés corn to fry = maíz para freír), canguil, cancha/canchita, cocaleca, ancua, millo, gallito, tostón y pajareta (por su forma).


FUENTES: WIKIPEDIA, MUY INTERESANTE DIGITAL
21 ene 2012 | Por: Nacho

Testigo

Ya basta de hablar de gastronomía y volvamos a lo mío: el Derecho. Y hoy con una palabra bien interesante cuyo origen no recordé hasta hoy. ¿Sabéis de dónde viene la palabra testigo? ¡Ahora lo descubriréis!

Como siempre, el primer paso para encontrar la etimología de una palabra es acudir al omnipresente DRAE, que nos relaciona testigo con testiguar, del latín testificare (testis facere = hacer testigo). Esta raíz, testis, a su vez procedería, según unos, de testa (cabeza), de tal modo que el testigo sería quien da la cara, quizá a riesgo de perder su cabeza; además, testa también designa a un tipo de vaso para beber vino, lo cual enlaza magníficamente la labor del testigo sincero con el famoso proverbio latino "In vino veritas" ("En el vino está la verdad") de Plinio 'el Viejo'. Según otros, provendría de tristis (tri sti = estar tercero), traducible del indoeuropeo como "tercero que se mantiene al margen", hipótesis bastante atrevida que algunos han llevado incluso más lejos al relacionarla con la palabra triste – por la congoja que puede causar o transmitir la situación al testigo – o la inglesa tree (árbol), ya que ese tercero se quedaría al margen del conflicto como si se tratara de un árbol (absurdo).

Por otro lado, es muy popular la teoría que defiende una supuesta evolución fonética de testigo desde el latín testiculus (testículo), ya que en la Antigua Roma existía la costumbre de que, al realizar un juramento ante iguales o superiores (nunca ante inferiores, al igual que con los saludos), en vez de usar una Biblia o Constitución, en aquel entonces inexistentes (e irrelevantes), los hombres se apretaran sus partes, como diciendo "Juro por éstos que digo la verdad" (y, quizá, si se descubría un falso testimonio, éstos desaparecieran...), lo cual, sea dicho, recuerda a aquello ya comentado en este blog de 'por huevos'. También es curioso cómo hay quienes opinan que, realmente, ya que testiculus sería el diminituvo de testis (lo mismo ocurre con palabras como caniculus [perrito] > canijo, homunculus [hombrecillo] > homúnculo o Calígula [botitas]), podría venir a significar algo así como testiguitos (pequeños testigos), cabecitas o vasitos (recordad los múltiples significados de testis).

De igual modo, la relación testigo-testículo remite a la costumbre eclesiástica, jamás confirmada por la Iglesia, de comprobar la virilidad de los futuros papas o papables palpándoles sus intimidades (de hecho, el eminente Corominas opinaba que testiculus significaría testigo de la virilidad, y, efectivamente, aún hay mucho machito que se reafirma apretándose la entrepierna). Supuestamente, el cardenal candidato a papa (Pedro Apóstol Pontífice Augusto) había de sentarse en una silla agujereada, de modo que el cardenal más joven del cónclave –según otras versiones, todos los cardenales– pudiese realizar la comprobación y confirmar que todo estaba en orden con la escatológica fórmula "Duos habet et bene pendebant" ("Tiene dos y cuelgan bien"), evitando así que la leyenda de la papisa –que no Mama, como dicen algunos– Juana (imagen) se hiciera realidad. Y, llegados aquí, soy incapaz de ahorrarme una anécdota: se dice que la susodicha tuvo un hijo frente a la Iglesia de San Clemente, lo cual le valió una horrible muerte por parte de las autoridades romanas. La impostora no fue incluida en el listado de sumos pontífices (o, mejor dicho, fue sustituida por su 'tocayo' Juan VIII) y, tras su muerte, se declaró un ayuno de cuatro días (ayuno de la papisa) y se escribió junto a su tumba la siguiente aliteración (que suena a trabalenguas): "Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum" ("Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa"). Por ese motivo, según cuentan, las procesiones siempre han rehuido dicho lugar (evasión que sí está constatada), ya que los papas lo detestan* (dei testi, es decir, poner a los dioses de testigos de un exabrupto, acepción aún recogida en el DRAE).

*Lo admito: me ha costado meterlo.


FUENTES COMPLEMENTARIAS: ELCASTELLANO.ORG, PATYP SCRIPTORIUM
12 ene 2012 | Por: Nacho

Más chulo que un ocho

Aunque hoy en día esta expresión ya ha pasado bastante de moda, aún podemos decirla sin que la gente nos mire raro. Y lo único mejor que su evidente sonoridad es su origen, que se remonta al Madrid castizo de comienzos del siglo XX:

Según la mayoría, este dicho se popularizó a causa del antiguo tranvía número 8 de Madrid, que cubría la distancia que separa la Puerta del Sol de San Antonio de la Florida, en la ribera del Manzanares, frente a cuya ermita se celebraban las famosas verbenas madrileñas, a las que acudían todos los chulos de la ciudad con su característica vestimenta de chulapos.

Sin embargo, me ha parecido muy interesante una curiosa teoría alternativa que sostiene que el dicho completo sería "Es más chulo que un ocho, que de pie vale por ocho y tumbado es infinito". Aunque la primera teoría parece mucho más adecuada, lo cierto es que ésta también tiene su gracia, ¿no?


FUENTE: EMI CANTERO

FUENTE COMPLEMENTARIA: 1DE3.ES
4 nov 2011 | Por: Nacho

Suerte

La suerte es un concepto abstracto de difícil comprobación. Personalmente, considero que la buena y la mala suerte no son más que meras coincidencias con una base de superstición y algo de fobia. Sin embargo, no deja de resultar interesante zambullirse en este apasionante tema que, inconscientemente, tanto nos influye, por lo que allá va un exhaustivo resumen sobre los principales elementos que afectan a la suerte:

Animales:
  • Gato: Es curioso que en la actualidad se considere a los gatos negros fuente de mal agüero. Ello se debe a que en la Edad Media se comenzó a asociar a los gatos negros con la brujería (se les consideraba brujas metamorfoseadas), entre otros motivos, porque solían perseguir a ancianas que más tarde eran acusadas de brujas, lo cual no resulta extraño si se considera que estas mujeres solían responder al perfil de la típica mujer mayor solitaria que da de comer a los gatos callejeros. La mayoría de países en los que se practicó la caza de brujas y gatos creen hoy en día  que cruzarse en el camino con un gato negro trae mala suerte, como es el caso de las actuales España, Italia, República Checa, Rumanía, Moldavia, Serbia, Montenegro, algunas zonas de Irlanda y EEUU; lo mismo sucede en los países de tradición hebrea, babilónica o hindú, donde se les asocia a la serpiente, otro animal de fama variable. Sin embargo, en algunos países europeos, especialmente los territorios del Reino Unido (y, sobre todo, entre marineros y pescadores, aunque no siempre), se consideraba que los gatos traían buena suerte, situación que quizá haya menguado en la actualidad; asimismo, los antiguos egipcios y romanos creían que el gato era un animal sagrado que representaba a la diosa Bastet (también conocida como Diana y Artemisa).

    • Elefante: Seguramente por influencia del hinduísmo, religión en la que el elefante es el símbolo del dios Ganesha, siempre se ha considerado de buena suerte poseer amuletos en los que figure un elefante, sobre todo si se trata de figurillas con la trompa doblada hacia arriba y hacia atrás (para que no se escape la suerte). Antiguamente, cuando aún se estilaba la caza de los elefantes africanos, el marfil de sus colmillos y sus crines se convirtieron en un cotizado objeto de gran valor monetario y mágico.

      • Mariquita: Al igual que encontrarse una mariquita es signo de buena ventura, matar a una puede ser lo último que hagamos antes de que una desgracia caiga sobre nosotros. Lo mismo se dice de matar a una araña dentro de casa o, entre marineros, de matar a un albatros o una marsopa.

        • Pájaros: En general, los pájaros por sí mismos no son indicantes de ningún tipo de suerte. Cuando una persona tiene la "suerte" de recibir en su cabeza los excrementos de un ave, lejos de lo que pudiera parecer, se considera que dicha persona tendrá buena suerte (igual ocurre al pisar por error un excremento). Sin embargo, las urracas y los pájaros que entran por la ventana simbolizan la muerte de alguien cercano, y todo lo relacionado con la muerte (tumbas, cementerios, etc.) y las desgracias, se supone, trae mala suerte.

          • Conejo: Debido a su rápida reproducción, se considera que los conejos son un símbolo de fertilidad que favorece a las cosechas y a las personas. Las patas de conejo traen suerte (igual que las manos de mono conceden deseos como si fueran lámparas maravillosas, si bien con graves consecuencias) y protegen del mal de ojo, mientras que matar a un conejo sólo puede acarrear desgracias. Según los celtas, cada pueblo estaba asociado a un animal que no podía ser cazado; en el caso de los españoles y portugueses, ese animal es el conejo (de hecho, el nombre actual de España procede de la expresión fenicia equivalente a isla de conejos, ya que nunca antes habían visto a este animal antes de llegar a la Península).

            • Búho: Encontrar un búho y mirarle sin asustarlo trae suerte de por vida. Por ese motivo, los amuletos en forma de búho atraen a la fortuna económica, pero encontrar a un búho muerto o enfermo no trae más que traiciones y rechazo social.

            • Ratón: A pesar de su mala fama, los hindúes consideran a la rata un animal sagrado por ser el medio de transporte de Ganesha (lo que contradice la conocida supuesta musofobia de los elefantes) y los antiguos romanos creían de buen agüero cruzarse con una blanca, pero no así con una negra. También guarda una posición de honor en la cultura china, en cuyo horóscopo se sitúa a la cabeza primer año chino como símbolo de riqueza, inteligencia, adaptabilidad y, por supuesto, suerte.

            Números:
            • Cuatro: A consecuencia de su fonética, similar en chino y japonés a la palabra muerte, es un número de mal presagio en dichos países (igual que ocurre con los colores blanco y morado, respectivamente asociados al luto en dichas regiones). De hecho, no es raro encontrar edificios sin cuarta planta (la numeración pasa del tres al cinco, cosa que también sucede en Europa y EEUU con el número trece en menor medida) o recelar de regalos compuestos de cuatro partes. En el cristianismo, este número representa a los jinetes del Apocalipsis, pero también a los evangelistas. También es símbolo de los puntos cardinales, los elementos terrestres, las nobles verdades del budismo y el dios Júpiter. Igualmente, se dice que quien halle un trébol de cuatro hojas (cada una de las cuales simboliza un componente básico de la felicidad, a saber: amor, salud, prosperidad y buena fortuna o, según otros, esperanza, fe, amor y suerte) encontrará la felicidad y le acompañará la suerte. Esto se debe a que los druidas de la antigua Inglaterra creían que el poseedor de semejante trébol podía ver y reducir la influencia de los demonios. También se dice que, antes de irse del Paraíso tras ser expulsada, Eva recogió un trébol de este tipo.

              • Seis: Primer número perfecto y tercer número triangular. Para algunos, simboliza la armonía perfecta, la belleza y el amor eterno (razón por la cual existen bastantes nombres propios de seis letras); sin embargo,  como sucede con el número ocho, es más habitual su concepción como número de mal augurio, ya que, según la Biblia, no existe número más imperfecto (le falta uno para llegar al siete, verdadero número perfecto). Por ese motivo, la bestia más imperfecta de todas, el diablo, se asocia con el número 666 (número de la bestia).

                • Siete: Número de la suerte por excelencia. En la Biblia, simboliza la suma de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) más la Santa Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), motivo por el cual ambos números son también de especial importancia en el cristianismo; en el mismo libro, el siete es usado como número mágico, simbólico e indeterminado. Culturalmente, se ve reflejado en muchísimas realidades: las vidas de un gato (al menos en Europa, ya que en EEUU se dice que poseen nueve y los árabes lo dejan en seis), las Siete Maravillas del Mundo, los Siete Mares, los sacramentos, los chakras, los pecados capitales, los días de la semana, las notas musicales, los colores del arcoiris, los enanitos de Blancanieves... Las herraduras, otro símbolo de buena suerte desde que, según la leyenda, san Dunstan herrera al diablo, causándole tal dolor que juró no volver a entrar en una casa con una herradura colgada sobre el umbral de la puerta, se dice que son aún más efectivas cuando tienen siete clavos.

                  • Nueve: Existe la leyenda urbana de que los compositores de sinfonías fallecen poco tiempo después de terminar su novena obra. Así sucedió con L. van Beethoven, F. Schubert, A. Bruckner,  A. Dvorak, G. Mahler y R. V. Williams. No obstante, no deja de ser un bulo numerológico, como explica con un juego de palabras malísimo, por cierto Zrubavel en su blog. También es un número de mal fario entre los nipones.

                    • Trece: La mala fama del número trece se remonta al zodiaco persa y a la mitología nórdica, concretamente a una cena a la que fueron invitados doce dioses; Loki (imagen), dios malévolo hijo del gran Odín, que se había colado, fue expulsado, no sin antes luchar, con el resultado de la muerte de  su hermano Balder, favorito de los dioses. ¿Se os ocurre algún otro ejemplo legendario de una cena con trece comensales que se saldó con la vida del favorito de los dioses a causa de los actos del decimotercer comensal? A esto hay que añadir la tradicional aversión europea al martes, debida a su asociación con el dios romano de la guerra Marte (recordad, para líneas posteriores, el dicho: "En martes, ni te cases ni te embarques"); en el caso del mundo anglosajón, el día de mala suerte es el viernes, ya que Jesucristo fue crucificado ese día de la semana. A consecuencia de lo anterior, los martes/viernes 13 son considerados popularmente como los días de peor suerte de todo el año.

                      • Veintisiete: Robert Johnson, Brian Jones (The Rolling Stones), Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison (The Doors), Leslie Harvey (Stone the Crows), Kristen Pfaff (Hole), Kurt Cobain (Nirvana), Rodrigo Bueno y, recientemente, Amy Winehouse. ¿Qué tienen en común? Todos fueron músicos y todos murieron a los 27 años de edad. Esta maldición, que inicialmente se atribuía exclusivamente a los rockeros, ha sido ampliada por algunos con otros nombres, como los actores Brandon Lee, Jonathan Brandis, Johnny Palermo y Justin Mentell.

                      • Cuarenta y tres: Otro número prohibido para los japoneses, ya que se pronuncia igual que nacimiento muerto. En los hospitales de Japón, la sala de maternidad número 43 es evitada a toda costa por las parturientas debido a ello. Como podéis ver, los asiáticos son incluso más supersticiosos que los europeos. Si queréis más información al respecto, disponéis de algunas particularidades de los japoneses aquí.

                      Festividades:
                      • Navidad: Cada Nochevieja, los españoles tomamos doce uvas al son de las campanadas que marcan la medianoche. Si bien es cierto que esta tradición se popularizó en 1909 por un excedente de producción de uvas (menos mal que no ha ocurrido ahora con los pepinos), su origen es mucho anterior, pues existen referentes de dicha costumbre que datan del siglo XIX, cuando los aristócratas galogermánicos celebraban la festividad con uvas y champán. Cuando el alcalde madrileño José Abascal trató de impedir la celebración de fiestas en las calles durante la Navidad, algunos ciudadanos se congregaron en la Puerta del Sol a comer las uvas (imagen), haciendo burla de la burguesa costumbre. Con el tiempo, esta práctica se extendió al resto del país (otros tienen sus propias costumbres), llegando a decirse que no hacerlo supondría un año de mala suerte. De hecho, también es típico brindar con un anillo u otra joya de oro en la copa de champán tras las campanadas (jamás con agua), así como vestir ropa interior roja y dar un pisotón con el pie derecho (empezar el día con el pie izquierdo, así como todo lo relacionado con dicho lado, trae mala suerte) a la duodécima campanada, simbolizando la entrada en el año nuevo con buen pie. Otro buen augurio en Navidad, según la tradición española, es encontrar la figurita del roscón de Reyes, bollo típico que se suele tomar el 6 de enero, Día de Reyes.

                      • Cumpleaños: Tradicionalmente, se dice que si se apagan todas las velas de la tarta de un soplido, costumbre antiquísima, el deseo pedido se hará realidad. Lo mismo sucede, aunque no tenga relación, si se pide un deseo nada más ver una estrella fugaz.

                      • Boda: Posiblemente, las bodas sean los ritos donde más intervienen el protocolo y la superstición: desde llevar huevos a las Clarisas (orden religiosa) para que haga buen tiempo hasta que ella vista de blanco y lleve algo azul, algo prestado y algo nuevo (o algo viejo, o ambos; depende de la región). También se considera de buena suerte el intercambio de alianzas (que se colocan en el dedo anular, por donde supuestamente pasa la vena amoris), recoger el ramo tirado por la novia (se dice que la que lo recoja será la próxima en casarse), bombardear sin piedad lanzar arroz (siempre después de la ceremonia) y no ver a la novia hasta la ceremonia (tampoco ella misma en el espejo), entre otras creencias. Dado lo novedoso del matrimonio homosexual, la mayoría de estas tradiciones aún no se han adaptado a esta nueva realidad.

                      Gremios:
                      • Marineros: Aparte de lo ya dicho en líneas anteriores, este colectivo especialmente supersticioso consideraba desafortunado llevar mujeres, curas (en general, todo lo religioso), fineses, difuntos, animales peludos o algo azul a bordo. Igualmente, no se podía partir los martes/viernes (depende del ámbito geográfico), el primer lunes de abril (día en que Caín mató a Abel), el segundo lunes de agosto (día en que Dios castigó a Sodoma y Gomorra) o el 31 de diciembre. El canto de un gallo, un tiburón siguiendo al navío o la iluminación de un tripulante por los fuegos de san Telmo (rara luminiscencia de origen atmosférico generalmente asociada a la buena ventura, imagen), eran signos de muerte inminente. Tampoco resultaba aconsejable decir conejo o cerdo, ver fallecimientos por ahogamiento, entregar una bandera a través de los travesaños de una escalera, ponerse la ropa de un fallecido antes de terminar la travesía o llevar flores, plátanos o paraguas (en general, recordad que los paraguas se asocian a la mala suerte, ya que los antiguos paraguas de las clases bajas británicas eran tan rígidos que, al abrirse en espacios reducidos, podían ocasionar muchos accidentes, por lo que hoy en día se considera de mal fario abrir un paraguas bajo un techo o que se dé la vuelta a causa del viento). Si se silbaba o hacía sonar el cristal de una copa o si una gaviota o petrele se posaba en la borda, pronto llegaría una tormenta.
                      • Por otro lado, era recomendable botar el navío con champán al bautizarlo en referencia a una antigua costumbre vikinga (ni que decir tiene que un barco sin nombre sería perseguido por la mala suerte) y no cambiar jamás el nombre, a pesar de que los piratas lo hicieran en ocasiones por necesidad o capricho. Como amuletos, se usaban aletas de tiburón, plumas de reyezuelo (protección contra naufragios y ahogamientos por un año), aros metálicos en las orejas (para evitar las tormentas), una moneda bajo el palo mayor (tal vez como pago preventivo al infernal barquero Caronte, aunque también era usual lanzar una moneda por la borda para evitar tormentas), una estrella polar dibujada o adornos varios en el mascarón de proa. Igualemente habitual era tatuarse un crucifijo en la espalda, ya que así nadie osaría castigar al marinero con latigazos (y, de hacerlo, éstos sin duda se desviarían).

                      • Actores: Normalmente, el simple hecho de desear buena suerte, irónicamente, atrae a la mala suerte, sobre todo si a esto se contesta con un "Gracias". Esto es especialmente notable entre los actores de teatro, que, de hecho, se desean unos a otros mucha mierda o romperse una pierna. No tan supersticiosos como los marineros pero sí más que la mayoría, tampoco se recomienda llevar ropa o complementos amarillos en el escenario, ya que el gran actor y dramaturgo francés Molière (imagen) falleció interpretando su obra El enfermo imaginario (aunque, si murió, no lo sería tanto) vestido con una bata de este color. En consecuencia, la obra pasó a formar parte de la larga lista de obras malditas, entre las que destaca Macbeth, cuyo nombre ni siquiera se suele pronunciar. En España, son obras prohibidas la zarzuela La tempestad de R. Chapi y La leyenda del beso de R. Soutullo y J. Vert. Tampoco se consideran positivos la presencia de un clarinete entre la orquesta, el uso de una Biblia real en la obra o que el servicio de limpieza olvide una escoba sobre el escenario (puesto que ahuyenta al público, lo barre).

                      Otros: Además de determinados símbolos y amuletos mágicos y religiosos (que pueden ser plantas, piedras, esencias u otros objetos), aleja la mala suerte escupir (a veces acompañado de tres vueltas sobre uno mismo), tocar madera (costumbre druídica transmitida a los griegos, que consideraban en concreto que los robles eran moradas de los dioses, ya que eran frecuentemente alcanzados por los rayos), colocar gárgolas en las iglesias (pues alejan al Diablo), cruzar los dedos (no se sabe si en referencia a la cruz cristiana, a un antiguo gesto pagano o nórdico o a uno de los arqueros medievales), decir Jesús o salud cuando alguien estornuda (bendice contra la peste y evita que el Demonio se cuele a través de la boca; por ese motivo, también es bueno taparse la boca al bostezar), pisar tres veces un cuchillo que se ha caído (si no, se atrae a la mala suerte), echar sal sobre el hombro (no así derramar sal sobre la mesa, ya que la sal es un símbolo de amistad y, además, antiguamente era de gran valor; y tampoco pasar la sal de mano en mano), poner una escoba del revés contra la puerta (para que, si entra una bruja, no se pueda resistir a cogerla y salir volando), no poner el bolso en el suelo (porque se va el dinero), regalar una figura de una brujita, amueblar la casa siguiendo los principios del feng shui, colocar flores en las tumbas y honrar a los muertos. También traen buena fortuna los cuadrados mágicos (tablas de números que en horizontal, vertical y diagonal suman siempre lo mismo), los sólidos platónicos (tetraedro, cubo, octaedro, icosaedro y dodecaedro), el número π, la proporción áurea, encontrar una moneda brillante o con la cara hacia arriba (si se recoge una moneda con la cara hacia abajo, se debe regalar), tirar monedas a un pozo o fuente, tocar la chepa de un jorobado, soplar una pestaña o un diente de león y quedarse con la parte grande de la fúrcula o hueso de la suerte de un ave (imagen superior).

                      Por su parte, es de mala suerte romper un espejo (superstición grecolatina relacionada con la adivinación del futuro: si el reflejo de una persona se rompía, significaba que no había futuro para dicha persona; como se creía en la renovación de la salud cada siete años, romper un espejo provoca esos años de mala suerte), poner un sombrero sobre la cama o unos zapatos (sobre todo si son nuevos) sobre la mesa, los cuadros torcidos o caídos (muerte inminente), encender un cigarro con una vela (insulto a los espíritus) o tres con una misma cerilla (se dice que en cierta guerra un soldado vio la llama de una cerilla encendida por un enemigo, apuntó cuando se la pasó al segundo y disparó alcanzando al tercero), pasar bajo un andamio o escalera (ya que ésta forma un triángulo con la pared, símbolo divino; además, a los reos franceses del siglo XVII se les hacía caminar bajo una escalera, puede que en alusión a la escalera que se apoyó en la cruz de Jesucristo para bajarle), derramar vino o champán sobre la mesa (en el primer caso, se debe untar un poco de vino sobre la frente; en el segundo, champán sobre el lóbulo de la oreja), dejar las tijeras abiertas (quizá en referencia a las tijeras de las Moiras o Parcas de la Antigua Grecia), conservar una escoba tras mudarse (arrastra las desgracias de la casa anterior) o barrer los pies de una soltera o viuda, pisar una grieta, una junta entre baldosas o una tumba, ser mirado por un tuerto o un gitano, cruzarse con un pelirrojo (para contrarrestarlo, se debe tocar un botón de la propia camisa), recibir jugando al póker la llamada mano del muerto (dos ochos, dos ases y otra carta, la mano del pistolero Wild Bill Hickok antes de morir), ver una rata o bruja negra (tipo de mariposa) y, por supuesto, ser maldito.

                      ¡Gracias, mamá y Miguel!

                      FUENTES: 20 Minutos, nº. 2703. "La revista", pg. 14. Grupo 20 Minutos. Madrid, 2011;
                      WIKIPEDIA, EL VIGÍA

                      FUENTES COMPLEMENTARIAS: SOBRE LEYENDAS, MADRID OCULTO