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21 ene 2012 | Por: Nacho

Testigo

Ya basta de hablar de gastronomía y volvamos a lo mío: el Derecho. Y hoy con una palabra bien interesante cuyo origen no recordé hasta hoy. ¿Sabéis de dónde viene la palabra testigo? ¡Ahora lo descubriréis!

Como siempre, el primer paso para encontrar la etimología de una palabra es acudir al omnipresente DRAE, que nos relaciona testigo con testiguar, del latín testificare (testis facere = hacer testigo). Esta raíz, testis, a su vez procedería, según unos, de testa (cabeza), de tal modo que el testigo sería quien da la cara, quizá a riesgo de perder su cabeza; además, testa también designa a un tipo de vaso para beber vino, lo cual enlaza magníficamente la labor del testigo sincero con el famoso proverbio latino "In vino veritas" ("En el vino está la verdad") de Plinio 'el Viejo'. Según otros, provendría de tristis (tri sti = estar tercero), traducible del indoeuropeo como "tercero que se mantiene al margen", hipótesis bastante atrevida que algunos han llevado incluso más lejos al relacionarla con la palabra triste – por la congoja que puede causar o transmitir la situación al testigo – o la inglesa tree (árbol), ya que ese tercero se quedaría al margen del conflicto como si se tratara de un árbol (absurdo).

Por otro lado, es muy popular la teoría que defiende una supuesta evolución fonética de testigo desde el latín testiculus (testículo), ya que en la Antigua Roma existía la costumbre de que, al realizar un juramento ante iguales o superiores (nunca ante inferiores, al igual que con los saludos), en vez de usar una Biblia o Constitución, en aquel entonces inexistentes (e irrelevantes), los hombres se apretaran sus partes, como diciendo "Juro por éstos que digo la verdad" (y, quizá, si se descubría un falso testimonio, éstos desaparecieran...), lo cual, sea dicho, recuerda a aquello ya comentado en este blog de 'por huevos'. También es curioso cómo hay quienes opinan que, realmente, ya que testiculus sería el diminituvo de testis (lo mismo ocurre con palabras como caniculus [perrito] > canijo, homunculus [hombrecillo] > homúnculo o Calígula [botitas]), podría venir a significar algo así como testiguitos (pequeños testigos), cabecitas o vasitos (recordad los múltiples significados de testis).

De igual modo, la relación testigo-testículo remite a la costumbre eclesiástica, jamás confirmada por la Iglesia, de comprobar la virilidad de los futuros papas o papables palpándoles sus intimidades (de hecho, el eminente Corominas opinaba que testiculus significaría testigo de la virilidad, y, efectivamente, aún hay mucho machito que se reafirma apretándose la entrepierna). Supuestamente, el cardenal candidato a papa (Pedro Apóstol Pontífice Augusto) había de sentarse en una silla agujereada, de modo que el cardenal más joven del cónclave –según otras versiones, todos los cardenales– pudiese realizar la comprobación y confirmar que todo estaba en orden con la escatológica fórmula "Duos habet et bene pendebant" ("Tiene dos y cuelgan bien"), evitando así que la leyenda de la papisa –que no Mama, como dicen algunos– Juana (imagen) se hiciera realidad. Y, llegados aquí, soy incapaz de ahorrarme una anécdota: se dice que la susodicha tuvo un hijo frente a la Iglesia de San Clemente, lo cual le valió una horrible muerte por parte de las autoridades romanas. La impostora no fue incluida en el listado de sumos pontífices (o, mejor dicho, fue sustituida por su 'tocayo' Juan VIII) y, tras su muerte, se declaró un ayuno de cuatro días (ayuno de la papisa) y se escribió junto a su tumba la siguiente aliteración (que suena a trabalenguas): "Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum" ("Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa"). Por ese motivo, según cuentan, las procesiones siempre han rehuido dicho lugar (evasión que sí está constatada), ya que los papas lo detestan* (dei testi, es decir, poner a los dioses de testigos de un exabrupto, acepción aún recogida en el DRAE).

*Lo admito: me ha costado meterlo.


FUENTES COMPLEMENTARIAS: ELCASTELLANO.ORG, PATYP SCRIPTORIUM
4 nov 2011 | Por: Nacho

Suerte

La suerte es un concepto abstracto de difícil comprobación. Personalmente, considero que la buena y la mala suerte no son más que meras coincidencias con una base de superstición y algo de fobia. Sin embargo, no deja de resultar interesante zambullirse en este apasionante tema que, inconscientemente, tanto nos influye, por lo que allá va un exhaustivo resumen sobre los principales elementos que afectan a la suerte:

Animales:
  • Gato: Es curioso que en la actualidad se considere a los gatos negros fuente de mal agüero. Ello se debe a que en la Edad Media se comenzó a asociar a los gatos negros con la brujería (se les consideraba brujas metamorfoseadas), entre otros motivos, porque solían perseguir a ancianas que más tarde eran acusadas de brujas, lo cual no resulta extraño si se considera que estas mujeres solían responder al perfil de la típica mujer mayor solitaria que da de comer a los gatos callejeros. La mayoría de países en los que se practicó la caza de brujas y gatos creen hoy en día  que cruzarse en el camino con un gato negro trae mala suerte, como es el caso de las actuales España, Italia, República Checa, Rumanía, Moldavia, Serbia, Montenegro, algunas zonas de Irlanda y EEUU; lo mismo sucede en los países de tradición hebrea, babilónica o hindú, donde se les asocia a la serpiente, otro animal de fama variable. Sin embargo, en algunos países europeos, especialmente los territorios del Reino Unido (y, sobre todo, entre marineros y pescadores, aunque no siempre), se consideraba que los gatos traían buena suerte, situación que quizá haya menguado en la actualidad; asimismo, los antiguos egipcios y romanos creían que el gato era un animal sagrado que representaba a la diosa Bastet (también conocida como Diana y Artemisa).

    • Elefante: Seguramente por influencia del hinduísmo, religión en la que el elefante es el símbolo del dios Ganesha, siempre se ha considerado de buena suerte poseer amuletos en los que figure un elefante, sobre todo si se trata de figurillas con la trompa doblada hacia arriba y hacia atrás (para que no se escape la suerte). Antiguamente, cuando aún se estilaba la caza de los elefantes africanos, el marfil de sus colmillos y sus crines se convirtieron en un cotizado objeto de gran valor monetario y mágico.

      • Mariquita: Al igual que encontrarse una mariquita es signo de buena ventura, matar a una puede ser lo último que hagamos antes de que una desgracia caiga sobre nosotros. Lo mismo se dice de matar a una araña dentro de casa o, entre marineros, de matar a un albatros o una marsopa.

        • Pájaros: En general, los pájaros por sí mismos no son indicantes de ningún tipo de suerte. Cuando una persona tiene la "suerte" de recibir en su cabeza los excrementos de un ave, lejos de lo que pudiera parecer, se considera que dicha persona tendrá buena suerte (igual ocurre al pisar por error un excremento). Sin embargo, las urracas y los pájaros que entran por la ventana simbolizan la muerte de alguien cercano, y todo lo relacionado con la muerte (tumbas, cementerios, etc.) y las desgracias, se supone, trae mala suerte.

          • Conejo: Debido a su rápida reproducción, se considera que los conejos son un símbolo de fertilidad que favorece a las cosechas y a las personas. Las patas de conejo traen suerte (igual que las manos de mono conceden deseos como si fueran lámparas maravillosas, si bien con graves consecuencias) y protegen del mal de ojo, mientras que matar a un conejo sólo puede acarrear desgracias. Según los celtas, cada pueblo estaba asociado a un animal que no podía ser cazado; en el caso de los españoles y portugueses, ese animal es el conejo (de hecho, el nombre actual de España procede de la expresión fenicia equivalente a isla de conejos, ya que nunca antes habían visto a este animal antes de llegar a la Península).

            • Búho: Encontrar un búho y mirarle sin asustarlo trae suerte de por vida. Por ese motivo, los amuletos en forma de búho atraen a la fortuna económica, pero encontrar a un búho muerto o enfermo no trae más que traiciones y rechazo social.

            • Ratón: A pesar de su mala fama, los hindúes consideran a la rata un animal sagrado por ser el medio de transporte de Ganesha (lo que contradice la conocida supuesta musofobia de los elefantes) y los antiguos romanos creían de buen agüero cruzarse con una blanca, pero no así con una negra. También guarda una posición de honor en la cultura china, en cuyo horóscopo se sitúa a la cabeza primer año chino como símbolo de riqueza, inteligencia, adaptabilidad y, por supuesto, suerte.

            Números:
            • Cuatro: A consecuencia de su fonética, similar en chino y japonés a la palabra muerte, es un número de mal presagio en dichos países (igual que ocurre con los colores blanco y morado, respectivamente asociados al luto en dichas regiones). De hecho, no es raro encontrar edificios sin cuarta planta (la numeración pasa del tres al cinco, cosa que también sucede en Europa y EEUU con el número trece en menor medida) o recelar de regalos compuestos de cuatro partes. En el cristianismo, este número representa a los jinetes del Apocalipsis, pero también a los evangelistas. También es símbolo de los puntos cardinales, los elementos terrestres, las nobles verdades del budismo y el dios Júpiter. Igualmente, se dice que quien halle un trébol de cuatro hojas (cada una de las cuales simboliza un componente básico de la felicidad, a saber: amor, salud, prosperidad y buena fortuna o, según otros, esperanza, fe, amor y suerte) encontrará la felicidad y le acompañará la suerte. Esto se debe a que los druidas de la antigua Inglaterra creían que el poseedor de semejante trébol podía ver y reducir la influencia de los demonios. También se dice que, antes de irse del Paraíso tras ser expulsada, Eva recogió un trébol de este tipo.

              • Seis: Primer número perfecto y tercer número triangular. Para algunos, simboliza la armonía perfecta, la belleza y el amor eterno (razón por la cual existen bastantes nombres propios de seis letras); sin embargo,  como sucede con el número ocho, es más habitual su concepción como número de mal augurio, ya que, según la Biblia, no existe número más imperfecto (le falta uno para llegar al siete, verdadero número perfecto). Por ese motivo, la bestia más imperfecta de todas, el diablo, se asocia con el número 666 (número de la bestia).

                • Siete: Número de la suerte por excelencia. En la Biblia, simboliza la suma de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) más la Santa Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), motivo por el cual ambos números son también de especial importancia en el cristianismo; en el mismo libro, el siete es usado como número mágico, simbólico e indeterminado. Culturalmente, se ve reflejado en muchísimas realidades: las vidas de un gato (al menos en Europa, ya que en EEUU se dice que poseen nueve y los árabes lo dejan en seis), las Siete Maravillas del Mundo, los Siete Mares, los sacramentos, los chakras, los pecados capitales, los días de la semana, las notas musicales, los colores del arcoiris, los enanitos de Blancanieves... Las herraduras, otro símbolo de buena suerte desde que, según la leyenda, san Dunstan herrera al diablo, causándole tal dolor que juró no volver a entrar en una casa con una herradura colgada sobre el umbral de la puerta, se dice que son aún más efectivas cuando tienen siete clavos.

                  • Nueve: Existe la leyenda urbana de que los compositores de sinfonías fallecen poco tiempo después de terminar su novena obra. Así sucedió con L. van Beethoven, F. Schubert, A. Bruckner,  A. Dvorak, G. Mahler y R. V. Williams. No obstante, no deja de ser un bulo numerológico, como explica con un juego de palabras malísimo, por cierto Zrubavel en su blog. También es un número de mal fario entre los nipones.

                    • Trece: La mala fama del número trece se remonta al zodiaco persa y a la mitología nórdica, concretamente a una cena a la que fueron invitados doce dioses; Loki (imagen), dios malévolo hijo del gran Odín, que se había colado, fue expulsado, no sin antes luchar, con el resultado de la muerte de  su hermano Balder, favorito de los dioses. ¿Se os ocurre algún otro ejemplo legendario de una cena con trece comensales que se saldó con la vida del favorito de los dioses a causa de los actos del decimotercer comensal? A esto hay que añadir la tradicional aversión europea al martes, debida a su asociación con el dios romano de la guerra Marte (recordad, para líneas posteriores, el dicho: "En martes, ni te cases ni te embarques"); en el caso del mundo anglosajón, el día de mala suerte es el viernes, ya que Jesucristo fue crucificado ese día de la semana. A consecuencia de lo anterior, los martes/viernes 13 son considerados popularmente como los días de peor suerte de todo el año.

                      • Veintisiete: Robert Johnson, Brian Jones (The Rolling Stones), Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison (The Doors), Leslie Harvey (Stone the Crows), Kristen Pfaff (Hole), Kurt Cobain (Nirvana), Rodrigo Bueno y, recientemente, Amy Winehouse. ¿Qué tienen en común? Todos fueron músicos y todos murieron a los 27 años de edad. Esta maldición, que inicialmente se atribuía exclusivamente a los rockeros, ha sido ampliada por algunos con otros nombres, como los actores Brandon Lee, Jonathan Brandis, Johnny Palermo y Justin Mentell.

                      • Cuarenta y tres: Otro número prohibido para los japoneses, ya que se pronuncia igual que nacimiento muerto. En los hospitales de Japón, la sala de maternidad número 43 es evitada a toda costa por las parturientas debido a ello. Como podéis ver, los asiáticos son incluso más supersticiosos que los europeos. Si queréis más información al respecto, disponéis de algunas particularidades de los japoneses aquí.

                      Festividades:
                      • Navidad: Cada Nochevieja, los españoles tomamos doce uvas al son de las campanadas que marcan la medianoche. Si bien es cierto que esta tradición se popularizó en 1909 por un excedente de producción de uvas (menos mal que no ha ocurrido ahora con los pepinos), su origen es mucho anterior, pues existen referentes de dicha costumbre que datan del siglo XIX, cuando los aristócratas galogermánicos celebraban la festividad con uvas y champán. Cuando el alcalde madrileño José Abascal trató de impedir la celebración de fiestas en las calles durante la Navidad, algunos ciudadanos se congregaron en la Puerta del Sol a comer las uvas (imagen), haciendo burla de la burguesa costumbre. Con el tiempo, esta práctica se extendió al resto del país (otros tienen sus propias costumbres), llegando a decirse que no hacerlo supondría un año de mala suerte. De hecho, también es típico brindar con un anillo u otra joya de oro en la copa de champán tras las campanadas (jamás con agua), así como vestir ropa interior roja y dar un pisotón con el pie derecho (empezar el día con el pie izquierdo, así como todo lo relacionado con dicho lado, trae mala suerte) a la duodécima campanada, simbolizando la entrada en el año nuevo con buen pie. Otro buen augurio en Navidad, según la tradición española, es encontrar la figurita del roscón de Reyes, bollo típico que se suele tomar el 6 de enero, Día de Reyes.

                      • Cumpleaños: Tradicionalmente, se dice que si se apagan todas las velas de la tarta de un soplido, costumbre antiquísima, el deseo pedido se hará realidad. Lo mismo sucede, aunque no tenga relación, si se pide un deseo nada más ver una estrella fugaz.

                      • Boda: Posiblemente, las bodas sean los ritos donde más intervienen el protocolo y la superstición: desde llevar huevos a las Clarisas (orden religiosa) para que haga buen tiempo hasta que ella vista de blanco y lleve algo azul, algo prestado y algo nuevo (o algo viejo, o ambos; depende de la región). También se considera de buena suerte el intercambio de alianzas (que se colocan en el dedo anular, por donde supuestamente pasa la vena amoris), recoger el ramo tirado por la novia (se dice que la que lo recoja será la próxima en casarse), bombardear sin piedad lanzar arroz (siempre después de la ceremonia) y no ver a la novia hasta la ceremonia (tampoco ella misma en el espejo), entre otras creencias. Dado lo novedoso del matrimonio homosexual, la mayoría de estas tradiciones aún no se han adaptado a esta nueva realidad.

                      Gremios:
                      • Marineros: Aparte de lo ya dicho en líneas anteriores, este colectivo especialmente supersticioso consideraba desafortunado llevar mujeres, curas (en general, todo lo religioso), fineses, difuntos, animales peludos o algo azul a bordo. Igualmente, no se podía partir los martes/viernes (depende del ámbito geográfico), el primer lunes de abril (día en que Caín mató a Abel), el segundo lunes de agosto (día en que Dios castigó a Sodoma y Gomorra) o el 31 de diciembre. El canto de un gallo, un tiburón siguiendo al navío o la iluminación de un tripulante por los fuegos de san Telmo (rara luminiscencia de origen atmosférico generalmente asociada a la buena ventura, imagen), eran signos de muerte inminente. Tampoco resultaba aconsejable decir conejo o cerdo, ver fallecimientos por ahogamiento, entregar una bandera a través de los travesaños de una escalera, ponerse la ropa de un fallecido antes de terminar la travesía o llevar flores, plátanos o paraguas (en general, recordad que los paraguas se asocian a la mala suerte, ya que los antiguos paraguas de las clases bajas británicas eran tan rígidos que, al abrirse en espacios reducidos, podían ocasionar muchos accidentes, por lo que hoy en día se considera de mal fario abrir un paraguas bajo un techo o que se dé la vuelta a causa del viento). Si se silbaba o hacía sonar el cristal de una copa o si una gaviota o petrele se posaba en la borda, pronto llegaría una tormenta.
                      • Por otro lado, era recomendable botar el navío con champán al bautizarlo en referencia a una antigua costumbre vikinga (ni que decir tiene que un barco sin nombre sería perseguido por la mala suerte) y no cambiar jamás el nombre, a pesar de que los piratas lo hicieran en ocasiones por necesidad o capricho. Como amuletos, se usaban aletas de tiburón, plumas de reyezuelo (protección contra naufragios y ahogamientos por un año), aros metálicos en las orejas (para evitar las tormentas), una moneda bajo el palo mayor (tal vez como pago preventivo al infernal barquero Caronte, aunque también era usual lanzar una moneda por la borda para evitar tormentas), una estrella polar dibujada o adornos varios en el mascarón de proa. Igualemente habitual era tatuarse un crucifijo en la espalda, ya que así nadie osaría castigar al marinero con latigazos (y, de hacerlo, éstos sin duda se desviarían).

                      • Actores: Normalmente, el simple hecho de desear buena suerte, irónicamente, atrae a la mala suerte, sobre todo si a esto se contesta con un "Gracias". Esto es especialmente notable entre los actores de teatro, que, de hecho, se desean unos a otros mucha mierda o romperse una pierna. No tan supersticiosos como los marineros pero sí más que la mayoría, tampoco se recomienda llevar ropa o complementos amarillos en el escenario, ya que el gran actor y dramaturgo francés Molière (imagen) falleció interpretando su obra El enfermo imaginario (aunque, si murió, no lo sería tanto) vestido con una bata de este color. En consecuencia, la obra pasó a formar parte de la larga lista de obras malditas, entre las que destaca Macbeth, cuyo nombre ni siquiera se suele pronunciar. En España, son obras prohibidas la zarzuela La tempestad de R. Chapi y La leyenda del beso de R. Soutullo y J. Vert. Tampoco se consideran positivos la presencia de un clarinete entre la orquesta, el uso de una Biblia real en la obra o que el servicio de limpieza olvide una escoba sobre el escenario (puesto que ahuyenta al público, lo barre).

                      Otros: Además de determinados símbolos y amuletos mágicos y religiosos (que pueden ser plantas, piedras, esencias u otros objetos), aleja la mala suerte escupir (a veces acompañado de tres vueltas sobre uno mismo), tocar madera (costumbre druídica transmitida a los griegos, que consideraban en concreto que los robles eran moradas de los dioses, ya que eran frecuentemente alcanzados por los rayos), colocar gárgolas en las iglesias (pues alejan al Diablo), cruzar los dedos (no se sabe si en referencia a la cruz cristiana, a un antiguo gesto pagano o nórdico o a uno de los arqueros medievales), decir Jesús o salud cuando alguien estornuda (bendice contra la peste y evita que el Demonio se cuele a través de la boca; por ese motivo, también es bueno taparse la boca al bostezar), pisar tres veces un cuchillo que se ha caído (si no, se atrae a la mala suerte), echar sal sobre el hombro (no así derramar sal sobre la mesa, ya que la sal es un símbolo de amistad y, además, antiguamente era de gran valor; y tampoco pasar la sal de mano en mano), poner una escoba del revés contra la puerta (para que, si entra una bruja, no se pueda resistir a cogerla y salir volando), no poner el bolso en el suelo (porque se va el dinero), regalar una figura de una brujita, amueblar la casa siguiendo los principios del feng shui, colocar flores en las tumbas y honrar a los muertos. También traen buena fortuna los cuadrados mágicos (tablas de números que en horizontal, vertical y diagonal suman siempre lo mismo), los sólidos platónicos (tetraedro, cubo, octaedro, icosaedro y dodecaedro), el número π, la proporción áurea, encontrar una moneda brillante o con la cara hacia arriba (si se recoge una moneda con la cara hacia abajo, se debe regalar), tirar monedas a un pozo o fuente, tocar la chepa de un jorobado, soplar una pestaña o un diente de león y quedarse con la parte grande de la fúrcula o hueso de la suerte de un ave (imagen superior).

                      Por su parte, es de mala suerte romper un espejo (superstición grecolatina relacionada con la adivinación del futuro: si el reflejo de una persona se rompía, significaba que no había futuro para dicha persona; como se creía en la renovación de la salud cada siete años, romper un espejo provoca esos años de mala suerte), poner un sombrero sobre la cama o unos zapatos (sobre todo si son nuevos) sobre la mesa, los cuadros torcidos o caídos (muerte inminente), encender un cigarro con una vela (insulto a los espíritus) o tres con una misma cerilla (se dice que en cierta guerra un soldado vio la llama de una cerilla encendida por un enemigo, apuntó cuando se la pasó al segundo y disparó alcanzando al tercero), pasar bajo un andamio o escalera (ya que ésta forma un triángulo con la pared, símbolo divino; además, a los reos franceses del siglo XVII se les hacía caminar bajo una escalera, puede que en alusión a la escalera que se apoyó en la cruz de Jesucristo para bajarle), derramar vino o champán sobre la mesa (en el primer caso, se debe untar un poco de vino sobre la frente; en el segundo, champán sobre el lóbulo de la oreja), dejar las tijeras abiertas (quizá en referencia a las tijeras de las Moiras o Parcas de la Antigua Grecia), conservar una escoba tras mudarse (arrastra las desgracias de la casa anterior) o barrer los pies de una soltera o viuda, pisar una grieta, una junta entre baldosas o una tumba, ser mirado por un tuerto o un gitano, cruzarse con un pelirrojo (para contrarrestarlo, se debe tocar un botón de la propia camisa), recibir jugando al póker la llamada mano del muerto (dos ochos, dos ases y otra carta, la mano del pistolero Wild Bill Hickok antes de morir), ver una rata o bruja negra (tipo de mariposa) y, por supuesto, ser maldito.

                      ¡Gracias, mamá y Miguel!

                      FUENTES: 20 Minutos, nº. 2703. "La revista", pg. 14. Grupo 20 Minutos. Madrid, 2011;
                      WIKIPEDIA, EL VIGÍA

                      FUENTES COMPLEMENTARIAS: SOBRE LEYENDAS, MADRID OCULTO
                        28 nov 2010 | Por: Nacho

                        OK

                        Probablemente, las siglas (si es que lo son) más usadas en cualquier idioma del mundo civilizado. Y su etimología da para mucho hablar (en este caso, escribir), ya que es tan incierta que las teorías son múltiples (ya se sabe: "La victoria tiene muchos padres"). Os pondré cuantas he encontrado a continuación en orden más o menos cronológico:

                        En primer lugar, existen entendidos que sitúan el origen del vocablo en la expresión okeh () del idioma choctaw (indígena norteameriano) o en la afirmación latina hoc illem, previo paso quizá por el equivalente occitano oc, que probablemente llegó a EEUU desde el continente africano con los esclavos negros, aunque existen evidencias de que el rey británico Ricardo I, Corazón de León usaba esta afirmación (siendo provenzal, sólo hablaba occitano y francés), lo cual era motivo de mofa por parte del pueblo, especialmente debido a lo indeciso que era el monarca (lo que le valió el sobrenombre de Le Roi Oc-et-Non, es decir, el Rey Sí-y-No). Igualmente, los irlandeses poseen en su lengua la exclamación och aye (probable corrupción del oh yeah), que pudo ser transmitida a los norteamericanos como consecuencia de la ingente inmigración irlandesa del país, especialmente en Massachusetts y Boston (dato este último interesante, ya que de Boston procede la primera referencia al término).

                        Otros opinan que podría proceder de las iniciales de ola kalá (todo está bien), lo cual era escrito en la antigua Nueva York, donde residía gran cantidad de población griega, en las mercancías llegadas desde su tierra natal. De forma similar, las balas de algodón de las plantaciones sureñas francófonas de EEUU se marcaban con las siglas de au quai (al muelle, pronunciado o-k) cuando estaban listas para su embarque, lo cual también ocurre con otra versión, que sostiene que la expresión procedería de una deformación gráfica de all correct, producto del analfabetismo de los encargados de marcar el equipaje de los trenes. No obstante, muchas otras teorías alternativas postulan también que esta deformación se pudo haber producido en otras circunstancias (por ejemplo, también se le atribuye el primer uso al presidente estadounidense Andrew Jackson, retratado en la pintura de la derecha).

                        También podría tratarse de una cuestión fonética, ya que, en catalogación de madera, la más fina era la de roble (en inglés, oak), que era llamada oak-A (pronunciado oukei, transcripción de la pronunciación de las letras «o» y «k», respectivamente, en inglés), o incluso podría suponer la negación del KO (knock out) del boxeo.

                        Ya en los años '30 del siglo XIX, existió un telegrafista especialmente eficiente llamado Oscar Kevin que solía firmar sus mensajes con sus propias iniciales. Lo mismo hacía el jefe de control de calidad de la empresa automovilística Ford (o Mercedes-Benz, según otras versiones), Otto Kaiser, que marcaba con sus iniciales a los vehículos que pasaban la inspección. En la misma línea, Martin Van Buren (imagen) utilizaba el sobrenombre Old Kinderhook en referencia a su lugar de nacimiento, una villa de Nueva York, y llegó a formarse el Democratic OK Club, que vendía al candidato a presidente estadounidense como una persona correcta, fiable y veraz.

                        En torno a la misma época, los inmigrantes italianos de las acerías norteamericanas avisaban al grito de "¡Occhiali!" cuando vertían el acero hirviendo para que el resto se pusiese las gafas protectoras, aunque el ruido de la industria debía ser tal que sólo se escuchaba algo así como ok. A pesar de todo ello, la primera evidencia que se tiene del término apareció en 1939 en un artículo atribuido a Charles Gordon Greene, editor del periódico Boston Morning Post, que gustaba de poner iniciales y, entre paréntesis, su significado, provocando en ocasiones la incoherencia al atribuir deliberadamente iniciales incorrectas a ciertas expresiones. En este caso, por ejemplo, se escribió OK como siglas de all correct. Evidentemente, toda teoría sobre el término fundamentada en hechos posteriores a este año deja de ser creíble, aunque es mi deber mencionarlas para interés del lector.

                        De hecho, la explicación más conocida se remonta a la Guerra de Secesión, acontecida en EEUU entre los años 1861 y 1865, durante la cual se anotaban en una pizarra las bajas en el campo de batalla. Cuando no ocurría ninguna muerte, se anotaba 0 killed (cero muertos), que, por similitud entre el cero y la «o», se quedaría en el actual OK con el significado de algo positivo.

                        La última teoría se sitúa alrededor de 1867, cuando el ingeniero alemán John Augustus Roebling diseñaba el Puente Colgante de East River y firmaba los escritos aprobados con las iniciales AK (alles klar, expresión alemana para todo correcto). Sin embargo, la pronunciación por parte de sus compañeros de la palabra all (todo, pronunciado oll) le causó tal confusión que acabó mezclando ambos idiomas y escribiendo OK, es decir, oll klar, que se asemeja a la expresión oll klor del bajo alemán con el mismo significado.

                        Como colofón, cabe señalar lo curioso que es el gesto utilizado en sustitución de OK, consistente en formar una circunferencia juntando las yemas de los dedos pulgar e índice y levantando el resto, ya que supone la transcripción gestual de las dos letras: la «o» (circunferencia) y la «k» (formada por los tres dedos extendidos). Algunos dicen que esta clave (en inglés, key) se usaba durante la Guerra de Secesión para indicar que todo iba bien, recibiendo el nombre de O Key, esto es, la clave de la «o» (circunferencia).


                        8 nov 2010 | Por: Nacho

                        Mucho/Poco

                        Seguro que más de una vez habéis utilizado las manos para expresar que hay muchos deberes o muchas personas en un lugar. Esto puede hacerse, por ejemplo, moviendo alternativamente la mano de arriba abajo con la palma abierta vuelta hacia uno mismo. Sin embargo, existe otro gesto todavía más típico:

                        Para los que aún no lo hayan adivinado, evidentemente se trata de ese ademán que hacemos al juntar y separar repetidamente el dedo pulgar de los otros cuatro de forma parecida al clásico aspaviento italiano. Este gesto se usaba hace algún tiempo en cierta tribu africana para indicar que había tanto (tantas personas, cosas, animales, etc.) que no podía contarse con las manos, de tal modo que la repetición del mismo era como indicar que, en vez de sumar los dedos (equivalente cada uno a una unidad), el valor de éstos se había de multiplicar varias veces para alcanzar la cifra presuntamente incontable.

                        En contraposición, existe otro gesto que no ha llegado a nuestro continente consistente en cerrar un puño y golpearlo por encima con la palma abierta de la otra mano (ligeramente similar al saludo de los karatecas). Esto vendría a significar que hay tan poco (tan pocas personas, cosas, animales, etc.) que se debe hacer como cuando un bote está a punto de agotarse: darle golpes en la base para que salga lo poco que queda.


                        ¡Gracias, Elsa!
                        28 oct 2010 | Por: Nacho

                        Saludos

                        ¿Qué mejor forma de empezar un blog sobre curiosidades que explicando el origen de los distintos saludos? Y es que, a lo largo de la Historia, son numerosos los diferentes saludos realizados con las manos que han usado las civilizaciones, clases sociales, militantes políticos, etc. Aquí se ha tratado de recoger los más significativos:

                        El saludo ibérico (salutatio iberica), el más antiguo descubierto en Occidente, tenía una importante carga simbólico-religiosa. Según los expertos, este gesto, que consistía en alzar la mano diestra extendida, se utilizaba durante las oraciones, existiendo variantes del mismo, desde la apertura de la palma de la mano en señal de la sumisión de los orantes hasta las posturas de los propios oficiantes y sacerdotes, que solían extender uno o los dos brazos y abrir las palmas. De hecho, una de estas variantes consistía en doblar el codo y alzar la palma abierta, que, curiosamente, coincide con el saludo de los indios del Oeste (muy parecido al actual), el cual solía acompañarse de la palabra jao, que no es otra cosa que la deformación del utilizadísimo introductor how anglosajón (puede presumirse que los indios pensaron que, si el hombre blanco usaba tanto esta palabra, era porque le resultaba agradable).

                        Con el tiempo, este saludo, lejos de perder su sentido religioso, desarrolló una segunda finalidad más práctica, ya que mostrar desnuda la mano con la que se empuñaba el arma (generalmente, la diestra) bien podía considerarse como un símbolo de paz. Por ejemplo, cuando las tropas de Publio Escipión asediaron el territorio de Auringis (actual Jaén), los indígenas de la zona emplearon este gesto de paz, a pesar de lo cual fueron masacrados. Es probable que entonces, con el contacto entre íberos y romanos, estos últimos adoptaran (y adaptaran) el gesto.


                        En la Antigua Roma, el brazo estirado con la mano abierta en continuidad con el brazo se identificaba con una reverencia, señal de respeto a una divinidad o persona importante. Ejemplo de ello es el famoso “¡Ave César!”, que siempre había de acompañarsede este gesto a la altura del pecho, ya que ello simbolizaba la lealtad hacia el emperador, pues, como se ha dicho, los saludos habitualmente encerraban una significación simbólica, solemne (de hecho, a la hora de prestar juramento ante la bandera o un texto sagrado, por ejemplo en actos judiciales, el testigo debe levantar la mano, generalmente sobre dichos objetos, como muestra de sumo respeto), como la que le da el Papa católico (o cualquier sacerdote cristiano) a la hora de dar una bendición.


                        Posteriormente, tanto ese saludo como chocarse las manos (si os fijáis, siempre con la mano derecha) fueron usados en la Edad Media entre caballeros, una vez más para mostrar la ausencia de armas. También, en señal de respeto, los antiguos caballeros medievales solían retirarse el yelmo para saludar a los monarcas o cuando reconocían a un caballero más diestro o de mayor rango, costumbre que prevaleció en el tiempo hasta los actuales militares, que lo realizan de forma más simple y aproximando más el codo al cuerpo.

                        En la Francia del siglo XIX, el proletariado se alzó contra la política capitalista de Napoléon III levantando el puño hostilmente como muestra de su fuerza, gesto que siempre se ha asociado a las revueltas, ya que cerrar la mano es un reflejo, a veces inconsciente, de ira.

                        Años después, el político estadounidense Francis Bellamy eligió el saludo militar romano para que los escolares mostraran su adhesión a la bandera y a la nación a la que pertenecían. Sin embargo, el saludo Bellamy, al iniciarse las hostilidades de la II Guerra Mundial, fue retirado para evitar la similitud con el saludo de los nazis alemanes, que erigían el brazo derecho con la mano extendida y la palma hacia abajo para mostrar su afección al Führer, siendo sustituido por el de colocar la mano sobre el corazón cuando suena el himno de EEUU.

                        Efectivamente, el saludo romano era practicado por los movimientos juveniles alemanes de principios de siglo, que, para resaltar su rechazo al saludo burgués del apretón de manos, procedente del que utilizaban los caballeros medievales, alzaban el brazo derecho al grito de “¡Heil!”. Según el propio Hitler, este saludo pacífico alemán fue utilizado para recibir a Lutero en la Dieta de Worms y, más tarde, fue adoptado por el fascismo italiano de Mussolini, que probablemente lo tomó de su mentor político D’Annunzio, el cual lo impuso en su tropa. El saludo consistía en mantener el brazo derecho en alto, pero en diagonal, no en total verticalidad, y la mano extendida con todos los dedos juntos. Hitler consideraba este gesto un vestigio de la antigua forma de saludo de los nobles medievales y sabía de su procedencia romana (de hecho, el objetivo de Hitler al proclamar el Tercer Reich era instaurar un tercer Imperio Romano, razón por la cual su política expansionista estuvo tan influida por la antigua cultura romana, aunque no existen evidencias de que el saludo nazi provenga de aquí), por lo que decidió utilizarlo, aunque se ha observado que el saludo fascista alemán difiere del italiano al desviarse ligeramente hacia la derecha, lo cual se ha interpretado como una muestra de desprecio y superioridad.


                        A modo de imitación “solidaria” de los anteriores, el fascismo español promulgó la obligatoriedad del saludo brazo en alto, que se distinguía del italiano en que la muñeca del brazo levantado no prolongaba la línea del mismo, sino que se levantaba de una forma muy parecida al gesto que hoy en día se usa para indicar que alguien frene. Esta obligatoriedad fue derogada al término del conflicto nazi por un decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros, publicado en el BOE nº. 257 del 14 de septiembre de 1945. A continuación, el contenido de dicho decreto, que no tiene desperdicio:

                        Al iniciarse en 18 de Julio de 1936 el Movimiento Nacional, como exaltación espiritual de nuestra Patria ante el materialismo comunista que amenazaba destruirla, entre las fórmulas de expresión de vibrante entusiasmo de aquellos días surgió, frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia que el comunismo levantaba, el saludo brazo en alto y con la palma de la mano abierta, de rancio abolengo ibérico, espontáneamente adoptado en pueblos y lugares; saludo que ya en los albores de nuestra Historia constituyó símbolo de paz y de amistad entre sus hombres.

                        Mas, circunstancias derivadas de la gran contienda han hecho que lo que lo que es signo de amistad y cordialidad venga siendo interpretado torcidamente, equiparándole un carácter y un valor completamente distintos de la que representa. Esto aconseja el que, en servicio de nuestra Nación, deban abandonarse en nuestra vida de relación aquellas formas de saludo que, mal interpretadas, han llegado a privar a las mismas en muchos casos de su auténtica expresión de amabilidad y cortesía.”

                        No obstante, todo sea dicho, el rigor del saludo en España –muy similar al también impuesto por el dictador chileno Augusto Pinochet– no fue tan firme como en otros países, llegando incluso a realizarse con el brazo levantado, lo cual, por cierto, no contradecía el decreto de 1937 sobre la obligatoriedad del saludo y, dentro del eje Berlín-Roma-Tokio, nos acercaba a Japón, donde se levantaban (y levantan) ambos brazos. Además, el brazo izquierdo está más cerca del corazón, lo que entronca con la tradición sioux (nativos americanos).

                        Por el contrario, los comunistas, enemigos políticos naturales de los fascismos (especialmente, del nazismo) y del capitalismo, utilizaron el gesto contrario a modo de saludo, esto es, levantar el puño (no la mano abierta) izquierdo (no derecho) con la mano flexionada paralelamente a la cabeza (no recta). Se puede observar la clara identificación dicotómica de la mano derecha con las políticas derechistas (fascismo) y la izquierda con las políticas izquierdistas (comunismo).

                        Este gesto fue utilizado por el marxismo (anterior al régimen fascista) y el Rotfront (Frente Rojo, Partido Comunista Alemán) y se extendió como símbolo de unión pacífica con la Internacional (ya que mantener los cinco dedos juntos da la impresión de unión entre los obreros de los cinco continentes), que se disgregó en tres sentidos: socialismo (brazo izquierdo), comunismo (brazo derecho) y anarquismo (puños entrecruzados en aspa sobre la cabeza). Cabe mencionar que Mussolini fue obrero socialista antes de “convertirse” al fascismo, por lo cual a él debe atribuirse lo opuesto de ambos saludos.

                        Por ello, el saludo con el puño cerrado fue usado, entre otros, por los defensores de los derechos civiles, por los antifascistas de la Guerra Civil española, por personalidades públicas como Nelson Mandela al salir de la prisión o el presidente Hugo Chávez (en general, por todos los republicanos, debiendo el Ejército Popular realizar el actual saludo llevándose el puño a la altura visera, como en la imagen inferior y también como los oficiales chinos actuales) y por los militantes del Black Power Movement, como los corredores olímpicos Tommie Smith y John Carlos (JJOO de 1968). A día de hoy, es un símbolo universal de libertad e incluso de victoria (por ejemplo, los futbolistas emplean este gesto al marcar un gol, al igual que muchos otros deportistas) – a diferencia del nazi, que está prohibido en Alemania y Austria y penado en otros países –, aunque en la actualidad sólo es utilizado con su significado político en Bélgica, Portugal y España.


                        Como reminiscencia del dominio nazi, también se conserva el saludo feminista, que consiste en formar un triángulo con las manos sobre la cabeza juntando los dedos de cada mano con su análogo, ya que el triángulo era el símbolo con el que se marcaba en los campos de concentración a las prostitutas y mujeres indeseables, y, más tarde, a los homosexuales.

                        En la actualidad, prevalecen numerosos tipos de saludos con la mano (algunos de los cuales serán tratados posteriormente en otra entrada), siendo el más habitual estrecharse (como hacían los masones) o chocar las manos (generalmente, en signo de camaradería). También es común el movimiento alternativo de derecha a izquierda del brazo, extendido o flexionado, con la palma abierta o incluso del brazo extendido y estático con la palma abierta, que es también la forma más usual de llamar a los taxis o de levantar la mano en clase.

                        ¡Gracias, mamá, Alex y Elsa!

                        FUENTES COMPLEMENTARIAS: Historia y vida, nº. 74. Consultorio de David Ferrer, Prisma Publicaciones. Barcelona, 1974;
                        BELTRÁN LLORIS, M. Los iberos en Aragón, Ed. CAI. Zaragoza, 1996;
                        SALA ROSE, R. Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, Ed. El Acantilado. Barcelona, 2005;