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17 may 2012 | Por: Nacho

Rastro de Madrid

Prácticamente todos los españoles saben (o deberían saber) que el Rastro es un emblemático mercado al aire libre situado en la capital. Tal es su relevancia que no falta en ninguna guía de viajes e incluso se contempla entre las acepciones académicas de la palabra rastro. La cuestión es: ¿viene el nombre del Rastro de la palabra o es al revés?

En el Madrid de finales del siglo XVI, las principales vías y plazas de la capital se llenaron de mercados públicos o baratillos donde los ropavejeros vendían prendas de segunda mano. Debido a los excesivos aglutinamientos en lugares céntricos como la Plaza Mayor y la Puerta del Sol, se decretó explícitamente la prohibición general de "vender cosa suya ni ajena, nueva ni vieja, grande ni pequeña, de día y de noche, en ninguna plaza ni calle" bajo pena de cárcel en caso de incumplimiento. A consecuencia de esto, los barateros y buhoneros (voz onomatopéyica relacionada con bufón) se alejaron del área metropolitana hasta asentarse definitivamente en el barrio de Lavapiés, que por aquel entonces era el más populoso e industrial.

En concreto, el Rastro se situó en una zona de mataderos y curtidurías, en la llamada calle de Tenerías (actual Ribera de Curtidores); de hecho, actualmente toda la zona aledaña cuenta con nombres que recuerdan este origen: calle del Carnero, Cabestreros... Estas industrias aprovechaban el agua de los numerosos arroyos que fluían cuesta abajo hacia el río Manzanares para librarse de los productos químicos que utilizaban y, especialmente, de la sangre de las reses sacrificadas. De igual modo, al arrastrar las reses desde los mataderos hasta las tenerías quedaba un rastro sanguinolento que solía discurrir por las empinadas cuestas del mercado, como explicaron Cervantes y Covarrubias en sus respectivas obras, de modo que la palabra quedó como nombre de dicho baratillo y también como sinónimo de los mataderos y los mercados de venta de carne al por mayor (y de los mercados en general).

Sin negar lo anterior, autores como Mesonero Romanos, Hilario Peñasco y Carlos Cambronero añadieron que el término rastro también designaba a las afueras de la ciudad, donde terminaba la jurisdicción de los alcaldes de la corte (o alcaldes del rastro, como recoge aún el DRAE) y, por tanto, se perdía el rastro de los criminales, pícaros y truhanes.

¡Gracias, Clara!

21 ene 2012 | Por: Nacho

Testigo

Ya basta de hablar de gastronomía y volvamos a lo mío: el Derecho. Y hoy con una palabra bien interesante cuyo origen no recordé hasta hoy. ¿Sabéis de dónde viene la palabra testigo? ¡Ahora lo descubriréis!

Como siempre, el primer paso para encontrar la etimología de una palabra es acudir al omnipresente DRAE, que nos relaciona testigo con testiguar, del latín testificare (testis facere = hacer testigo). Esta raíz, testis, a su vez procedería, según unos, de testa (cabeza), de tal modo que el testigo sería quien da la cara, quizá a riesgo de perder su cabeza; además, testa también designa a un tipo de vaso para beber vino, lo cual enlaza magníficamente la labor del testigo sincero con el famoso proverbio latino "In vino veritas" ("En el vino está la verdad") de Plinio 'el Viejo'. Según otros, provendría de tristis (tri sti = estar tercero), traducible del indoeuropeo como "tercero que se mantiene al margen", hipótesis bastante atrevida que algunos han llevado incluso más lejos al relacionarla con la palabra triste – por la congoja que puede causar o transmitir la situación al testigo – o la inglesa tree (árbol), ya que ese tercero se quedaría al margen del conflicto como si se tratara de un árbol (absurdo).

Por otro lado, es muy popular la teoría que defiende una supuesta evolución fonética de testigo desde el latín testiculus (testículo), ya que en la Antigua Roma existía la costumbre de que, al realizar un juramento ante iguales o superiores (nunca ante inferiores, al igual que con los saludos), en vez de usar una Biblia o Constitución, en aquel entonces inexistentes (e irrelevantes), los hombres se apretaran sus partes, como diciendo "Juro por éstos que digo la verdad" (y, quizá, si se descubría un falso testimonio, éstos desaparecieran...), lo cual, sea dicho, recuerda a aquello ya comentado en este blog de 'por huevos'. También es curioso cómo hay quienes opinan que, realmente, ya que testiculus sería el diminituvo de testis (lo mismo ocurre con palabras como caniculus [perrito] > canijo, homunculus [hombrecillo] > homúnculo o Calígula [botitas]), podría venir a significar algo así como testiguitos (pequeños testigos), cabecitas o vasitos (recordad los múltiples significados de testis).

De igual modo, la relación testigo-testículo remite a la costumbre eclesiástica, jamás confirmada por la Iglesia, de comprobar la virilidad de los futuros papas o papables palpándoles sus intimidades (de hecho, el eminente Corominas opinaba que testiculus significaría testigo de la virilidad, y, efectivamente, aún hay mucho machito que se reafirma apretándose la entrepierna). Supuestamente, el cardenal candidato a papa (Pedro Apóstol Pontífice Augusto) había de sentarse en una silla agujereada, de modo que el cardenal más joven del cónclave –según otras versiones, todos los cardenales– pudiese realizar la comprobación y confirmar que todo estaba en orden con la escatológica fórmula "Duos habet et bene pendebant" ("Tiene dos y cuelgan bien"), evitando así que la leyenda de la papisa –que no Mama, como dicen algunos– Juana (imagen) se hiciera realidad. Y, llegados aquí, soy incapaz de ahorrarme una anécdota: se dice que la susodicha tuvo un hijo frente a la Iglesia de San Clemente, lo cual le valió una horrible muerte por parte de las autoridades romanas. La impostora no fue incluida en el listado de sumos pontífices (o, mejor dicho, fue sustituida por su 'tocayo' Juan VIII) y, tras su muerte, se declaró un ayuno de cuatro días (ayuno de la papisa) y se escribió junto a su tumba la siguiente aliteración (que suena a trabalenguas): "Petre, Pater Patrum, Papisse Prodito Partum" ("Pedro, padre de padres, propició el parto de la papisa"). Por ese motivo, según cuentan, las procesiones siempre han rehuido dicho lugar (evasión que sí está constatada), ya que los papas lo detestan* (dei testi, es decir, poner a los dioses de testigos de un exabrupto, acepción aún recogida en el DRAE).

*Lo admito: me ha costado meterlo.


FUENTES COMPLEMENTARIAS: ELCASTELLANO.ORG, PATYP SCRIPTORIUM
7 oct 2011 | Por: Nacho

Abogado del diablo

Existe una conocida expresión, ser el abogado del diablo, referida a aquellas situaciones en que alguien trata de defender a otro cuando no cabe defensa posible. Sin embargo, el oficio de abogado del diablo existe como tal, y encima en el seno de la Iglesia Católica. ¿Que no sabéis en qué consiste? Para eso estoy yo:

Como todos sabéis, el catolicismo no sólo venera a Dios, Jesucristo y las Vírgenes, sino también a los santos. No obstante, el proceso de canonización no es nada simple, pues se compone de cuatro etapas bien diferenciadas: siervo de Dios, venerable, beato y santo. Así, el proceso comienza cuando se presenta  el caso a la Santa Sede junto con un informe sobre la vida y virtudes del católico fallecido (esto es importante, pues la canonización sólo es posible una vez muerto el candidato). Una vez dada su aprobación mediante un decreto nihil obstat (abreviación de nihil obstat quominus imprimatur, es decir, no existe impedimento para que sea impreso), el candidato se convierte en siervo de Dios. Si además se comprobara que el susodicho vivió ejemplarmente conforme al Evangelio y que poseía virtudes heroicas, podría ser declarado venerable.

Para alcanzar la beatificación, aparte de todo lo anterior, resulta necesario haber sido mártir, en cuyo caso se proclama al candidato beato automáticamente, o que haya ocurrido al menos un milagro relacionado con él tras su muerte. Finalmente, la santidad llegaría si, una vez beatificado el candidato, sucediera un segundo milagro, si bien es cierto que muchos mártires han llegado a santos sin cumplir este requisito. Estos milagros deben ser evaluados y verificados por un grupo de teólogos y expertos en ciencias (creyentes y no creyentes), comúnmente conocidos como abogados del diablo o promotores de la fe (actualmente, promotores de la justicia), que, a pesar de lo que pudiera parecer, se encargan de defender la autenticidad de las virtudes del candidato más que objetar en contra o señalar errores en la documentación. Por ese motivo, hoy en día se llama abogado del diablo a todo aquél que sale a defender una causa en la que no cree realmente.

¡Gracias, María!

FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA
19 sept 2011 | Por: Nacho

Vulgarización

Hace un par de años, tuve que investigar sobre este término y hoy me he acordado de nuevo de él. Desgraciadamente, no he encontrado el trabajo que hice en su día, pero trataré de reproducir su contenido:

La vulgarización, por un lado, es un proceso lingüístico por el cual las nombres de marcas comerciales extremadamente populares se convierten en sustantivos comunes que sirven para designar genéricamente al producto o servicio. Por otro lado, implica también el proceso judicial en el que se decide si dicho nombre se ha convertido, efectivamente, en una palabra de uso común generalizado.

Ordenados alfabéticamente, éstos son algunos ejemplos de conocidas marcas vulgarizadas en el mundo hispánico: Ace, Airbus (aerobús), Albal, Aspirina, Bimbo, Carefree, Casera, Cellophane (celofán o celo), Chiclets (chicles), Chupa-Chups (chupachús), Cinemascope, Coca-Cola, Cola Cao, Colgate, Corn Flakes, Crayola, Danone, Discman, Dodotis, Doughnut (dónut), Fanta, Frisbee (frisbi), Gatorade, Gillette (yilé), Gomina, Heroína, JacuzziJeep, Juanola, Kellogg's, Kerosén (queroseno), Klaxon (claxon), Kleenex (clínex), Levi's, Maggi, Maizena (maicena), María, Mercromina, Michelín, Mistol, Müesli (muesli), Nata, Nesquik, Nestea, Nintendo, Nocilla, Nylon (nilón o nailon), Pepsi Cola, Philadelphia, Ping-Pong (pimpón), Plastilina, PlayStation, Post-it, Red Bull, Rimmel (rímel), Rotring, Royal, Scalextric, Smirnoff, Spam, Talgo, Tampax (támpax), Tang, TBO (tebeo), Thermos (termo), Tipp-Ex (típex), Tirita, Tupperware (táper), Valium, Vaselina, Velcro, Vespa, Viagra, Walkman, Wi-Fi (wifi), Yo-yo (yoyó), Zeppelin (zepelín)...

Como podéis observar, no faltan los ejemplos, a pesar de que muchos resultan hasta inverosímiles. Sin ir más lejos, ¿realmente alguien se refiere a las toallitas íntimas como carefrees? ¿Y a qué clase de producto genérico designa redbull, si es una bebida única? Además, ¿por qué Rotring y no Edding o Mistol y no Fairy? Dejando todas estas preguntas vitales en el aire, me gustaría señalar el curioso proceso de castellanización de estas marcas; de hecho, apreciaréis que la mayoría de palabras subrayadas (que se corresponden con aquellas vulgarizaciones registradas en el DRAE o el DPD) son la versión hispanizada y no a la original. Y es aquí donde lanzo otra pregunta: ¿cómo es posible que palabras tan cotidianas para nosotros como dónut, muesli, post-it, táper o viagra (por mencionar las más importantes) no estén reconocidas por la RAE? Sobre todo cuando podemos encontrar otras bastante menos relevantes y generalizadas, de las que gillette me parece el paradigma absoluto.

Para finalizar, me gustaría hacer, sin que sirva de precedente, una pequeña predicción de tres vulgarizaciones que no aparecen en la lista y creo serán incorporadas antes o después al DRAE: Bluetooth (¿blutuz, quizá?), Google y Zippo. En un principio, no habría apostado por la segunda, pero dada su creciente relevancia los diccionarios anglófonos ya incorporan el verbo to google (googlear) con el sentido de "Buscar en Google", así que, ¿quién sabe? Tiempo al tiempo. Después de todo, ya hay quienes abogan en defensa de tuitear y sus derivados...


FUENTE: WIKIPEDIA

FUENTE COMPLEMENTARIA: AH'DIÓ!
11 sept 2011 | Por: Nacho

Epónimos II

Como ya dije en la primera entrada, los epónimos son palabras cuya etimología deriva de un nombre propio, habitualmente de persona. Creí haber incluido suficientes ejemplos en aquella entrada, pero, al releer un libro didáctico de mi infancia (Dime quién es), quedé convencido de que me dejé muchísimos en el tintero, así que he aquí la segunda entrega de la saga Epónimos:

Bloody Mary: Enrique VIII, rey de Inglaterra e Irlanda, contrajo matrimonio con Catalina de Aragón, pero, caprichoso él, tras 22 años casados, decidió tomar una esposa más joven, mas, al no recibir del Papa la anulación, se problamó líder de la llamada Iglesia anglicana, de modo que se autoautorizó a divorciarse para casarse con Ana Bolena, a la que hizo decapitar a los tres años, y así hasta un total de seis esposas. De este personaje y Catalina fue hija María (Tudor) I de Inglaterra (imagen), que, con intención de restaurar el catolicismo, reprimió duramente el protestantismo, lo que le valió el sobrenombre de María la Sangrienta (Bloody Mary), actual nombre de un famoso cóctel. Sin embargo, como dato adicional, debéis saber que dicha restauración fue revertida por su hermana Isabel I y la antes mencionada Ana Bolena.

Turrón: En la sitiada Barcelona de 1714, el hambre amenazaba con arrasar la población y las autoridades decidieron convocar un concurso para premiar a quien descubriera un alimento no perecedero que se conservase inalterable e ingerible con el paso del tiempo. El vencedor fue un confitero catalán llamado Turrons, que creó una masa de miel y almendras cubierta de obleas a la que se le acabó dando su nombre.

Cursi: Ésta va por el señor Miguel Ángel, "el Yayo". Según mi librito, en la sociedad gaditana de mediados del siglo XIX existían dos repipis señoritas ricas y huérfanas apellidadas Curt y Tessi que, por sus perifollos y extravagancias, se convirtieron en el blanco de las coplas y chuflas populares. La unión de sus apellidos quedaría, así, como sinónimo de cualquier persona o cosa pretendidamente fina y elegante que causa más ridículo que otra cosa. No obstante, no es descartable la versión que atribuye el origen de la palabra a una adinerada familia gaditana de apellido Sicur.

Cotilla: María de la Trinidad, llamada Tía Cotilla por su atuendo, fue la líder de una sanguinaria y fanática pandilla madrileña del siglo XIX que cometió crímenes atroces contra conocidos liberales. Condenada numerosas veces a las galeras, murió en el cadalso y dejó su sobrenombre como calificativo de aquéllas (y aquéllos) que se dedican a murmurar y meterse donde no los llaman, sembrando el recelo y la discordia.

Tiovivo: Mi cuasi tocayo Esteban Fernández (según algunos, Esteban Méndez) era un feriante madrileño conocido por su popular carrusel. Enfermo de cólera, sus amigos le dieron por muerto y, mientras le llevaban al cementerio, el Tío Esteban se levantó gritando "¡Estoy vivo!", pasando a ser el Tío Vivo, nombre que quedaría para designar a los caballitos. No obstante, esta teoría, aunque curiosa, no parece plausible, dado que la palabra tiovivo también era usada en Latinoamérica por aquel entonces.

Estraperlo: A comienzos del siglo pasado, unos empresarios holandeses de juegos de azar (según unas versiones, Strauss, Perel y Lowann; según otras, Strauss y Perlowitz) trataron de introducir en España una fraudulenta ruleta con afán de lucrarse. Tras la negativa de la Generalitat catalana, decidieron sobornar a algunos altos cargos de Madrid y consiguieron establecerse en San Sebastián y Formentor. La ruleta, conectada a un botón que hacía ganar a la banca cuando quisiera, fue prohibida por la policía y Strauss demandó al Gobierno, generando una gran controversia pública en la que importantes personalidades quedaron al descubierto. Hoy en día, el nombre de dicha ruleta designa a todo negocio sucio y, concretamente, al mercado negro.

Vespasiano: La gran anécdota del emperador Tito Flavio Vespasiano es de sobra conocida, pero, por si acaso, la reproduciré para vosotros: en su afán por reorganizar las finanzas, Vespasiano creó un impuesto para gravar el uso de urinarios públicos. Cuentan que su hijo Tito, indignado por el desagradable origen del dinero recaudado, fue a quejarse a su padre, quien le mostró una moneda y le dijo "Non olet" ("No huele"), ejemplificando el valor intrínseco del dinero sea cual sea su origen. Aunque en España es una palabra prácticamente desaparecida, los urinarios públicos de Francia, Italia y Rumanía aún reciben su nombre de este emperador.

Pírrico: Otro famoso rey fue Pirro II el Águila, soberano de Epiro y megalómano ejemplar. Deseando ser emperador, el rey acudió a la llamada de las ciudades griegas de Italia para protegerlas de los romanos y salió victorioso de la contienda, aunque con enormes pérdidas. En respuesta, Roma envió otro contingente que también fue vencido, aunque Pirro hubo de admitir "Otra victoria como ésta y estamos perdidos" dados los numerosos efectivos sacrificados por su parte. En consecuencia, hubo de retirarse, quedando su nombre como sinónimo de una victoria sangrienta y apenas provechosa para el vencedor.

Salomónico: Hijo del célebre rey David, Solomón fue monarca de Israel durante el siglo X a.C. Como muchos saben, su fama se debe especialmente a un episodio concreto de su vida, en el cual se le planteó una dura decisión: un día, dos mujeres que cohabitaban una casa y habían dado a luz con una diferencia de tres días, se presentaron ante el rey alegando ser madres de un mismo retoño. Al parecer, uno de los dos niños había muerto y su madre pretendía quedarse con el otro. Ante esta situación, Salomón ordenó cortar al niño en dos para repartirlo, pero la auténtica madre se puso en evidencia al preferir entregar a su hijo vivo y entero, con lo que el sabio monarca le concedió todos los derechos sobre él. Desde entonces, se tilda de salomónicas a las decisiones tomadas con gran sabiduría y tino.

Draconiano: En tiempos de la República ateniense, las leyes eran constantemente violadas, pues no existía un cuerpo jurídico escrito. Antes las continuas disputas, los jueces habían de decidir a su arbitrio, por lo que los gobernadores de Atenas encargaron al filósofo Dracón la redacción de unas leyes ecuánimes con severas penas que serían grabadas en los muros de la ciudad. Por ese motivo, hoy en día toda medida desmesurada es llamada draconiana.


FUENTE: MONLAÜ, S. y G. Dime quién es. Barcelona, 1971

FUENTES COMPLEMENTARIAS: WIKIPEDIA (ES, EN)
13 may 2011 | Por: Nacho

Epónimos

Terminados los exámenes, puedo volver a este blog con la inspiración que me dio mi última lectura grijelmiana: Defensa apasionada del idioma español. Y hoy os traigo un curioso término lingüístico que seguramente muchos habréis estudiado:

Los epónimos son sustantivos propios, generalmente de personas, que se usan para designar un lugar, época, descubrimiento, invento, enfermerdad, etc. En el campo médico – y en las ciencias en general –, son especialmente comunes (daltonismo, complejo de Edipo, síndrome de Down, trompas de Falopio...), pero han influido en muchos otros campos: botánica (begonia, magnolia...), unidades de medición (amperio, vatio, voltio...), elementos químicos (einstenio, mendelevio, nobelio...), etc. También es común la creación de epónimos para denominar movimientos o actitudes propios de determinados personajes históricos, legendarios o incluso ficticios: barrabasada (Barrabás, personaje bíblico), cantinflada (Cantinflas), casanova (J. J. Casanova de Seingalt), celestina (Celestina, personaje de F. de Rojas), charlotada (Charlot, personaje de C. Chaplin), chovinismo (N. Chauvin), cristianismo (Jesucristo), donjuán (D. Juan Tenorio, personaje de J. Zorrilla), fígaro (Fígaro, personaje de P. A. de Beaumarchais), fordismo (H. Ford), lazarillo (Lazarillo de Tormes, personaje de la obra homónima), lázaro (Lázaro, personaje bíblico), ludismo (N. Ludd) maquiavélico (N. Maquiavelo), marxismo (K. Marx), masoquismo (L. von Sacher-Masoch), mecenas (C. C. Mecenas), onanismo (Onán, personaje bíblico), perillán (Per Illán), platónico (Platón), polichinela (P. Cinelli), quijotesco (D. Quijote, personaje de M. de Cervantes), sadismo (marqués de Sade), supermán (Superman, personaje de J. Siegel), trotaconventos (Trotaconventos, personaje de J. Ruiz)...

De igual modo, son varias las localizaciones geográficas cuyos nombres proceden de personajes relevantes, como Alejandría, América, Arabia Saudí, Atenas, Bermudas, Bolivia, Colombia, Europa, Everest, Filipinas, Gibraltar, Israel, Liechtenstein, Patagonia, R. Dominicana, Rodesia, Roma, Washington... De hecho, ampliando el concepto de epónimo, algunas personas incluyen también muchos términos que han adoptado su nombre de gentilicios por metonimia: americana, bayoneta, canario, chilena, cubana, daiquiri, francés, griego, habano, hamburguesa, macedonia, mahonesa, milanesa, napolitana, nórdico, noruego, pequinés, pergamino, persiana, polaca, sevillana, suizo, tejanos, turquesa...

Por mencionar algunos, otros epónimos famosos son los que siguen: algoritmo/guarismo (al-Jwarizmi, matemático), bártulo (Bártolo, reputado jurisconsulto italiano) besamel (duque L. de Béchameil, a cuyo cocinero se atribuye equívocamente la invención de la salsa), braille (L. Braille), daguerrotipia (L. J. M. Daguerre), diésel (R. Diesel), esperanto (L. L. Zamenhorf, Doktoro Esperanto), galvanizar (L. Galvani, cuyos trabajos sirvieron para descubrir la técnica), leotardo (J. Léotard, acróbata que lo popularizó), luis (Luis XIV, durante cuyo reinado se comenzó a acuñar esta moneda), mansarda (F. Mansart, arquitecto que puso de moda las buhardillas), moisés (Moisés, profeta judío que fue lanzado al río de pequeño en una de estas cunas para salvarse), morse (S. F. B. Morse), nachos (I. Anaya), nicotina (J. Nicot, embajador que introdujo el tabaco en la Corte francesa), pasteurización (L. Pasteur), pantalón (no, no es que vaya de la panza al talón, sino que viene de Pantaleón, personaje teatral veneciano), quevedos (F. de Quevedo, escritor que los popularizó), rastafari (rey H. Selassie I, ras Tafari), ros (A. Ros de Olano), sándwich (J. Montagu, conde de Sandwich, jugador empedernido que creó estos bocados para no tener que abandonar las partidas), saxofón (A. J. Sax), silueta (E. de Silhouette, ministro de Hacienda aficionado a los recortes de papel que impuso duros impuestos a los ricos, por lo que su nombre quedó como sinónimo de lo barato y de la barata práctica prefotográfica de recortar siluetas), simón (S. González, primer alquilador de coches de Madrid), uzi (Uziel Gal), zepelín (conde F. von Zeppelin, fundador de la empresa Zeppelin)... En todos estos casos, salvo aquéllos en los que se indica lo contrario, el epónimo se debe al presunto inventor, pero no debemos olvidar otros casos; por ejemplo, los días y meses, así como algunas marcas comerciales (vulgarizadas o no) también son epónimos.

Para finalizar, me gustaría comentar cuatro epónimos especialmente destacables:

Boicot: El capitán Charles C. Boycott fue un administrador irlandés de finales del siglo XIX que se dedicó a guardar las tierras de un terrateniente absentista y se negó a la rebaja de los arrendamientos propuesta por la Irish Land League para redistribuir las fincas y mejorar la situación de los granjeros en alquiler. La alternativa no violenta para obligarle a ceder fue, precisamente, lo que hoy se conoce como boicot, una forma de ostracismo consistente en suspender todo tipo de trato con el individuo en cuestión (como dirían algunos, hacer el vacío). De ese modo, los jornaleros dejaron de trabajar en su casa, los comercios le negaron la venta de comidas y hasta el cartero dejó de entregarle el correo, por lo que hubo de importar trabajadores, comida y varios escoltas (por si acaso), lo que resultó en un encarecimiento brutal del coste de la cosecha.

Linchar: Charles Lynch, plantador cuáquero de Virginia (EEUU), fue un revolucionario coronel que constituyó durante la Guerra de la Independencia Estadounidense un irregular tribunal popular que ejecutó sin proceso a unos aliados de los británicos sospechosos de haber encabezado una sublevación. Cuando la Justicia ordinaria los absolvió, Lynch ordenó su ejecución y los detenidos fueron llevados por una multitud a un árbol para colgarles sumariamente, procedimiento que se repitió con todos los soldados británicos y posibles aliados de los ingleses que pudo encontrar el juez. Sorprendentemente, ello sucedió mientras se elaboraba la famosa Declaración de Derechos de Virginia, y, a pesar de las quejas por la total falta de garantías procesales de la Ley de Lynch, la Corte Suprema norteamericana avaló este procedimiento.

Molotov: Aunque ya existían antes de la famosa Guerra de Invierno, los cócteles molotov tomaron su nombre del soviético Viacheslav Mólotov, comisario del pueblo para los asuntos exteriores, quien tuvo la osadía de transmitir por radio a la población finesa durante el conflicto que el ejército ruso no estaba lanzando bombas, sino alimentos. Por ese motivo, los finlandeses comenzaron a denominar a estas bombas "canastas de comida Molotov" de modo sarcástico y su ejército declaró que «si Molotov ponía la comida, ellos pondrían los cócteles».

Guillotina: Al contrario de lo que pudiera parecer, la invención de la guillotina respondió a causas mayoritariamente humanitarias, dado que los métodos de ejecución legales solían ser un espectáculo público muy aceptado en el que la tortura sistemática y agónica del reo cumplían la función de atraer la atención de los espectadores. Las técnicas más usadas incluían la rueda, la flagelación, el desmembramiento, el ahorcamiento (incluida la combinación inglesa "hanged, drawn and quartered" o "colgado, arrastrado y descuartizado") y, para miembros de la nobleza, la decapitación con espada o hacha. El médico y diputado francés Joseph Ignace Guillotin (primera imagen) usó su cargo público para proponer este instrumento en aras de la igualdad, aunque en realidad su intención era evitar el sufrimiento innecesario (de hecho, incluso votó a favor de la privacidad del ajusticiamiento). El ingenio, rediseñado por el Dr. Antoine Louis (segunda imagen), fue bautizado por el político Jean-Paul Marat como louison o louisette, pero finalmente adoptó el nombre de su promotor, cuyos familiares se hubieron de cambiar el apellido para evitar la asociación. La recurrente leyenda urbana sobre el guillotinamiento del diputado es, no obstante, falsa, pero podría encontrar su explicación en la ejecución de otro Dr. Guillotin, de Lyon, que sí fue ajusticiado de este modo, o en el hecho de que Guillotin fuera atrapado y casi guillotinado durante el Terror francés por convocar la reunión del Juego de la Pelota.


3 ene 2011 | Por: Nacho

Tres con «P»

Notando que tres de las entradas que iba a escribir comenzaban con la letra «P», he decidido optimizar el espacio de mi blog y escribirlas juntas. ¡Tomad nota!

Psicólogo: Sobran explicaciones, pues todos sabemos que un psicólogo es aquel profesional especializado en todo lo relacionado con la mente (en griego, psico). Si es así, ¿por qué diablos insiste la RAE en considerar correcta la grafía sicólogo? No les basta con librarse de la –t de post– o de sept–, no, sino que también tienen que convertir al especialista de la mente en el especialista... ¡de los higos! (En griego, sico significa higo).

Presidenta: Del griego pasamos al latín y a cómo escribirlo correctamente. Y escribirlo correctamente implica ineludiblemente ignorar cuanto diga la RAE, al parecer, ya que, desde hace varias décadas y muy especialmente en estos días, se insiste en evitar las desigualdades de género llevando al asunto hasta el absurdo más absoluto. En concreto, me parece significativamente ridícula la feminización de tantas palabras referidas a oficios (médica siempre me sonará fatal). En el caso que nos ocupa, que son los terminados en –nta, debe remarcarse que la desinencia original latina, –ns/–ntis, presentaba una forma para masculino y femenino y otra para el género neutro. Así, este morfema (traducible en la práctica por "el/la que hace algo") evolucionó hasta nuestro –nte de presidente, regente, sirviente, latente, ardiente... Si insistimos en decir burradas como presidenta, regenta o sirvienta... ¿por qué no decimos también latenta o ardienta? Ahí lo dejo.


Pedófilo: La mayoría de personas no diferencia la pedofilia de la pederastia. En realidad, la pedofilia no es delito, pues es la simple atracción (–filia) por los jóvenes o niños, mientras que la pederastia sí está penada, ya que implica abusar sexualmente de éstos (matiz que la nueva versión del DRAE, cómo no, ha destruido). Además, añade mi querido Grijelmo, refiriéndose nuevamente a la etimología, que la palabra pedófilo significa, en realidad, amante de los pedos (como las parafilias), ya que la raíz pedo– no se corresponde con la palabra griega paidós (niño), como sí ocurre en pediatra, por ejemplo. Por eso, en una de las actualizaciones del DRAE ya se comenzaron a considerar las alternativas preferentes de paidofilia y paidófilo/a.

¡Gracias, Mª Carmen!

FUENTE COMPLEMENTARIA: GRIJELMO, A. La punta de la lengua, Ed. Aguilar. Madrid, 2004
8 nov 2010 | Por: Nacho

Expresiones para gente molesta

Demasiado poco explícitas para los tiempos que corren, muchas expresiones usadas para librarse de una persona molesta han caído en desuso en detrimento de otras más gráficas, como irse a tomar por culo o irse a la mierda. No obstante, hagamos un análisis retrospectivo de otras más "históricas":

Desde hace mucho tiempo, la existencia de personas fastidiosas o inoportunas ha implicado la necesidad de inventar expresiones para despachar a esta clase de gente. Por eso, se documentan vocablos varios que se han utilizado a este respecto, generalmente dando a entender que se prefiere que dicha persona se mantenga alejada y ocupada en una tarea desagradable o inútil:

Irse a freír churros: Al parecer, en sus orígenes los churros tardaban bastante tiempo en freírse. Por si ello fuera poco, los churreros solían recibir numerosas salpicaduras del aceite hirviendo, por lo que mandar a freír churros es desearle a alguien la ingrata tarea de esperar, quemarse y recibir dos duros por ello.

Irse a freír espárragos: Dado que los espárragos son un alimento que debe tomarse hervido (aunque ahora también se estilen a la plancha), mandar a alguien a freír espárragos equivale a atribuirle una tarea muy ardua y del todo inútil, ya que nadie se comería unos espárragos fritos.

Irse a freír monas: La expresión habla por sí sola: nada más absurdo, improductivo y engorroso que tratar de freír una mona (no digamos ya varias...).

Irse a freír morcillas: Como ocurre con los espárragos, freír morcillas lleva mucho tiempo, esencialmente debido a su volumen. Por tanto, es del todo deseable que el pelma de turno dedique su tiempo a dicha tarea y, mientras tanto, deje de dar la vara.

Irse a hacer gárgaras: Nada mejor para interrumpir la cháchara molesta que enviar a alguien a hacer gárgaras, de forma que no pueda hablar y, con algo de suerte, incluso se atragante y ahogue.

Irse a hacer puñetas: Las puñetas son los encajes que solían llevar los juristas, doctores, magistrados, etc. al final de las mangas (en torno al puño). Al parecer, estas bocamangas eran complicadísimas de tejer, por lo que, cuando una persona se hartaba de otra, la mandaba a hacer puñetas para que se estuviese entretenida un buen rato y la dejase en paz, ya que esta tarea artesanal ocupaba mucho tiempo y, por si fuera poco, solía realizarse en los conventos, de tal modo que, con suerte, el puñetero quizá se tuviese que quedar allí definitivamente.

Irse al guano: Sabiendo que el guano es la acumulación de los excrementos de ciertos animales, como las aves marinas, sobran las explicaciones.

Irse al carajo: En refencia a la canastilla del palo mayor de un navío (imagen), desde la que vigilaban los marineros castigados.

Irse a la porra: Al acampar, los ejércitos de los siglos XVII y XVIII solían clavar un bastón terminado en un puño de plata que se utilizaba como batuta del tambor mayor: la porra. Cuando un soldado era arrestado, se le mandaba a la porra para que posteriormente fuese el oficial de guardia a verle e imponerle el castigo correspondiente, que solía ocuparle mucho tiempo. Sin embargo, según mi colega Miguel Ángel, La Porra es una pequeña población del extrarradio madrileño cuyos edificios destacan por su pésima y rara construcción, por lo que podéis elegir la opción que más os atraiga.

Finalmente, uno puede mandar a la persona hartante a paseo (y si es largo, mejor), al pedo, al cuerno, al orto, a la verga, al quinto pino/coño, a tomar por saco, al infierno o incluso a cagar a la vía, con la secreta esperanza de que el tren le arrolle en plena faena.

¡Gracias, Fernando!

FUENTES COMPLEMENTARIAS: 1DE3.COM, MEMORIA RESIDUAL
1 nov 2010 | Por: Nacho

Por uebos

No, no he cometido una falta ortográfica. Es cierto que actualmente es muy común decir cosas como Lo vas a hacer por mis huevos (o, para los más osados, por mis [santos] cojones), pero el origen real de esta expresión nada tiene que ver con los testículos:

En realidad, la expresión por uebos es un arcaísmo, generalmente jurídico, que viene a significar por necesidad. Así, se podía decir ante el Juez que el acusado había actuado por uebos o que le era uebos decir algo. Sin embargo, al entrar en contacto con las clases populares, la gente cambió la palabra uebos (del latín opus) por su homófona huevos (del latín ovum), pensando que la expresión hacía referencia a los testículos, y así es como se ha quedado hasta el día de hoy... por uebos.

¡Gracias, Clara!
28 oct 2010 | Por: Nacho

Saludos

¿Qué mejor forma de empezar un blog sobre curiosidades que explicando el origen de los distintos saludos? Y es que, a lo largo de la Historia, son numerosos los diferentes saludos realizados con las manos que han usado las civilizaciones, clases sociales, militantes políticos, etc. Aquí se ha tratado de recoger los más significativos:

El saludo ibérico (salutatio iberica), el más antiguo descubierto en Occidente, tenía una importante carga simbólico-religiosa. Según los expertos, este gesto, que consistía en alzar la mano diestra extendida, se utilizaba durante las oraciones, existiendo variantes del mismo, desde la apertura de la palma de la mano en señal de la sumisión de los orantes hasta las posturas de los propios oficiantes y sacerdotes, que solían extender uno o los dos brazos y abrir las palmas. De hecho, una de estas variantes consistía en doblar el codo y alzar la palma abierta, que, curiosamente, coincide con el saludo de los indios del Oeste (muy parecido al actual), el cual solía acompañarse de la palabra jao, que no es otra cosa que la deformación del utilizadísimo introductor how anglosajón (puede presumirse que los indios pensaron que, si el hombre blanco usaba tanto esta palabra, era porque le resultaba agradable).

Con el tiempo, este saludo, lejos de perder su sentido religioso, desarrolló una segunda finalidad más práctica, ya que mostrar desnuda la mano con la que se empuñaba el arma (generalmente, la diestra) bien podía considerarse como un símbolo de paz. Por ejemplo, cuando las tropas de Publio Escipión asediaron el territorio de Auringis (actual Jaén), los indígenas de la zona emplearon este gesto de paz, a pesar de lo cual fueron masacrados. Es probable que entonces, con el contacto entre íberos y romanos, estos últimos adoptaran (y adaptaran) el gesto.


En la Antigua Roma, el brazo estirado con la mano abierta en continuidad con el brazo se identificaba con una reverencia, señal de respeto a una divinidad o persona importante. Ejemplo de ello es el famoso “¡Ave César!”, que siempre había de acompañarsede este gesto a la altura del pecho, ya que ello simbolizaba la lealtad hacia el emperador, pues, como se ha dicho, los saludos habitualmente encerraban una significación simbólica, solemne (de hecho, a la hora de prestar juramento ante la bandera o un texto sagrado, por ejemplo en actos judiciales, el testigo debe levantar la mano, generalmente sobre dichos objetos, como muestra de sumo respeto), como la que le da el Papa católico (o cualquier sacerdote cristiano) a la hora de dar una bendición.


Posteriormente, tanto ese saludo como chocarse las manos (si os fijáis, siempre con la mano derecha) fueron usados en la Edad Media entre caballeros, una vez más para mostrar la ausencia de armas. También, en señal de respeto, los antiguos caballeros medievales solían retirarse el yelmo para saludar a los monarcas o cuando reconocían a un caballero más diestro o de mayor rango, costumbre que prevaleció en el tiempo hasta los actuales militares, que lo realizan de forma más simple y aproximando más el codo al cuerpo.

En la Francia del siglo XIX, el proletariado se alzó contra la política capitalista de Napoléon III levantando el puño hostilmente como muestra de su fuerza, gesto que siempre se ha asociado a las revueltas, ya que cerrar la mano es un reflejo, a veces inconsciente, de ira.

Años después, el político estadounidense Francis Bellamy eligió el saludo militar romano para que los escolares mostraran su adhesión a la bandera y a la nación a la que pertenecían. Sin embargo, el saludo Bellamy, al iniciarse las hostilidades de la II Guerra Mundial, fue retirado para evitar la similitud con el saludo de los nazis alemanes, que erigían el brazo derecho con la mano extendida y la palma hacia abajo para mostrar su afección al Führer, siendo sustituido por el de colocar la mano sobre el corazón cuando suena el himno de EEUU.

Efectivamente, el saludo romano era practicado por los movimientos juveniles alemanes de principios de siglo, que, para resaltar su rechazo al saludo burgués del apretón de manos, procedente del que utilizaban los caballeros medievales, alzaban el brazo derecho al grito de “¡Heil!”. Según el propio Hitler, este saludo pacífico alemán fue utilizado para recibir a Lutero en la Dieta de Worms y, más tarde, fue adoptado por el fascismo italiano de Mussolini, que probablemente lo tomó de su mentor político D’Annunzio, el cual lo impuso en su tropa. El saludo consistía en mantener el brazo derecho en alto, pero en diagonal, no en total verticalidad, y la mano extendida con todos los dedos juntos. Hitler consideraba este gesto un vestigio de la antigua forma de saludo de los nobles medievales y sabía de su procedencia romana (de hecho, el objetivo de Hitler al proclamar el Tercer Reich era instaurar un tercer Imperio Romano, razón por la cual su política expansionista estuvo tan influida por la antigua cultura romana, aunque no existen evidencias de que el saludo nazi provenga de aquí), por lo que decidió utilizarlo, aunque se ha observado que el saludo fascista alemán difiere del italiano al desviarse ligeramente hacia la derecha, lo cual se ha interpretado como una muestra de desprecio y superioridad.


A modo de imitación “solidaria” de los anteriores, el fascismo español promulgó la obligatoriedad del saludo brazo en alto, que se distinguía del italiano en que la muñeca del brazo levantado no prolongaba la línea del mismo, sino que se levantaba de una forma muy parecida al gesto que hoy en día se usa para indicar que alguien frene. Esta obligatoriedad fue derogada al término del conflicto nazi por un decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros, publicado en el BOE nº. 257 del 14 de septiembre de 1945. A continuación, el contenido de dicho decreto, que no tiene desperdicio:

Al iniciarse en 18 de Julio de 1936 el Movimiento Nacional, como exaltación espiritual de nuestra Patria ante el materialismo comunista que amenazaba destruirla, entre las fórmulas de expresión de vibrante entusiasmo de aquellos días surgió, frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia que el comunismo levantaba, el saludo brazo en alto y con la palma de la mano abierta, de rancio abolengo ibérico, espontáneamente adoptado en pueblos y lugares; saludo que ya en los albores de nuestra Historia constituyó símbolo de paz y de amistad entre sus hombres.

Mas, circunstancias derivadas de la gran contienda han hecho que lo que lo que es signo de amistad y cordialidad venga siendo interpretado torcidamente, equiparándole un carácter y un valor completamente distintos de la que representa. Esto aconseja el que, en servicio de nuestra Nación, deban abandonarse en nuestra vida de relación aquellas formas de saludo que, mal interpretadas, han llegado a privar a las mismas en muchos casos de su auténtica expresión de amabilidad y cortesía.”

No obstante, todo sea dicho, el rigor del saludo en España –muy similar al también impuesto por el dictador chileno Augusto Pinochet– no fue tan firme como en otros países, llegando incluso a realizarse con el brazo levantado, lo cual, por cierto, no contradecía el decreto de 1937 sobre la obligatoriedad del saludo y, dentro del eje Berlín-Roma-Tokio, nos acercaba a Japón, donde se levantaban (y levantan) ambos brazos. Además, el brazo izquierdo está más cerca del corazón, lo que entronca con la tradición sioux (nativos americanos).

Por el contrario, los comunistas, enemigos políticos naturales de los fascismos (especialmente, del nazismo) y del capitalismo, utilizaron el gesto contrario a modo de saludo, esto es, levantar el puño (no la mano abierta) izquierdo (no derecho) con la mano flexionada paralelamente a la cabeza (no recta). Se puede observar la clara identificación dicotómica de la mano derecha con las políticas derechistas (fascismo) y la izquierda con las políticas izquierdistas (comunismo).

Este gesto fue utilizado por el marxismo (anterior al régimen fascista) y el Rotfront (Frente Rojo, Partido Comunista Alemán) y se extendió como símbolo de unión pacífica con la Internacional (ya que mantener los cinco dedos juntos da la impresión de unión entre los obreros de los cinco continentes), que se disgregó en tres sentidos: socialismo (brazo izquierdo), comunismo (brazo derecho) y anarquismo (puños entrecruzados en aspa sobre la cabeza). Cabe mencionar que Mussolini fue obrero socialista antes de “convertirse” al fascismo, por lo cual a él debe atribuirse lo opuesto de ambos saludos.

Por ello, el saludo con el puño cerrado fue usado, entre otros, por los defensores de los derechos civiles, por los antifascistas de la Guerra Civil española, por personalidades públicas como Nelson Mandela al salir de la prisión o el presidente Hugo Chávez (en general, por todos los republicanos, debiendo el Ejército Popular realizar el actual saludo llevándose el puño a la altura visera, como en la imagen inferior y también como los oficiales chinos actuales) y por los militantes del Black Power Movement, como los corredores olímpicos Tommie Smith y John Carlos (JJOO de 1968). A día de hoy, es un símbolo universal de libertad e incluso de victoria (por ejemplo, los futbolistas emplean este gesto al marcar un gol, al igual que muchos otros deportistas) – a diferencia del nazi, que está prohibido en Alemania y Austria y penado en otros países –, aunque en la actualidad sólo es utilizado con su significado político en Bélgica, Portugal y España.


Como reminiscencia del dominio nazi, también se conserva el saludo feminista, que consiste en formar un triángulo con las manos sobre la cabeza juntando los dedos de cada mano con su análogo, ya que el triángulo era el símbolo con el que se marcaba en los campos de concentración a las prostitutas y mujeres indeseables, y, más tarde, a los homosexuales.

En la actualidad, prevalecen numerosos tipos de saludos con la mano (algunos de los cuales serán tratados posteriormente en otra entrada), siendo el más habitual estrecharse (como hacían los masones) o chocar las manos (generalmente, en signo de camaradería). También es común el movimiento alternativo de derecha a izquierda del brazo, extendido o flexionado, con la palma abierta o incluso del brazo extendido y estático con la palma abierta, que es también la forma más usual de llamar a los taxis o de levantar la mano en clase.

¡Gracias, mamá, Alex y Elsa!

FUENTES COMPLEMENTARIAS: Historia y vida, nº. 74. Consultorio de David Ferrer, Prisma Publicaciones. Barcelona, 1974;
BELTRÁN LLORIS, M. Los iberos en Aragón, Ed. CAI. Zaragoza, 1996;
SALA ROSE, R. Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, Ed. El Acantilado. Barcelona, 2005;