16 may 2011 | Por: Nacho

Criptozoología

Todos sabemos que los animales se clasifican en función de sus características en distintas especies, géneros, familias y otras categorías (vertebrados, anfibios, coleópteros, vivíparos...). No obstante, existe una especialidad de la zoología dedicada en exclusiva a la investigación de criaturas sobrenaturales, folclóricas o presuntamente extintas: la criptozoología.

Esta disciplina, habitualmente considerada pseudocientífica, es muy minoritaria, por lo que la comunidad científica apenas la toma en consideración, a pesar de que en contadísimas ocasiones hagan hallazgos realmente relevantes. Después de todo, ¿quién podría imaginar un mamífero ovíparo semiacuático venenoso con pico de pato, cola de castor y patas de nutria? Y, sin embargo, ahí tenemos a nuestro querido ornitorrinco. Otros ejemplos serían la recientemente descubierta Turritopsis nutricula (una variedad de medusa, retratada en la imagen, que contraviene las leyes de la Biología por su inmortalidad), el okapi, el tapir andino, el hiloquero o la onza.

Además, los críptidos estudiados por la criptozoología han de cumplir ciertas características, de tal forma que muchos seres mitológicos (incluidos los religiosos) o, en general, forteanos (relativos a otras disciplinas científicas) quedan para su estudio por otros especialistas, como los parapsicólogos o los ufólogos. Quizás sea precisamente culpa de estos supuestos expertos y de los numerosos fraudes el desdén generalizado hacia esta disciplina.

Generalmente, los críptidos son seres aparentemente imposibles o con cualidades sobrenaturales (invisibles, atmosféricos, espirituales, feéricos, gigantes, antropoides, reptiloides, leviatanes, dragones, saurios...). También es habitual que estos seres estén asociados a fenómenos paranormales o extraños (por ejemplo, los globsters o cadáveres no identificados) o a campos insuficientemente investigados, como el mundo submarino. El bestiario criptozoológico incluye árboles carnívoros, fósiles vivientes y seres como el calamar gigante, el chupacabras, Nessie (monstruo del lago Ness), Big Foot (sasquatch), el Yeti o el Kraken, aunque, según algunos, también podrían añadirse seres mitológicos, como Cerbero, Pegaso, Fénix, Roc, Jabberwocky (imagen), Uróboros, la Parca, la hidra, el basilisco, la salamandra, el cuélebre, el catoblepas, el centauro, el minotauro, el unicornio, el kelpie, el hipocampo, el grifo y el hipogrifo, el sleipnir, la esfinge, la quimera, la lamia, el gamusino, las harpías, las gorgonas, las Furias, las sirenas y tritones, los cíclopes, los licántropos, los vampiros, los liches y zombies, las gárgolas, las hadas y banshees, los pixies y trasgos, los boggarts, las gnomos, los duendes y leprechauns, las ninfas y veelas, las sílfides, los sátiros, los elfos y drows, los kitsunes, los gigantes y titanes, las gólems, los tótems, los ogros y troles, los orcos, los goblins,  los gremlins, los hobbits, los enanos, los doppelgänger, los homúnculos...

La lista podría ser inimaginablemente larga y heterogénea, como podéis ver, pero se observa que muchos de estos seres poseen características comunes de las ya citadas; por ejemplo, en muchos casos de trata de divinidades, pudiéndose añadir por tanto otros seres celestiales, como las valquirias o los ángeles (e incluso los mismos dioses, en algunos casos), y demoníacos. También aparecen varios seres folclóricos, pero sin embargo nadie investigaría sobre el Coco o Boogeyman (Hombre del Saco), el Conejo de Pascua, el Ratoncito Pérez (o el Hada de los Dientes) o Santa Claus (imagen) y sus renos. En consecuencia, se observa lo difícil que es delimitar el objeto de estudio, también debido a la influencia de las artes, pues monstruos como King Kong, Godzilla o el mal llamado Frankenstein no son más que creaciones artísticas del cine y la literatura.

Para finalizar, me gustaría señalar algo que quizá habréis notado, y es que muchos de los seres mencionados son híbridos de otros seres o animales: centauro = hombre + caballo, sirena = mujer + pez, etc. Este fenómeno, tan habitual en el folclore, es muy llamativo, dado que antiguamente no era de extrañar el uso de expresiones similares para describir a animales nunca antes vistos. Sin ir más lejos, la jirafa fue inicialmente llamada camellopardo por su parecido a un cruce entre camello y leopardo; de hecho, el mismo leopardo posee ese nombre porque se creía que era mitad león y mitad pantera (en latín, pardus). No obstante, no hace falta remontarse a épocas muy remotas, pues hasta el siglo pasado la existencia de un animal semejante a un cruce entre cebra y jirafa (el antes mencionado okapi, visible en la imagen) se creía una leyenda popular.


FUENTE: WIKIPEDIA
15 may 2011 | Por: Nacho

Inmortales

Quizá me hayáis leído usando esta palabra y os preguntéis a qué me refiero con ella. Lejos de ser alguna clase de broma personal – que las tengo –, este sobrenombre se aplica a una determinada élite (o elite). ¿Adivináis a cuál?

Para los que no, sabed que el apodo de Inmortales se refiere a los académicos de número o miembros de mi querida RAE, cada uno de los cuales ocupa un sillón y tiene asignada una letra, mayúscula o minúscula, del alfabeto. La razón de este apelativo se debe, en parte, a la influencia gala, pues en Francia se usa el mismo nombre para designar a los académicos de la Lengua; sin embargo, el verdadero motivo de que la expresión francesa se haya adoptado en España es que cada académico que toma posesión de su cargo es esculpido en un busto, que se añade a la colección visible en los jardines de la institución. De ese modo, quedan inmortalizados para la posterioridad.


FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA
13 may 2011 | Por: Nacho

Epónimos

Terminados los exámenes, puedo volver a este blog con la inspiración que me dio mi última lectura grijelmiana: Defensa apasionada del idioma español. Y hoy os traigo un curioso término lingüístico que seguramente muchos habréis estudiado:

Los epónimos son sustantivos propios, generalmente de personas, que se usan para designar un lugar, época, descubrimiento, invento, enfermerdad, etc. En el campo médico – y en las ciencias en general –, son especialmente comunes (daltonismo, complejo de Edipo, síndrome de Down, trompas de Falopio...), pero han influido en muchos otros campos: botánica (begonia, magnolia...), unidades de medición (amperio, vatio, voltio...), elementos químicos (einstenio, mendelevio, nobelio...), etc. También es común la creación de epónimos para denominar movimientos o actitudes propios de determinados personajes históricos, legendarios o incluso ficticios: barrabasada (Barrabás, personaje bíblico), cantinflada (Cantinflas), casanova (J. J. Casanova de Seingalt), celestina (Celestina, personaje de F. de Rojas), charlotada (Charlot, personaje de C. Chaplin), chovinismo (N. Chauvin), cristianismo (Jesucristo), donjuán (D. Juan Tenorio, personaje de J. Zorrilla), fígaro (Fígaro, personaje de P. A. de Beaumarchais), fordismo (H. Ford), lazarillo (Lazarillo de Tormes, personaje de la obra homónima), lázaro (Lázaro, personaje bíblico), ludismo (N. Ludd) maquiavélico (N. Maquiavelo), marxismo (K. Marx), masoquismo (L. von Sacher-Masoch), mecenas (C. C. Mecenas), onanismo (Onán, personaje bíblico), perillán (Per Illán), platónico (Platón), polichinela (P. Cinelli), quijotesco (D. Quijote, personaje de M. de Cervantes), sadismo (marqués de Sade), supermán (Superman, personaje de J. Siegel), trotaconventos (Trotaconventos, personaje de J. Ruiz)...

De igual modo, son varias las localizaciones geográficas cuyos nombres proceden de personajes relevantes, como Alejandría, América, Arabia Saudí, Atenas, Bermudas, Bolivia, Colombia, Europa, Everest, Filipinas, Gibraltar, Israel, Liechtenstein, Patagonia, R. Dominicana, Rodesia, Roma, Washington... De hecho, ampliando el concepto de epónimo, algunas personas incluyen también muchos términos que han adoptado su nombre de gentilicios por metonimia: americana, bayoneta, canario, chilena, cubana, daiquiri, francés, griego, habano, hamburguesa, macedonia, mahonesa, milanesa, napolitana, nórdico, noruego, pequinés, pergamino, persiana, polaca, sevillana, suizo, tejanos, turquesa...

Por mencionar algunos, otros epónimos famosos son los que siguen: algoritmo/guarismo (al-Jwarizmi, matemático), bártulo (Bártolo, reputado jurisconsulto italiano) besamel (duque L. de Béchameil, a cuyo cocinero se atribuye equívocamente la invención de la salsa), braille (L. Braille), daguerrotipia (L. J. M. Daguerre), diésel (R. Diesel), esperanto (L. L. Zamenhorf, Doktoro Esperanto), galvanizar (L. Galvani, cuyos trabajos sirvieron para descubrir la técnica), leotardo (J. Léotard, acróbata que lo popularizó), luis (Luis XIV, durante cuyo reinado se comenzó a acuñar esta moneda), mansarda (F. Mansart, arquitecto que puso de moda las buhardillas), moisés (Moisés, profeta judío que fue lanzado al río de pequeño en una de estas cunas para salvarse), morse (S. F. B. Morse), nachos (I. Anaya), nicotina (J. Nicot, embajador que introdujo el tabaco en la Corte francesa), pasteurización (L. Pasteur), pantalón (no, no es que vaya de la panza al talón, sino que viene de Pantaleón, personaje teatral veneciano), quevedos (F. de Quevedo, escritor que los popularizó), rastafari (rey H. Selassie I, ras Tafari), ros (A. Ros de Olano), sándwich (J. Montagu, conde de Sandwich, jugador empedernido que creó estos bocados para no tener que abandonar las partidas), saxofón (A. J. Sax), silueta (E. de Silhouette, ministro de Hacienda aficionado a los recortes de papel que impuso duros impuestos a los ricos, por lo que su nombre quedó como sinónimo de lo barato y de la barata práctica prefotográfica de recortar siluetas), simón (S. González, primer alquilador de coches de Madrid), uzi (Uziel Gal), zepelín (conde F. von Zeppelin, fundador de la empresa Zeppelin)... En todos estos casos, salvo aquéllos en los que se indica lo contrario, el epónimo se debe al presunto inventor, pero no debemos olvidar otros casos; por ejemplo, los días y meses, así como algunas marcas comerciales (vulgarizadas o no) también son epónimos.

Para finalizar, me gustaría comentar cuatro epónimos especialmente destacables:

Boicot: El capitán Charles C. Boycott fue un administrador irlandés de finales del siglo XIX que se dedicó a guardar las tierras de un terrateniente absentista y se negó a la rebaja de los arrendamientos propuesta por la Irish Land League para redistribuir las fincas y mejorar la situación de los granjeros en alquiler. La alternativa no violenta para obligarle a ceder fue, precisamente, lo que hoy se conoce como boicot, una forma de ostracismo consistente en suspender todo tipo de trato con el individuo en cuestión (como dirían algunos, hacer el vacío). De ese modo, los jornaleros dejaron de trabajar en su casa, los comercios le negaron la venta de comidas y hasta el cartero dejó de entregarle el correo, por lo que hubo de importar trabajadores, comida y varios escoltas (por si acaso), lo que resultó en un encarecimiento brutal del coste de la cosecha.

Linchar: Charles Lynch, plantador cuáquero de Virginia (EEUU), fue un revolucionario coronel que constituyó durante la Guerra de la Independencia Estadounidense un irregular tribunal popular que ejecutó sin proceso a unos aliados de los británicos sospechosos de haber encabezado una sublevación. Cuando la Justicia ordinaria los absolvió, Lynch ordenó su ejecución y los detenidos fueron llevados por una multitud a un árbol para colgarles sumariamente, procedimiento que se repitió con todos los soldados británicos y posibles aliados de los ingleses que pudo encontrar el juez. Sorprendentemente, ello sucedió mientras se elaboraba la famosa Declaración de Derechos de Virginia, y, a pesar de las quejas por la total falta de garantías procesales de la Ley de Lynch, la Corte Suprema norteamericana avaló este procedimiento.

Molotov: Aunque ya existían antes de la famosa Guerra de Invierno, los cócteles molotov tomaron su nombre del soviético Viacheslav Mólotov, comisario del pueblo para los asuntos exteriores, quien tuvo la osadía de transmitir por radio a la población finesa durante el conflicto que el ejército ruso no estaba lanzando bombas, sino alimentos. Por ese motivo, los finlandeses comenzaron a denominar a estas bombas "canastas de comida Molotov" de modo sarcástico y su ejército declaró que «si Molotov ponía la comida, ellos pondrían los cócteles».

Guillotina: Al contrario de lo que pudiera parecer, la invención de la guillotina respondió a causas mayoritariamente humanitarias, dado que los métodos de ejecución legales solían ser un espectáculo público muy aceptado en el que la tortura sistemática y agónica del reo cumplían la función de atraer la atención de los espectadores. Las técnicas más usadas incluían la rueda, la flagelación, el desmembramiento, el ahorcamiento (incluida la combinación inglesa "hanged, drawn and quartered" o "colgado, arrastrado y descuartizado") y, para miembros de la nobleza, la decapitación con espada o hacha. El médico y diputado francés Joseph Ignace Guillotin (primera imagen) usó su cargo público para proponer este instrumento en aras de la igualdad, aunque en realidad su intención era evitar el sufrimiento innecesario (de hecho, incluso votó a favor de la privacidad del ajusticiamiento). El ingenio, rediseñado por el Dr. Antoine Louis (segunda imagen), fue bautizado por el político Jean-Paul Marat como louison o louisette, pero finalmente adoptó el nombre de su promotor, cuyos familiares se hubieron de cambiar el apellido para evitar la asociación. La recurrente leyenda urbana sobre el guillotinamiento del diputado es, no obstante, falsa, pero podría encontrar su explicación en la ejecución de otro Dr. Guillotin, de Lyon, que sí fue ajusticiado de este modo, o en el hecho de que Guillotin fuera atrapado y casi guillotinado durante el Terror francés por convocar la reunión del Juego de la Pelota.


19 mar 2011 | Por: Nacho

Motor/Motriz

El otro día leí en cierto periódico (no recuerdo cuál) una interesante recomendación desde el Vademécum de la Fundéu BBVA, mucho más recomendable y fiel que el DRAE. ¿Alguien sabe usar correctamente la palabra motriz como sufijo? Yo ahora sí y vosotros también pronto:

A pesar de que se oigan y lean expresiones del tipo desarrollo psicomotriz, es incorrecto el uso de motriz para adjetivos masculinos. Las formas femeninas de motor se realizan de dos modos típicos en castellano, a saber: añadiendo una –a final (motora) o sustituyendo –tor por –triz (motriz). Por ende, lo correcto sería decir desarrollo psicomotor, pero fuerza motora o actividad motriz.


FUENTE: VADEMÉCUM
19 feb 2011 | Por: Nacho

Días y meses

El tiempo puede medirse en conglomerados más o menos grandes. Generalmente, salvando unidades mínimas como los nanosegundos, las personas usan segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años y algunas unidades superiores (bienio, trienio, lustro, década o decenio, siglo o centuria, milenio, cron...), así como otras intermedias, como trimestre. Especial interés tienen los días y los meses, dados sus nombres; de eso os vengo a hablar hoy:

Como casi todo el mundo sabe, los días de la semana toman su nombre de distintas deidades latinas: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Dominicus (Señor), respectivamente. Los dos últimos destacan notablemente, dado que son los días religiosos por excelencia de las religiones judía y católica: sábado, día de celebración de la sabbath (reposo) judía y domingo, el día en que el Señor creó la luz, metáfora de la entonces futura resurección de Cristo. Hasta nuestros días, los nombres originales han evolucionado etimológicamente; en el caso del sábado, como es obvio, sustituyó al Dies Saturni (día de Saturno), y lo mismo sucedió con el domingo, desapareciendo el Dies Solis (día del Sol).


Con respecto a los meses, tradicionalmente existían diez; por ese motivo, septiembre, octubre, noviembre y diciembre comienzan con las raíces equivalentes a siete, ocho, nueve y diez, respectivamente. El año romano abría con marzo, cuyo nombre proviene del dios bélico Marte; a éste lo seguía abril, cuyo origen etimológico es más complicado: si bien se cree que podría proceder del verbo aperire (abrir), al ser la época en que se abren las flores, también se le ha relacionado con Afrodita. Mayo recibe su nombre de la Bona Dea Maia, cuyo festival se realizaba en este mes, mientras que junio también parece tener múltiples orígenes, siendo lo más probable que proceda de la diosa Juno. Los dos meses restantes serían Quintilis y Sextilis: el primero acabó recibiendo el nombre de julio en honor a Julio César (imagen 1), que cumplía años en ese mismo mes, y el segundo fue renombrado agosto por Octavio Augusto (imagen 2), que, celoso de Julio César, no sólo se limitó a cambiar el nombre del mes, sino que reestructuró el resto de meses para que su mes también tuviera 31 días (antes tenía solo 29), circunstancia que se ha conservado hasta nuestros días para gran sorpresa nuestra. Posteriormente, se añadirían los dos meses iniciales actuales: Ianuarius, el mes de Jano, dios de dos caras que guardaba las puertas, y Februarius, dedicado al festival purificador llamado Februa. De este modo, el resto de meses cambió de posición y los nombres de los cuatro últimos dejaron de tener sentido, como aún sucede en la actualidad.

¡Gracias, Mª Carmen!

FUENTE COMPLEMENTARIA: WIKIPEDIA

Tolerancia

Una palabra preciosa que oímos a diario en esta sociedad, tanto de boca de políticos como de periodistas y otros personajes públicos. Craso error. ¿Por qué? Os lo diré:

Consultando, cómo no, el DRAE, tolerar aparece como sinónimo de aguantar, soportar. Dice la primera acepción "Sufrir, llevar con paciencia" y la segunda "Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente". Si bien la cuarta acepción alude a la tolerancia que todos conocemos mejor, no me parece correcto que se use la misma palabra, dado que nadie exige tolerancia propiamente dicha, sino auténtico respeto. Esperemos que, en la práctica, la tolerancia sea algo más que soportar a los demás, que exista ese respeto que a todo ser humano se le debe.

¡Gracias, Mª Nieves!
17 feb 2011 | Por: Nacho

Eñe

Indudablemente, la letra más española, pues no existe en ningún otro idioma (aunque esta afirmación no sea del todo cierta, ya que los ingleses usan la palabra jalapeño, por ejemplo). Y su origen, cómo no, se encuentra en la época de dominación romana, cuando toda Hispania fue latinizada:

Entre sus innumerables aportaciones, los italos nos trajeron su fantástica lengua, que incluía diversos grupos consonánticos que evolucionarían hasta nuestra actual eñe (algunos incluso se conservan en algunas lenguas y dialectos hoy en día): –gn (lignum>leño), –mn (autumnum>otoño), –ni (Hispaniam>España)... Pero, sin duda, la agrupación más común era –nn (annus>año). Por ello, con el paso del tiempo, las dos enes se irían escribiendo cada vez más juntas hasta acabar una encima de la otra (para que así no fueran confundidas con una «m»), dando lugar a la ene con virgulilla o, en términos llanos, nuestra eñe.

¡Gracias, Raquel!

FUENTE COMPLEMENTARIA: TSCHICHOLD, J. El abecé de la buena tipografía, Ed. Campgràfic. Alemania, 1960

Estar en la gloria

Magnífica expresión muy usaba aún hoy en día. Y para descubrir su origen hemos de remontarnos a la Antigüedad griega:

En la Antigua Grecia, las casas o domus, a las que se accedía atravesando las fauces (puertas, por similitud), solían tener una sola planta con diversas habitaciones. Una de estas dependencias, obviamente, era la cocina, donde se encontraba un gran brasero que hacía las funciones de horno y caldera: la gloria. Por tanto, en invierno, la mejor habitación del hogar –palabra etimológicamente relacionada con el fuego– era la cocina, y por eso decimos en la actualidad eso de "estar en la gloria".

¡Gracias, Mª Carmen!

Higiene en los siglos XV y XVI

Insalubres condiciones higiénicas las de aquellos tiempos, todos lo sabemos. Pero, ¿hasta qué punto? He recibido un interesantísimo e-mail que habla sobre ello y me he sentido inspirado, así que os contaré algunas de las cosas que ponen y otras de cosecha propia:

En primer lugar, por todos es bien conocido el grito aquel de "¡Agua va!" cuando se echaban a la calle los, por decirlo fino, restos de micciones y defecaciones. De ahí el uso posterior de aquellas capas largas y sombreros de ala ancha en España, que tanto favorecían la criminalidad (y que serían consecuencia del famoso Motín de Esquilache cuando este marqués decretó el acortamiento de las capas y el doblamiento de los sombreros en tricornios). La razón de esto se encuentra en que ni siquiera las más suntuosas viviendas contaban con aseos propiamente dichos (visitad, por ejemplo, el Palacio de Versalles de París, cuyos esplendorosos jardines solían usarse como baños públicos durante las fiestas). Además, no existían cepillos de dientes, desodorantes, perfumes o papel higiénico. Eso sí, los cosméticos no faltaban ni siquiera entre los hombres; de hecho, era una práctica habitual que las mujeres superpusieran varias capas de maquillaje, dado que no siempre tenían ocasión de lavarse la cara.

Los trajes de la época estaban diseñados para contener el olor de las partes íntimas de quienes los llevaban (he ahí el porqué de aquellos vestidos con cancán que solían llevar las mujeres). Los más afortunados, especialmente los de sangre azul –esto es, los que, a consecuencia de no trabajar en el campo, estaban tan pálidos que sus venas parecían azules a través de la piel (algunas damas incluso se sangraban a propósito con fines estéticos)–, contaban con lacayos que les abanicaban para disipar su mal olor y espantar los insectos que pululaban a su alrededor. También por ese motivo se celebraban las bodas en junio, ya que el primer baño del año se tomaba en mayo para ir aguantando todo el verano. De todos modos, las novias solían llevar un ramo de flores para disimular la peste y toda la ceremonia se llenaba igualmente de flores, incluido el carruaje. Como habréis adivinado, de aquí viene el nacimiento de mayo como el mes de las novias y la tradición del ramo de flores.

Los baños eran tomados en una bañera enorme llena de agua caliente. El padre de familia era el primero en tomarlo; luego, los otros hombres de la casa por orden descendente de edad y después las mujeres, también por edad. Finalmente, iban los niños y los bebés.

Por otra parte, los tejados de las casas no tenían bajo tejado y en las vigas de madera se criaba toda suerte de animales y bichos. Cuando llovía, las goteras forzaban a los animales a bajar, lo que daría origen a la expresión anglosajona "Llueven perros y gatos", equivalente a nuestro "Hace un día de perros".

Los más ricos tenían platos de estaño, fácilmente oxidables por ciertos alimentos, como los ácidos tomates, que fueron considerados tóxicos durante mucho tiempo. El mismo proceso de envenenamiento sucedía en los vasos al contacto con el whisky o la cerveza, haciendo a la gente caer en un estado narcolépsico como consecuencia de la combinación de la propia bebida y el estaño. Por ello, no era extraño encontrar gente inconsciente por las calles, ante lo cual ya se iba preparando el entierro. Mientras tanto, el cuerpo se colocaba sobre la mesa de la cocina durante algunos días y las familias comían en su presencia para ver si volvía en sí o no. De esta costumbre surgiría el velatorio que aún hoy se hace junto al cadáver (del latín caro data vermibus, es decir, carne dada a los gusanos).

Los muertos eran enterrados en pequeños y escasos nichos, pues no había suficiente espacio para todos. Por ese motivo, los ataúdes eran abiertos y se retiraban los huesos a un osario para meter un nuevo cadáver. En ocasiones, al abrir los féretros aparecían marcas de uñas en la tapa, lo que obviamente significaba que el cadáver no había sido enterrado tan muerto como se pensaba. Debido a esto, a alguien se le ocurrió la genialidad de atar un hilo a la muñeca del difunto, pasarlo por un agujero del ataúd y conectarlo a una campanilla sobre la tierra. Si el no tan muerto "revivía", tiraba del hilo y era desenterrado, al sonar la campana, por la persona que solía quedarse junto a la tumba durante los primeros días. ¿Adivináis ahora de dónde viene la expresión "salvado por la campana"?

Picadero

Una palabra que todos sabemos a qué se refiere, como por tácito acuerdo o simplemente de oírla en su contexto. Y lo interesante no es su etimología, sino su significado original. ¡Allá vamos!

Originalmente, los picaderos eran las caballerizas o cuadras, es decir, donde se solía dejar a los caballos. Su actual designación como lugar de encuentros amorosos se debe a que, debido a su amplitud e intimidad, solían ser usadas por los mozos para sus relaciones sexuales, al igual que el pajar (y me ahorraré mis reflexiones sobre la coincidencia entre pajar y paja).

¡Gracias, Víctor!