11 nov. 2010 | Por: Nacho

Napia

Aunque no lo creamos, los vocablos calés han calado hondo en nuestro idioma, valga la cacofonía. Desde molar hasta currar (e incluso debuti/dabuten), el español bebe de esta fuente como de cualquier otra.  Napia, presuntamente, es una de estas voces, pero yo soy de los que siguen la doctrina de otros historiadores, que establecen el origen de esta palabra (curiosamente, no registrada oficialmente) de otro modo:

Una vez más, nos remontamos al aislado Cádiz de 1812. Como ya se dijo en otra entrada, los franceses habían cortado las comunicaciones de la resistencia y el único apoyo de los cercados eran las tropas marítimas inglesas. Precisamente, uno de los altos cargos militares designados a la defensa del territorio era el general Charles J. Napier (imagen). Y claro, como es obvio, la desproporcionada nariz del militar provocó multitud de chascarrillos entre los gaditanos, que tomaron dicho apellido como sustantivo para designar a cualquier nariz de dimensiones extraordinarias. Si es que tiene narices la cosa...

¡Gracias, Miguel Ángel!

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